CULTURA
Para leer y releer: “Aguafuertes porteñas”, de Roberto Arlt
30/12/09 |
Como todo clásico tiene la virtud de trascender el tiempo y ofrecer elementos que nos ayudan a comprender la realidad. En este caso, para confirmar que los argentinos no somos como somos por mera arbitrariedad del destino. Por Mariana M. Fernández
Aguafuertes porteñas
Roberto Arlt
Alrededor del 1900 nacía Roberto Godofredo Christophersen Arlt, uno de los exponentes más destacados de la literatura Argentina. Su mirada crítica de la sociedad y un estilo particular inusual, provocó escozor en muchos de los intelectuales de la época.
Arlt fue un inventor frustrado, periodista y escritor. Dentro del periodismo, destacan sus “retratos” o “crónicas” sociales que escribió para el Diario Crítica y El mundo.
Aguafuertes Porteñas, es el compilado de las columnas diarias-del mismo nombre- que publicó de 1928 a 1935.
En este libro, Roberto Arlt mira a través de los típicos personajes de la ciudad y logra dilucidar la idiosincrasia porteña en la década del cuarenta. De una manera pintoresca y colorida, el hombre común de barrio es retratado en sus miserias y alegrías, conformando así un auténtico fresco de los rincones de la periferia porteña.
El arrabal, escenario preferido de Arlt, es el lugar en donde el espíritu criollo toma vida. La personalidad de sus habitantes imprime en cada barrio sus rasgos característicos, y es a la vez influida por esos mundos de simplezas y detalles. Así, los barrios de Flores, Caballito, Villa Crespo y Floresta son los elegidos para dibujar los perfiles de sus personajes.
Más allá de las grandes y pequeñas diferencias, todos sus personajes se distinguen por un aspecto en particular: la vagancia. Esta característica tan porteña –como argentina- es descripta por el autor en todas sus variantes posibles: el “fiacún”, el “squenun”, “el que se tira a muerto”, el “garronero” y el vagabundo. Rasgos que no discriminan entre ricos y pobres.
Estos rasgos distintivos son el resultado de la fusión de la pereza gauchesca y la vagancia del inmigrante agricultor desocupado. De esta manera, en el “siniestro mirón”, en los “tomadores de sol del Botánico” o en los “padres negreros”, se entremezclan la viveza criolla y una actitud escéptica ante la vida.
Son personajes miserables, que hacen de la holgazanería una filosofía de vida y de la moralidad una forma de hacer valer sus intereses.
“Aguafuertes porteñas” es una obra que trata de mostrar las diferentes facetas de la identidad porteña. Identidad que se presenta difusa como consecuencia del gran aporte inmigratorio.
Es un clásico argentino de lectura obligatoria. Para aquellos que nunca lo leyeron, es una necesidad. Para los que sí, es una buena obra para hojear de nuevo.













