Jueves 17 de mayo de 2012
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CULTURA

Para leer y releer: “Aguafuertes porteñas”, de Roberto Arlt

30/12/09 | Como todo clásico tiene la virtud de trascender el tiempo y  ofrecer elementos que nos ayudan a comprender  la realidad. En este caso, para confirmar que  los argentinos no somos  como somos por mera arbitrariedad del destino. Por Mariana M. Fernández


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Aguafuertes porteñas

Roberto Arlt

Alrededor del 1900 nacía Roberto Godofredo Christophersen Arlt, uno de los exponentes más destacados de la literatura Argentina. Su mirada crítica de la sociedad y un estilo particular inusual, provocó escozor en muchos de los intelectuales de la época.

Arlt fue un  inventor frustrado, periodista y escritor. Dentro del periodismo, destacan sus “retratos” o “crónicas” sociales que escribió para el Diario Crítica y El mundo.

Aguafuertes Porteñas, es el compilado de las columnas diarias-del mismo nombre- que publicó de 1928 a 1935.

En  este  libro, Roberto Arlt mira a través de los  típicos personajes  de la ciudad  y  logra  dilucidar la idiosincrasia  porteña  en  la  década  del  cuarenta. De una manera pintoresca y colorida, el hombre  común de barrio es retratado en sus miserias y alegrías, conformando así un auténtico  fresco de los rincones de la periferia porteña.

El arrabal, escenario preferido de Arlt, es el lugar en donde el espíritu criollo toma vida. La personalidad de sus habitantes imprime en cada barrio sus rasgos característicos, y es a la vez influida por esos mundos de simplezas y detalles. Así, los barrios de Flores, Caballito, Villa Crespo y Floresta son los elegidos para dibujar los perfiles de sus personajes.

Más allá de las grandes y pequeñas diferencias, todos sus personajes se distinguen por un aspecto en particular: la vagancia. Esta característica tan porteña –como argentina- es descripta por el autor en todas sus variantes posibles: el “fiacún”, el “squenun”, “el que se tira a muerto”, el “garronero” y el vagabundo. Rasgos que no discriminan entre ricos y pobres.

Estos rasgos distintivos son el resultado de la fusión de la pereza gauchesca y la vagancia del inmigrante agricultor desocupado. De esta manera, en el “siniestro mirón”, en los “tomadores de sol  del Botánico” o en los “padres negreros”, se entremezclan la viveza criolla y una actitud escéptica ante la vida.

Son personajes miserables, que hacen de la holgazanería una filosofía de vida y de la moralidad una forma  de  hacer  valer sus intereses.

“Aguafuertes  porteñas”  es  una  obra  que  trata  de mostrar   las  diferentes  facetas  de  la  identidad  porteña. Identidad que se presenta  difusa  como consecuencia  del gran  aporte inmigratorio.

Es un clásico argentino de lectura obligatoria. Para aquellos que nunca lo leyeron, es una necesidad. Para los que sí, es una buena obra para hojear de nuevo.