CULTURA
Corriendo en la tormenta
30/04/10 |
En esta ocasión Ale The Rose escribe acerca de los míticos Doors, una banda que “sigue encajando porque, fundamentalmente, no encajaron nunca”.
Siempre hay un punto de inflexión. Algo sucede en determinado momento que hace virar definitivamente el rumbo, a veces para bien, otras para mal, pero que marca el camino a transitar para siempre.
Una noche de agosto de 1966, el 21 para ser más exacto, en el por entonces prestigioso “Whisky a Go Go” en el Sunset Strip de Los Ángeles, tocaba habitualmente una banda de rock nueva que venía presentándose desde hacía unos meses. El cantante no apareció para el primer set que tenían preparado entonces la banda tocó sin él. Ray Manzarek (el tecladista) Robby Krieger (guitarra) y John Densmore (batería) tuvieron que ocuparse de las voces, pero uno de los dueños del Whisky, Phil Tanzini, estaba más que enojado y les gritó en la cara que trajeran al cantante a tiempo para la segunda parte de la noche. No le dieron las piernas a los muchachos y fueron a buscarlo a su departamento porque sabían que ahí lo encontrarían. Y así fue. Jim Morrison estaba ahí, tenía puesto sólo el calzoncillo y estaba en pleno viaje de ácido por alguna desconocida galaxia. Así y todo lograron llevarlo al “Whisky” a tiempo para el segundo set. “Jim estaba un poco volado por las drogas, pero entero”, recuerda Manzarek. La banda? The Doors.
Cuando termina el tercer tema, Morrison se da vuelta y le dice a Ray: “Toquemos The End”. El tecladista lo mira como quien mira a su hijo y le dice: “Jim, vamos recién por el tercer tema”. A esa altura estaban presentando la obra dramática “The End”, primer tema épico, por la duración que tenía, con el que generalmente cerraban los recitales. De todos modos aceptaron la propuesta y empezaron a tocar la canción. Hay una parte en la que Jim hace una pequeña improvisación y en ese momento extendió la mano para calmar a los compañeros que ya lo miraban como preguntándose para donde iba la mano. Y en ese momento la historia de la banda se topa con el punto de inflexión que les comentaba. La luz muy suave, olor a distintas sustancias flotaban incansables, el público meciéndose al compás de la suave base rítmica cuando Morrison dice: “El asesino se despertó antes del amanecer. Se puso las botas”. En ese momento, uno por uno, todos se detuvieron para mirarlo. Jim en trance siguió: “Padre”, “Sí, hijo” “Quiero matarte”. En ese momento Ray agachó la cabeza como sospechando lo que se venía y rogando “por favor, no lo hagas”.
Por supuesto que Morrison lo hizo. Cuando gritó con su estilo irrepetible: “Madre, te quiero coger”, la banda, que había acompañado suavemente su recitado, entró en acción a lo loco. John Densmore golpeaba la batería furiosamente, Ray digitaba el órgano de arriba a abajo, Robby Krieger hacía gritar a su guitarra como un hada que anuncia la muerte y ahí se desató el infierno. La gente empezó a bailar y a saltar como loca. Todos entraron en una locura desenfrenada. Era una locura griega. Edipo Rey había sido exorcizado ahí mismo, en el Sunset Strip, punto de inflexión en la carrera de The Doors.
Muchos se preguntarán: por qué punto de inflexión? En ese show estaba presente en el boliche el presidente de Electra Records, como ya lo había hecho unas noches antes y quedó deslumbrado y, paralelamente, los dueños del Whisky a Go Go los echaron a los gritos. The Doors firmó con Electra y comenzó una relación significante entre la banda, su productor J. Rotchild y el ingeniero de sonido Bruce Botnick. Para enero de 1967 sacan el primer disco llamado “The Doors” con el inconfundible y pegadizo “Light my fire” y la gloriosa “The End”. Este disco los puso junto a Jefferson Airplane como los mejores grupos estadounidenses de 1967. Después, hasta 1971, hicieron 5 discos más, variando un poco la rebeldía inicial pero con momentos gloriosos en todos ellos.
Creo que los Doors siguen encajando porque, fundamentalmente, no encajaron nunca. Para empezar no tenían bajista. Muchas veces la música no tenía nada que ver con la letra. El teclado lo unificaba todo. La mayoría de las bandas, si el tecladista se rompe un dedo o simplemente falta, puede seguir adelante con el recital. Los Doors en cambio, no. Robbie Krieger tocaba cosas muy raras en la guitarra si se lo compara con Jimmy Page o Clapton. Pero todo eso combinado le daba forma a algo único, mágico y hechizante. Y esa voz de Morrison era una laguna hermosa en la que uno podría ahogarse encantado. Todo lo que cantaba pasaba a tener la misma profundidad que él. Siempre me pareció que los Doors fueron la primera banda punk, incluso más que los Ramones. No porque su música se pareciera al punk, pero Morrison superaba a todos en rebeldía y en no someterse a las reglas de nadie.
Se diría que fue ayer cuando lo encontraron muerto en París con sólo 27 años, seis años menos que Jesucristo cuando lo crucificaron. Claro que Jesús, hasta donde se sabe, no se drogaba, a diferencia de Morrison, Hendrix, Janis, Cobain y no quiero seguir con la lista de estos monstruos muertos casi a la misma edad y a principios de los ’70 (salvo el rubio) cuando nadie se cuestionaba si la droga nuestra de cada día era sostenible. El cuerpo de Jim Morrison está enterrado en el cementerio Père-Lachaise, junto a la tumba del gran Oscar Wilde, Edith Piaf y Frédéric Chopin. Y su tumba se convirtió en un mito de piedra de la cultura pop. Millones de turistas aparecen ahí a admirarla como si fuera una obra maestra del Louvre. Sin embargo ahí yace el cuerpo de quien por estos días es un corredor más en las tormentas eternas.
Ale The Rose













