OPINIÓN
“La angustia, tapada por las cenizas”
2/11/11 |
El Lic. Juan Cruz Cúneo, de la red de Ayuda Psicológica Humanitaria, estuvo en La Angostura en una misión humanitaria. Aquí, un artículo donde analiza la situación. Destacó la labor de la Red de Psicólogos de la localidad.
Octubre de 2011
La angustia se siente, se respira en el aire, pero pocos hablan de ella. Pareciera estar tapada por las cenizas y cada tanto se levanta. En los días de sol, el aire se respira y la emoción alcanza. Cuando todo se vuelve a poner gris, la desilusión arrasa y las esperanzas se quiebran.
Estar en Villa La Angostura es la única manera de entender qué es lo que les pasa. La única manera de pasar por la misma experiencia que ellos tienen todos los días. Desde afuera no se alcanza a dimensionar el daño, la ruptura de esa vida cotidiana que tenían; lo que sucede cada vez que se produce un desastre natural. El quiebre de la vida cotidiana, la perdida de los puntos de referencia (que van desde el paisaje de todos los días hasta los horarios y el tiempo) y la aparición de una incertidumbre que no cesa de preguntar “¿hasta cuándo va a durar esto?”. Y los miedos, que olfatean todo el tiempo, a un futuro incierto y plagado de preguntas.
Compartí con ellos sus relatos, sus hogares donde las ventanas están selladas para que no entre la invasora ceniza. Conversé con ellos sobre el cambio en sus vidas y se podían ver diversidad de enfoques, las diferentes posiciones de cada uno con respecto al volcán, con respecto a la Villa, con respecto al futuro. Y un factor en común: la angustia. También se podía ver el enojo que asoma, ciertas reacciones a la defensiva y una intolerancia que ellos mismos descubrían con el correr de la charla. El espectro fue amplio, desde habitantes originales de La Angostura hasta los profesionales de la psicología que están viviendo y atendiendo allí, representantes de la comunidad y referentes dentro del hospital y otros lugares cruciales durante este desastre. Muchas sensaciones en común, muchas diferencias que se notan.
Lo traumático se respira. Más allá de haber negación de parte de algunos, más allá del dolor por parte de muchos, entre tantas broncas y frustraciones, el trauma muestra su peor cara. Ellos lamentan lo perdido. Ellos sufren lo que ya no es igual. Y la “aparente” perpetuidad de un volcán que ha dejado su marca imborrable en el paisaje y en las mentes. Porque esto que sucede marca un antes y un después para todos. Y las heridas que todavía sangran cenizas marcan este “no saber hasta cuando”. La incertidumbre, el desconcierto, el no poder marcar un final del evento para poder comenzar de nuevo, una reconstrucción.
En el medio de todo esto, las elecciones presidenciales y la política. El hombre no deja de ser hombre, ni siquiera en estos momentos. Era extraño sentir que en el medio del desastre las diferencias no se pueden unir. Y se pelean, se critican y se cuestionan con frases muy duras como decir “los cobardes que abandonan la villa” o “los débiles que aún tienen miedo”. Intereses personales que se quieren aprovechar. Miserias humanas que siempre están, por suerte son los menos.
Y algo muy valioso para remarcar, encontrar gente fuerte que la pelea. Encontrar una red de profesionales que da el ejemplo (a nivel nacional) porque enseñan mientras están aprendiendo. Porque son un ejemplo de reacción efectiva frente a la necesidad de su comunidad, de la cual son parte. Quienes sufriendo lo mismo que los demás han salido a formar una red de contención y sostén. De la cual pude aprender mucho. Y en esta misma línea hay muchas personas, particulares, que se hacen escuchar y que también son admirables ejemplos.
Un collage que muestra las consecuencias, en una comunidad, de un desastre natural. El daño psicológico y emocional en sus habitantes.
El día a día se les torna desgastante y devastador. Todos los días limpiando una ceniza que irrumpe cuando quiere e invade por todos lados. Este desgaste es el que los está cansando. Y es donde más debemos ayudarlos. Lo necesitan.
El futuro una gran pregunta. El verano es un punto de quiebre que muchos han planteado. Por la temporada, por el clima, temiendo que el calor levante las cenizas y emerja la angustia que está tapada. Por sus consecuencias.
Las palabras salvan vidas. Por eso estamos con ellos.
*Artículo extraido de la página de la red en Facebook













