Lunes 21 de mayo de 2012
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OPINIÓN

Crónicas de las cenizas (pero con clase)

3/11/11 | Con una mirada irónica y aguda, Marcelo Lemme reseña la extraña conversación que mantuvo con Exequiel Echegoyen del Solar. Cualquier similitud con la realidad es mera coincidencia

Mañana complicada. Suena  el celular.

-Chelo, soy yo, veni a verme que te necesito.

Cada vez que a Exequiel Echegoyen del Solar se le ocurre verme a mi me corre cierto frío por la espalda.

-Mirá Exequiel, estoy laburando. Si voy a verte me pierdo la recaudación de medio día en el local y no están los tiempos para despreciar la guita.

-No te entiendo nada boló,- me contesto, – pero deja todo y venite que es importante.

Y fui.

Lo encontré sentado en la reposera del deck que da al fairway del hoyo 4 con un whisky en una mano, mientras que con la otra sacaba pelotitas de golf de un balde y las arrojaba a las cenizas. –Que haces?  le pregunte asombrado .

–Entrenando, me contestó. Resulta que si no hago este ejercicio Prudencio no las encuentra mas y, viste que ahora con Moreno importar las balls es mas que complicado.

Recién ahí reparé en Prudencio, el peón preferido de Exequiel quien vestido como si estuviera en la estancia de los Del Solar, botas y espuelas incluidas, rastreaba las pelotitas entre las cenizas sudando la gota gorda, mientras esquivaba los mordiscones de Julio Argentino que es el rotweiller mimado de la familia. –

-Esto es inhumano, Exequiel, cortala.

-No te creas Chelo, es un perro fortísimo, pero bueno, terminemos asi vamos a lo nuestro, me contestó mientras le destapaba una Perrier francesa al can. A Prudencio no lo vi mas.

Tengo que encargarte algo importantísimo Marcelo, resulta que tuve una revelación el otro día, y te la quiero contar para que vos me la hagas publicar en el Diario Andino, dado que sos amigo del dueño.

-No mirá estas equivocado, yo no soy amigo del dueño, solo lo conozco de saludarlo y ha tenido algunos gestos de pluralismo intelectual para conmigo y nada más.

-El punto es –me contestó con un gesto  como diciendo a mí que me importa – si te cobra o no te cobra.

-Noooo, casi le grité , como va a cobrar, ni a mí ni a nadie. Tengo el derecho de escribir lo que quiera y el tiene el derecho de publicarlo o no.  Aparte vos has publicado en otros medios, llamalos a ellos.

Juro que en ese momento sentí  lástima….por mí.

Me puso una mano en el hombro, cara de con razón te va como te va, y me dijo : a mi las notas me las cobran. Y sacando a relucir lo que el padre había pagado por los cuatro años en la Bussiness  School de Wharton continuó, – a mí las notas me las cobran pero cuando son para hacer lobby las mando a la cuenta de inversión, en cambio esto es una nota social que me sale del corazón y me la van a mandar a la cuenta de gastos personales y la tengo que poner yo. Y como es un medio periodístico te la hacen en blanco como si pusieras una publicidad y lo último que necesito es seguir pagando impuestos en un país que los usa para darle computadoras a cualquiera que va a la escuela. En mi época ir al Belgrano School era una obligación y si te retobabas te mandaban a los maristas o a un internado en Inglaterra.

Ante la posibilidad no solo de perderme la recaudación de la mañana, sino también la de la tarde, y además quedarme sin almorzar le pedí que  fuéramos redondeando la razón de mi visita.

-Cierto, la revelación – me dijo. Resulta que el otro día me sorprendí con una señora que conduce un programa  en una radio local.

-Recuerdo, le dije. Y también recuerdo que le contestaste y mucho mas recuerdo que tus comentarios no cayeron muy bien en la comunidad.

-No, esa no – me retrucó. Esa ya fue. Te hablo de una locutora que es un ejemplo de la radiofonía, te diría el refrescante desenfado de Elisabeth Vernacci y el rigor de un Mariano Grondona femenino, que aparte es re-creativa y re-divertida, pero fundamentalmente, que es lo mas difícil en estos días, tiene una línea de pensamiento igual a la nuestra. Te juro que ideológicamente le gustaría hasta a mi viejo.

Si, adivinaron. Volví a sentir ese frío incómodo, producido por la posibilidad de que Exequiel me supusiera parte de su línea de pensamiento, pero mas que nada por la imagen mental del octogenario Coronel de Caballería Don Carlos Cristiano del Solar dialogando con una periodista  sobre ciertos temas de actualidad.

-Sabes cómo se llama? -pregunte en un susurro imperceptible y deseando no saber.

-Si. Mariana Fernandez.  Fijate si tiene conciencia ecológica y si está dispuesta a cumplir las condiciones básicas de una campaña, es decir favorable y gratuita.

Lo último que recuerdo es que yo pensaba cuantas botellas de Jack Daniels le habían metido en la cabeza a Exequiel  la peregrina idea de que podría tener algo en común con Mariana, que por otro lado nunca habló en una radio, no es locutora sino periodista y con el agravante de ser la esposa del dueño del diario.

Cuando me repuse, la imagen era propia de La Divina Comedia. Yo, semidesmayado, era reanimado por Prudencio que me arrojaba lo que quedaba del agua del perro, el perro que me mordía el brazo izquierdo y Exequiel que le gritaba al gaucho porque desperdiciaba el agua que le traian de Francia.

El Dr. Panessi me dijo que había sido un pico de presión, que  hiciera un poco  de reposo, y me dio unas píldoras. No me cobró porque a pesar de los Exequiel de la argentina, en este país la salud pública es gratuita. Le agradecí, le firmé un petitorio donde detallaba bastante bien que era mas importante aumentar los sueldos que otorgar subsidios a las escuelas privadas para la enseñanza obligatoria del waterpolo  y me fui a casa sin saber que quiere hacer Del Solar con Mariana Fernandez. Pero estoy seguro que para cuando esté mejor me enteraré. Y casi podría garantizar que esto termina mal.

Antes de dejarme en la parada del colectivo, Exequiel me dijo : Al pedo firmaste, lo del waterpolo tiene media sanción en la legislatura porque estamos poniendo una distribuidora de cloro para piscinas. A ver si algún dia despertás.

Atentamente.

Marcelo Lemme.