ARTE Y CULTURA • OPINIÓN

Acerca de los bienaventurados, los zombis y otras cuestiones

18/05/12 | Cintia Mansilla reflexiona sobre los hacedores de este pueblo y la actualidad social. “Ahora todo es más fácil. Digan lo que digan, ninguno de nosotros va a fundar un mundo, no de esta manera. No obstante, estoy segura, se puede crear. Lo que sea. Y no estar entre los apáticos que no se ensucian las manos con nada ni entre los que se rinden ante el primer obstáculo. Y si la felicidad no está en esto, ¿dónde está?”, dice.

Recuerdo que mientras me preparaba para tomar la comunión e iba –obligada y obligatoriamente- a misa, escuché la frase bíblica “bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos será el reino de los cielos” y me llamó la atención, ya que me parecía una frase contradictoria pero a esa edad no alcanzaba a encontrarle la vuelta de tuerca. Como tantas otras frases que quedan resonando en los oídos, a veces vuelven cuando se encuentran ejemplos que explican mejor el concepto o cuando la experiencia misma te “enseña” el significado cabal de las mismas. Y hoy me volví a acordar de esa frase.

Me considero una persona informada aunque también confieso haber pasado grandes períodos de desinformación e indiferencia. Creo que fueron esos estados de bonanza en el país que coincidieron con la etapa de la juventud, en los inicios de los estudios, cuando las preocupaciones no pueden estar categorizadas a un nivel “nacional”. Ahora soy parte de los adultos jóvenes y hace rato que soy un átomo de la gran masa de preocupados ocupados y de otras categorías y subcategorías con las que la sociedad se ordena.

Digo todo esto porque también podría ser parte de la gran cantidad de zombis jóvenes y zombis adultos que viven en frecuencia automática en cualquiera de los nichos de estupidización que la sociedad también ha creado, con fines diversos pero principalmente con el de mantenernos contentos, divertidos, distraídos, etc., en niveles de conciencia que van desde la “nube de pedos rosados” -que la psicología denomina “yo-sensorio motor”- hasta el de “hablo porque tengo boca” (“yo-conceptual verbal”, que no se condice con exactitud con mi categoría, ya que esta forma del YO implica cierta conceptualización, abstracción… mínimas, que luego se irán complejizando, y la verdad es que muchas personas hablan pero no dicen nada.

Debe ser por eso que está de moda comenzar una frase con la palabra “Nada”, cosa que rompe con las llamadas máximas conversacionales, puesto que es ilógico empezar a hablar con una palabra que justamente cierra la comunicación: Después de la palabra NADA sólo puede venir la nada. Lo lamentable es que se ha popularizado tanto como el “boludo” usado de manera ‘cariñosa’).

Quisiera aclarar que la proliferación de zombis no se relaciona con la educación, ya que también podemos encontrar zombis muy ilustrados, incluso universitarios, pero con un fatal sentido del “deber ser” que es incapaz de cuestionar. En el otro extremo, también está la gente que cuestiona todo, son los primeros en enrolarse en movimientos extremos para poder criticar cómodamente la punta del palo, ya que es más fácil hacerlo bajo una bandera con ideas ya pensadas por otros. De ahí, a volverse fanáticos hay unos milímetros. Es otra forma de zombilandia quizás más peligrosa pues son personas que piensan pero sólo en una dirección: la que aprendieron, la que le enseñaron, en la que se afilió, etc.

Creo que lo más complejo es “no-ser”. No ser ni blanco ni negro, no ser de izquierda ni de derecha, no ser peronista ni radical, no ser zombi ni tan lúcido como pegarse un tiro. Aunque lo más complejo no es tampoco esto, sino vivir en equilibrio entre tantos extremos que se vuelven puntas muy filosas. Cortázar le dedicó su “Rayuela” a estas cuestiones y allí fue su personaje, a coquetearle a la muerte porque no podía dejar de pensar en cómo vivir entre islotes humanos e ideas preconcebidas que nos encajan y nos constriñen hasta asfixiarnos. El personaje no se mata pero se pregunta si se puede vivir una vida consciente, tranquila y feliz sin caer en la banalidad de sobrevivir simplemente. Cortázar vuelve una y otra vez a las artes –que denomina “todas las turas: la literatura, la escultura, la música, etcéteras…”- como respuesta para ser libres y creadores, pero por sobre todo, para poder VIVIR y no arrepentirse en el intento.

Sé que las artes son una de las respuestas posibles, sin embargo, no la única. Todos no podemos ser artistas –no al menos desde el concepto más popularizado de artista-. Pero sí podemos ser creadores. Y aquí encuentro que en los adultos mayores había una filosofía ancestral que se ha ido perdiendo (o que si aparece, está en los libros de autoayuda o en algunos pocos iluminados). Era la filosofía de hacer, de dejar huella –no para ser reconocido ni para que me premien- sino simplemente porque comprometerse le daba sentido a la vida, a la suya y a la de todos. Gente que hablaba poco pero que hacía más. Gente sencilla, los que no aparecen en los libros. Recién ahora comprendo que esos eran los bienaventurados pobres de espíritu que menciona la biblia. Pobres de espíritu porque no tenían soberbia, no se llevaban el mundo por delante.

Eran gente como los que fundaron esta villa. Ninguno se desvelaba en hacer un punto turístico, había mucho por hacer; por eso pudieron crecer, ya que no dependían de los que vinieran porque esos que venían estaban unas horas y se iban. Eran ellos contra las inclemencias del clima, la naturaleza salvaje y todas las carencias de estar lejos de todo. Tal como dijo don José Elgueta Ovando (uno de los primeros): “En esos tiempos nadie decía ‘bueno, a mí me pesa el hacha…’ (…) Era pesado, pero la gente en esta zona le metía nomás, no había problemas para trabajar.”

Ahora todo es más fácil. Digan lo que digan, ninguno de nosotros va a fundar un mundo, no de esta manera. No obstante, estoy segura, se puede crear. Lo que sea. Y no estar entre los apáticos que no se ensucian las manos con nada ni entre los que se rinden ante el primer obstáculo. Y si la felicidad no está en esto, ¿dónde está?

Cintia C. Mansilla

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