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OPINIÓN |
Matar al mensajero
Abandonando el sano silencio en
el que había decidido refugiarse, el ex intendente Hugo Panessi
salió a la “cancha” a pegarle a quien más le
gusta pegar: los periodistas.
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13/12/08-
Sr. Hugo Panessi:
En vez de hacer una nota editorial cargada de argumentación me
voy a limitar a comentar algunos fragmentos de la carta que envió
a la página del colega Yayo de Mendieta, publicada en la edición
de ayer. Si bien no menciona nombres, en algunas partes hace clara referencia
a mi persona (esto es un pueblo y nos conocemos). Sino es así,
igualmente este comentario es válido y lo ratifico.
Si no entendí mal, su crítica a los medios es por
haber difundido el proceso judicial por defraudación contra funcionarios
públicos de su gobierno. Primero, la prensa no fue la
que los denunció; segundo, si hubiera sido así, que en este
país la justicia no condene a un político lamentablemente
es relativo (me basta como ejemplo las absoluciones que logró el
ex presidente Carlos Menem en varias causas en su contra).
Pero antes de continuar, quiero que se tome cinco minutos, un té,
y reflexione sobre un concepto peligroso que maneja: si la prensa
no lo apoya no por eso debe silenciarse, por suerte estamos en democracia
hace 25 años.
Según su amplio conocimiento de la comunicación, ¿cual
debería haber sido la actitud de los medios? Por lo que logro deducir,
la de no difundir el caso ni informar a la opinión pública
del hecho. O sea, "llamarse al silencio". El amigo
Humberto Eco le diría que la omisión conciente de una información
es una mentira.
Le recuerdo, Panessi, que los FUNCIONARIOS PÚBLICOS DEBEN RENDIR
CUENTAS ante el ciudadano que le paga el sueldo. El contribuyente
tiene el derecho de saber si un funcionario esta acusado por defraudación
al erario público.
Siguiendo su línea argumental, si un empleado suyo está
acusado por la justicia de robarle, ¿usted no tiene derecho a enterarse?.
La prensa no denunció ni procesó a los dos funcionarios
que usted ahora defiende (Eduardo Iborquiza y Alejo Simonelli);
fue la Justicia.
Como periodista hice mi trabajo: cuando pude ampliar la información
que proveía la justicia, investigué, documenté y
publiqué. Luego, me limité a seguir las causas en el tiempo.
Usted dice: “Si el expediente judicial del “Mirador
Muriel”, por ejemplo, por algún motivo era movido de escritorio
a escritorio, o simplemente mirado por algún empleado judicial,
era motivo para que en el “gran diario regional” o bien en
un diario digital local, se explayara sobre la noticia. No sea cosa que
la cuestión quede en el olvido…..”.
Le respondo: Por supuesto!, no sea cosa
que la cuestión quede en el olvido, ya sabemos que en este país
muchas veces las causas que “quedan en el olvido” preescriben.
¿Hubiera preferido eso?.
Curiosamente, le molesta que los medios hayan “seguido” los
procesos de funcionarios suyos, pero no de otros como el exintendente
Roberto Cacault.
He “seguido” las causas de todos los funcionarios, entre ellos,
las de Cacault. Nunca lo escuché defenderlo por esto mismo. O acaso
usted se cree JUSTICIA y puede decir quien es culpable o no?
Si el viento sopla a favor los medios sirven; cuando no le favorecen,
son el opio de los pueblos.
Usted dice: "desde el “gran
diario regional”, una periodista local editó una nota, en
la cual “investigación” mediante, todos nos enterábamos
sobre tamaña defraudación al estado, sacando costos irrisorios
sobre el trabajo encomendado para la realización de una cantidad
“x” de carteles, adjuntando presupuestos truchos o previamente
convenidos. El objetivo era muy claro, poner en evidencia o por lo menos
en duda, el mal manejo de los recursos de un gobierno”
Le respondo: si se refiere a mi trabajo
particular como corresponsal del Rio Negro, le comento que no entiendo
de donde sacó que adjunté algún presupuesto trucho
a la causa, porque no trabajo para la justicia, no confecciono las pruebas
ni armo los expedientes.
Todo lo publicado quedó perfectamente demostrado con documentación
y si le queda alguna duda se la ofrezco.
¿Acaso inventé que Eduardo Iborquiza, empleado municipal
y director de Tránsito durante su gestión compró
madera en Bariloche y mandó a cortarla curiosamente en 98 pedazos
de la misma medida que luego resultaron ser los famosos carteles? Usted
cree realmente que hubo un “arreglo” con la maderera de Bariloche
para inventar esa información? Piénselo.
Que el mismo Iborquiza haya pedido presupuestos para la impresión
de los carteles en varias imprentas locales ( testimonios que constan
en el expediente de la justicia) ¿fue un invento mío, un
complot en su contra?
Cuando personalmente le pregunté a Iborquiza - antes de publicar
la primera nota sobre el caso- si tenía conocimiento de los carteles,
si los había confeccionado o hecho alguna gestión para los
mismos, me respondió que no tenía “ni idea”
y que no sabía de que le estaba hablando.
Curiosamente, los 98 carteles que él aseguró desconocer
por completo, los encontró la justicia en el galpón de su
casa cuando realizó un allanamiento. ¿Acaso yo o
la prensa puso los carteles en la casa de Iborquiza?
¿Iborquiza pensaba confeccionar gratis los carteles o simplemente
trató de que la comuna se ahorrara unos pesos? En ese caso, lo
hubiera publicitado, era una muy buena nota.
Todo lo mencionado anteriormente, es un ápice del expediente. ¿Que
parte fue inventada? Si acusa de mentiroso a alguien, demuéstrelo.
Estimo que, si hubiera podido demostrar que alguna información
era falsa, me lo hubiera hecho saber a través de la justicia.
Aprovecho para aclararle, porque tal vez le falta conocimiento sobre como
son los procesos judiciales, que Iborquiza no fue absuelto como Simonelli,
sino que quedó sobreseído por una cuestión técnica.
La fiscalía envió la documentación al Municipio porque
habría entendido que hubo irregularidades en la contratación
de la obra.
En cuanto a Simonelli, el juez entendió que fue un error administrativo
y que no hubo intención por parte del funcionario de estafar a
la comuna. No obstante, quedó probado que certificó el final
de una obra que no se había construido, lo cual es un gravísimo
error cuando lo que está en juego es el patrimonio público.
El día que salió a la luz el caso llamé a Simonelli
para que diera su versión de los hechos, y en esa ocasión
fue la primera vez que el exfuncionario aseguró haber cometido
un “error administrativo”. Jamás le negué la
posibilidad a ninguno de los dos funcionarios sospechados de dar su versión
o defenderse.
No tengo porque pedirle disculpas a Simonelli ni a Iborquiza y menos a
usted por hacer mi trabajo; nunca falté a la verdad, ni desinformé
a la opinión pública, ni tampoco la información publicada
era errónea.
Y por si no leyó los diarios, la noticia de la absolución
de Simonelli así como el caso de Iborquiza tuvo buen despliegue
en el “gran diario regional” (como dice usted) y en este diario
fueron tapa.
Si la opinión pública los condenó,
no es mi culpa. Sería muy ingenuo y soberbio pensar que la prensa
tiene el poder absoluto de moldear a su gusto la opinión de un
pueblo. Sería muy nefasto de su parte pensar que el electorado
que alguna vez lo votó es un puñado de ovejas sin cerebro
ni capacidad de discernimiento.
Y si me permite, le doy un último consejo: no intente
silenciar a los demás, primero recupere usted el sano silencio.
Muy atentamente.
Mariana Muriel Fernández
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