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CULTURA |
Osvaldo Soriano: escritor con
gusto a tango
Fue periodista por esas cosas del destino
y escritor por pura vocación. Polémico, profético
y divertido, fue uno de los retratistas ilustres de esa raza llamada “argentinos”.
Su obra, un ejemplo de la redundancia de la historia.
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25/ 08/08- Muchos escritores necesitan
hacer alarde de los estudios, la cuantiosa lista de libros que adornan
sus bibliotecas y decir dos o tres frases intelectuales para ser tomados
en serio. “El gordo”, como lo llamaban sus amigos, se mofaba
de que recién después de los 20 leyera su primer libro y
de no tener más educación que la impartida por esa cátedra
que dicta la vida.
Claro está, que no siempre la fórmula funciona. Soriano
era un ejemplar extraordinario, fuera de serie. Era capaz de hacer una
crónica completa y detallada de una pelea de boxeo que nunca vio
y de la cual sólo contaba con un par de datos. Amante de los gatos,
la noche, los cafés, hincha fanático de San Lorenzo y una
postura ideológica clara (se definía como de izquierda independiente),
lo convirtieron en uno de los escritores más argentinos y populares
de nuestra literatura.
Y como sólo los grandes lo consiguen, muchas de sus obras son consideradas
casi proféticas. Pero como decía él, “con una
dosis de pesimismo cualquiera adivina el futuro. Hay una contundencia
de lo negro que viene desde el fondo de la historia y atraviesa el tango
y el rock, la literatura y la política”.
Una sombra ya pronto serás (1989) parece escrita hace unos
meses. Pero tal vez no es la profecía la que irrumpe, sino que
es la historia la que se repite. Soriano escribió aquella novela
inspirado en la hecatombe que por esos años azotaba el país:
hombres convertidos en sombras, errantes, sin destino, buscando recuperar
la identidad perdida, la esperanza; un país devastado.
Con un realismo por momentos crudo, por otros como si fuera en un sueño,
“el gordo” logró retratar a los argentinos. El propio
autor nos definía como “ambiciosos, negadores, leales, algo
que es muy argentino como chantas y, pese a todo, talentosos”.
Así, a través de sus novelas, crónicas y cuentos,
pintó casi como un artista renacentista el cuadro complejo de la
geografía humana argentina, desde los más arquetípicos
personajes hasta los más comunes, con la certeza de que detrás
de cada persona hay una historia que merece ser contada. Y gracias a esa
pluralidad de perfiles tan realistas, es inevitable que uno termine encontrándose
en sus historias.
A través del humor irónico -a veces triste- y un estilo
despojado y simple, describía la identidad de un país que
parecería venir cayendo en cámara lenta desde que se tiene
memoria. Defensor grave de lo nuestro diría alguna vez: “Se
ha logrado destruir un país sin destruir al argentino”.
Como periodista-contador de historias, escribía sobre casi todo:
cuestiones sobre escritores y editores, el fútbol –como la
crónica inolvidable donde relata un partido de fútbol entre
Argentina y Australia con Maradona de protagonista-, el pueblo, las corruptelas
de la política, y otros menesteres relacionados a la vida y la
muerte.
Su obra, compuesta por siete novelas y cuatro libros que recopilan relatos,
crónicas de vida, notas y otros textos, es la síntesis perfecta
del Soriano hombre, escritor y periodista.
Fue uno de los representantes de toda una generación, de un tipo
de lucha rara y envidiable en estos tiempos: la lucha por una convicción.
El ejemplo del tipo fiel a sí mismo, ese que sin importar las batallas
que ha perdido, sigue luchando.
Vida
y obra: soriano a contraluz
Consejos para el escritor
incipiente
Por Mariana Muriel Fernández
(N.del R.: El otro día volví
a toparme con un libro de Soriano y me pareció tan actual como
cuando escribí este artículo que publiqué hace varios
años en una revista de Buenos Aires (Diagonal)donde me daba el
gusto de escribir según la “inspiración” y el
humor del momento.
En ese entonces, tal vez por falta de recursos humanos apropiados y una
dosis de irresponsabilidad, la jefa de redacción me delegó
esa sección llamada “cultura”. Seguramente era una
de las secciones menos leídas, y en un momento –con la carga
de frustración típica de esta profesión- creí
que escribía sólo para mis padres. Pero un día, luego
de publicar este artículo, me llegó un mail de un lector:
me decía que gracias a la nota se interesó en Soriano y
se compró un libro, y que le había gustado tanto que ya
había leído tres. Ese fue el día en que comencé
a creer un poco en esta profesión )
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