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POLÍTICA |
"La Puerta de Alcalá"
Me llama poderosamente la atención
que personas consideradas “instruidas y cultas” en nuestra
localidad, afirmen que la industria de la construcción es
generadora del estado de bienestar.La construcción ha sido
siempre un índice de la marcha de la economía y no
otra cosa", escribe Emilio Molla (padre).
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28/09/09-"
Dice la canción popular, “…
ahí está viendo pasar el tiempo: La Puerta de Alcalá”.
Si la canción se hizo tan popular –pienso- es posible
que se deba a que toda ciudad, toda villa, toda comunidad en definitiva
tiene su puerta de Alcalá. La nuestra parece ser la para
mí controvertida imagen de Exequiel Bustillo y la historia
que investigadores sin mérito nos han inculcado sin derecho
a apelación.
En efecto, ya en su “El despertar de Bariloche”, Bustillo
nos relata sus afanes por dar a conocer nuestros paisajes y atraer
“inversores” decididos a efectuar obras que dieran
marco a tan formidables bellezas; y en cierta medida
lo logró en Llao-Llao, Catedral y otras obras que le dan
mérito a él y otros, aunque todas ellas con un único
propósito: la visita del turista, es decir, a una única
actividad económica.
Siendo nuestro prócer regional un “petit maêtre”
de la aristocracia porteña no se podía esperar
otra política económica más ajustada a los
intereses de una oligarquía que llevara a cabo una conquista
del desierto de “apropiación”, y no de “colonización”
como la que aconteciera durante el siglo XIX en el oeste de los
Estados Unidos de Norteamérica, según el concepto
de José Pablo Feinmann que comparto. (El lector no debe
olvidar que el modelo de Bustillo fue impuesto después
del golpe de estado de Uriburu en el año treinta del siglo
pasado).
Hasta que se produjera una segunda oleada
de inmigrantes ya muy entrado el siglo veinte, esta concepción
de Bustillo que no se puede negar dio como resultado una región
de pobladores estables o permanentes que sobrevivía a duras
penas el invierno y de “los ricos” que nos honraban
con su presencia durante la temporada estival, hecho
que generaba cierta actividad económica, fundamentalmente
en el área de servicios.
Aquel primer esbozo de economía
en expansión que planteara antes del fallo arbitral
de su Majestad Británica el almacén “La Alemana”,
que exportaba bienes a Chile con el barquito
“Cóndor”, quedó desestimada
definitivamente dando lugar a nuestra más conocida economía
regional orientada con exclusividad a satisfacer las necesidades
de este único demandante: “el rico”.
Sentó sus bases desde entonces lo que denominaría
al momento de mi llegada al lugar “la cultura del parque”.
Esta carta no se permite ser otra cosa que una carta de lectores,
por lo tanto no voy a pretender hacer aquí una historia
crítica de la economía política de nuestra
región de los lagos del sur.
Sí diré que cuando visité
por vez primera nuestro pueblo en el verano de 1976, lo hice para
colaborar en el proyecto de una ruta de acceso. No se
trataba aquella de una ruta que diera acceso a la extracción
de algún recurso o a un valle fértil, mucho menos
a una central eléctrica que sirviese de base al desarrollo
orientado a mejorar en forma integral la situación de la
población estable: esta ruta de acceso conectaba una ruta
nacional complementaria –la “F”, hoy 231- con
un proyectado centro de deportes invernales dentro de la jurisdicción
de la Administración de Parques Nacionales, que remedaba
a Catedral, o cuando menos a Chapelco.
Detrás de dicho propósito se insinuaba una
vez más el espectro de nuestra “Puerta de Alcalá”,
aunque ya no se encontrara entre nosotros la joven condesa
de Sangro ni el espigado prócer. (Treinta años después,
aquel centro de deportes invernales no ha logrado atenuar nuestras
miserias).
Me llama poderosamente la atención que personas
consideradas “instruidas y cultas” en nuestra localidad,
que visten a diario prolijo saco y corbata, afirmen que la industria
de la construcción es generadora del tan codiciado estado
de bienestar.
La construcción –también
actividad regional permitida en el modelo Bustillo con restricciones
según quien la emprendiese- ha sido siempre, aún
antes de alcanzar mi uso de razón, un índice de
la marcha de la economía y no otra cosa (cuando las cosas
marchan bien se construye más, y en sentido inverso cuando
la economía no genera riqueza se construye menos).
A nuestra región no le bastó con
el suicidio de Primo Capraro y, para no ir tan lejos, solo agregaré
que una buena muestra de que la construcción no es propulsora
del estado de bienestar citaré como ejemplo la presencia
de las extensas barriadas pobres de Bariloche, localidad sujeta
a un elevado índice de crecimiento de la construcción
durante muchos y continuos años (no cito a nuestro barrio
Mallín por considerarlo una extensión de aquellos
de la vecina localidad).
Sin embargo, con frecuencia se afirma que
la construcción es una de dos únicas posibles actividades
económicas en la localidad, a saber: la prestación
de servicios al turismo y la construcción, que
pomposamente pretenden algunos llamar industria, cuando en la
localidad no existe ninguna industria afín, excepto alguna
pequeña empresa elaboradora de aberturas ó fraccionadora
y distribuidora de otros insumos.
Para avanzar en su desarrollo Villa La Angostura debe
olvidar el esquema Bustillo para buscar nuevas formas de actividad
económica, genuinas, orientadas al estado de bienestar
de todos sus pobladores y no al pequeño grupo de pícaros
bandidos que se han enriquecido en diferentes épocas durante
diferentes coyunturas que se fueron dando en nuestra historia.
Esta nueva situación económica
que soportamos no debe servir a los propósitos de un pequeño
grupo de oportunistas que pretende adquirir derechos que en tiempos
normales les son negados. Debe servir sí, a aguzar nuestra
imaginación liberando al mismo tiempo nuestra
mente de viejos esquemas. Pícaros somos todos debido a
nuestro propio instinto de supervivencia; sin embargo, no se nos
está permitido procurar satisfacer nuestra ambición
personal de cualquier manera, invocando teorías engañosas
ya perimidas, buscando la complicidad de autoridades de aplicación
sin que importe el número de personas o instituciones a
las que se incluya o se desee excluir, porque esto es conducente
al cohecho y la conspiración para el fraude.
Detente, pluma, no quieras que abandone sus armas el idiota!
Gracias por el espacio.
Emilio Ramón Pedro Molla (padre)"
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