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OPINIÓN |
UNASUR: ¿unión o desunión sudamericana?
Lo que dejó la cumbre
realizada día atrás en Bariloche. “América
Latina continúa reeditando problemas. Nuestro "progreso"
va de la mano con la discusión de los mismos conflictos,
una y otra vez”. Por el politólogo Miguel Angel Rizza.
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30/09/09- A
propósito de la Cumbre Extraordinaria de la UNASUR, convocada
a los fines de discutir el tema urticante del acuerdo entre los
Estados Unidos y Colombia, por las facilidades que la nación
andina le otorgaría a los EE.UU. en siete de sus bases
para combatir el narcotráfico y el terrorismo.
Siete horas de debate terminaron
sin una condena expresa a esa decisión (que era lo esperado
por muchos) aunque sí se pidieron garantías de la
no violación de la soberanía y de la integridad
territorial de los países del subcontinente, y
asimismo se decidió instruir al Consejo Sudamericano de
Defensa para analizar los documentos emanados de los Estados Unidos
que delinean su estrategia militar para la región.
Cabe destacar, como datos laterales al motivo de la convocatoria
pero relevantes en cuanto a la actualidad de nuestros problemas,
el apoyo recibido en cuanto a los reclamos soberanos de nuestro
país sobre las Islas Malvinas e islas del Atlántico
Sur por parte de los pueblos hermanos del Uruguay y Chile, y lo
vergonzoso de los gastos militares en la región,
situación planteada por el presidente peruano, Alan García,
quien acertadamente señaló que el año
pasado se gastaron 38.000 millones de dólares,
cifra que hubiera solucionado los problemas de cientos de millones
de familias latinoamericanas.
Diversas lecturas pueden hacerse de los resultados de esta reunión:
la del “vaso medio vacío” entendería
que se trata de una victoria colombiana, al no haber un rechazo
regional a sus políticas de alineamiento acrítico
con los Estados Unidos en la materia, permitiendo que su territorio
se convierta en una cuña en los procesos de integración
y diálogo político de la región; la del “vaso
medio lleno” entendería que lo que debe destacarse
de esta reunión es el hecho de que la sangre no ha llegado
al río, y que los roles apaciguadores ejercidos por Argentina
y Brasil impidieron que el diálogo fracasara y la reunión
“volara por los aires”, como expresó la presidente
argentina Cristina Fernández.
Sea cual fuere la conclusión, cabe señalar algunos
datos insoslayables: el acuerdo entre los EE.UU. y Colombia
sigue sin darse a conocer, lo cual se presenta como una “impensada”
revitalización de la “diplomacia secreta”,
condenada por el presidente Wilson en primer lugar dentro de sus
Catorce Puntos en 1918. Dicho acuerdo no ayuda a bajar el tono
de los problemas que aún quedan pendientes en la subregión
andina, tras la intervención armada colombiana en territorio
del Ecuador.
Suena como a redundante reclamar
que los Estados Parte de la UNASUR manifiesten que van a respetar
el derecho internacional en sus institutos más elementales
(léase, respeto al principio de Igualdad Soberana y el
de Integridad Territorial), a cumplir aquello que ya les
era obligatorio, pero a veces lo que parecería
innecesario se torna la única alternativa (recordemos que
Colombia ha denunciado a Venezuela ante la OEA por interferir
en sus asuntos domésticos antes las declaraciones que Caracas
hizo por el acuerdo con Estados Unidos).
América Latina continúa reeditando problemas.
Nuestro "progreso" va de la mano con la discusión
de los mismos conflictos, una y otra vez. Lo que puede destacarse
es que los canales de discusión difieren a los que teníamos
a fines del siglo XIX, cuando los primeros mecanismos
panamericanos daban sus pasos iniciales. Podemos sentarnos a hablar
en el mismo idioma, y es un idioma de palabras y acciones, no
un idioma de onomatopeyas.
Quizás lo único que nos queda
por rescatar como relevante es que exista la UNASUR, y tengamos
una mesa de diálogo propicia a las situaciones de tensión
que se generen, bajando los decibeles antes de que se tornen inmanejables.
Los resultados (buenos o malos) son responsabilidad de
los Estados, no del ámbito en el cual los problemas se
ventilan. Ya no es una cuestión de ver el vaso medio lleno
o medio vacío, sino (como dijo una vez el inolvidable Fontanarrosa)
“al menos ver el vaso”.
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