EDITORIAL |
Punto de Partida
Si yo dijese: “el lobo se come a la abuela y a caperucita, no sin
antes violarlas”. Si además agregara que el cuento termina
así y que jamás llegará ninguna apuesto cazador a
rescatarlas, lo más probable es que la mayoría piense que
se trata de una “amarillenta” versión de la historia.
Lo cierto es que en el cuento original de
Charles Perrault, así suceden los hechos.
Sin embargo, a la largo de los años, la historia se ha ido modificando
hasta convertirse en el tradicional cuanto infantil que todos conocemos.
Lo que entendemos hoy por la “verdadera
historia”, no es más que un enunciado verosímil y
contingente. O sea, que se parece a la verdad.
Algo similar ocurre con las noticias. Pero el problema aquí es
que los medios convierten enunciados contingentes y verosímiles
en noticias, teñidos siempre, por la subjetividad del narrador
y en mayor o menor medida, por los intereses del medio. Lo que se publica
es tomado muchas veces como la verdad, porque los medios, guste o no,
legitiman el mensaje.
El periodista trabaja para empresas que comparten,
en distinto grado, el poder que representa disponer de información
y de los medios para difundirla o retenerla.
En ese contexto el periodismo se convierte en un negocio que requiere
capitales, y por lo tanto, beneficios. Se suma un problema mayúsculo
cuando esos beneficios derivan de negocios paralelos solo posibles por
la posesión y el control de la información.
Pese a esto y en un coyuntura en donde cada
vez se desconfía mas de todo y de todos, los que hacemos
Diario Andino creemos que vale la
pena hacer el esfuerzo y apostamos a convertir este proyecto en un instrumento
de comunicación y no un fin en sí mismo. Para eso ponemos
en función del lector diversos canales de participación
como el foro de discusión, carta de lectores, galería de
imágenes, y en breve, el comentario de las notas y encuesta.
Entendiendo que la voluntad de pensar como
uno desea y de pronunciarse como uno piensa son pilares indispensables
para el descubrimiento y la difusión de los hechos, intentaremos-
en la medida de nuestras posibilidades- de garantizar la libertad de cada
individuo para expresarse y el derecho de la sociedad de estar informado.
A eso apuntamos, porque creemos firmemente
que la verdad se enaltece más con los errores de quien piensa por
sí mismo, que con las opiniones verídicas de aquellos que
las sostienen únicamente porque no se toman la molestia de pensar.
P/D: agradecemos a todas aquellas personas
que confiaron en nosotros y nos alentaron a encarar este proyecto. Muy
especialmente a Yayo de Mendieta: gracias por tu apoyo y por surcar el
camino que ahora nosotros transitamos.
Mariana M. Fernández
Gonzalo Regis
|