ARCHIVOS DEL SUR

Historias de vida y la historia regional: María Isabel Catalanes (2da.parte)

En esta segunda entrega, cómo fue la llegada de los Cárdenas a la localidad, el vínculo con Ignacio Antriao y la vida en la pequeña e incipiente aldea de montaña.
Historias de vida y la historia regional: María Isabel Catalanes (2da.parte)
María Isabel Catalanes con sus hijas, 1937. Colección Cárdenas.
19/07/2020

Las memorias de doña María Isabel Catalanes narradas por sus nietos Miguel e Ysabel Cárdenas nos permiten comprender las duras condiciones de vida de los pobladores de la antigua Colonia Agrícola Pastoril Nahuel Huapi creada en 1902 en el segundo gobierno de Roca. 

El paradigma de colonización de estas tierras rápidamente cae en el olvido y es en 1907 cuando se crean las bases definitivas para la reorientación del proyecto de poblamiento hacia un modelo de conservación siendo el presidente Figueroa Alcorta el que reabsorbe para el patrimonio estatal la mayoría de los lotes pastoriles que fueron entregados a pobladores pero que nunca fueron realmente colonizados. Al decir de la Asociación de Amigos de los Parques Nacionales: “…la fracción de terreno (3 leguas donadas por el Perito Moreno) con una superficie original de 7.500 hectáreas, fue ampliada a 43.000 hectáreas por Decreto del Poder Ejecutivo Nacional del 17 de enero de 1907, suscripto por el Presidente José Figueroa Alcorta. Posteriormente, durante el Gobierno del Presidente Hipólito Irigoyen, por decreto del 8 de abril de 1922, se dispuso ampliar hasta alcanzar la superficie de 785.000 hectáreas, la primitiva fracción dedicada por el Perito Francisco P. Moreno, creándose el Parque Nacional del Sud, denominado más tarde Parque Nacional Nahuel Huapi (1934), encomendándose su vigilancia y atención al Ingeniero Frey…”

Este cambio radical en el proyecto de poblamiento pasó en pocos años del estímulo a otro proyecto (nunca reconocido) de expulsión de pobladores tanto mapuche como criollos e incluso colonos extranjeros que estuvieran por fuera de las grandes estancias que se crean después de la Conquista del Desierto en la zona de Los Lagos.

Son varias las políticas expulsoras de población entre ellas: la restricción del uso de la tierra, la reducción drástica del número de animales (hay varios casos que solo se le aprobaban dos vacunos por año), el cobro del pastaje para pobladores que no sabían cómo conseguir dinero para pagarlo todos los años, la instrumentación del PPOP (Permiso Precario de Ocupación y Pastaje) con innumerables trabas que si no eran cumplidas a rajatabla eran siempre amenazados de desalojo y desarraigo. La actuación disciplinadora de la policía territorial (con innumerables casos de tortura de pobladores en especial mapuche) y luego  el cuerpo de guardaparques (con honradas excepciones) sirvieron para mantener a la población bajo una sensación permanente de abandonar todo lo construido con el esfuerzo de años de trabajo familiar y comunitario en solo 48hs como ordenaba la norma. Si a esto le sumamos el largo invierno helado de seis meses, con nieve que recién se derretía en septiembre, estamos convencidos que los llamados nativos, primeros pobladores o incluso pioneros crearon las bases y porque no decirlo, heroicas de lo que hoy es Villa La Angostura.

Una vez más nuestro mayor reconocimiento a ellos y en este caso a doña María Isabel Catalanes, una de las mujeres más queridas de nuestra región.

Gerardo Ghioldi – Archivos del Sur

Colección Museo Histórico Regional de Villa La Angostura


Entrevista a Miguel Cárdenas con aportes de Ysabel Cárdenas

¿Cómo fue que llegaron los Cárdenas a Villa La Angostura?

El abuelo Juan (Cárdenas Torres) había cruzado de Chile hacia Argentina desde la isla de Chiloé, antes lo hacían caminando. Él con su hermano Pedro (Cárdenas Torres) se establecieron en Angostura, y posteriormente don José Elgueta y el resto de la familia Cárdenas. Refería también a otro familiar que llegó a la zona, José Rafael Cárdenas, presumimos que era primo del abuelo Juan y Pedro, también oriundo de Chiloé. Fueron los primeros en venir,  consiguieron trabajo en la zona,  especialmente en la península Quetrihue. Ahí se conocen, se casan... luego el abuelo pretende volver a Chile, para eso mi abuela vende el lote en Bariloche, sigue a su marido, se van por el paso Pérez Rosales hacia Puerto Montt. Mi abuela llevaba el dinero, en aquél tiempo nuestra moneda poseía un valor superior  en relación a la plata chilena.

Ella como ve que es mucho dinero deposita parte en un banco en Puerto Montt y se van a la isla de Queilen (Chiloé) terruño del abuelo, con la sorpresa que si acá había poco, allá había mucho menos. La abuela recordaba que había gente descalza, mucha pobreza, la vida en Chile  era mucho más difícil que acá. Estuvieron un tiempo y nace la segunda hija que es Irma que está casada con don Hugo Pino, cuando la abuela observa que pasado ese tiempo no pueden con el sustento familiar y se consumían los ahorros, deciden regresar…

Retornan y no tienen un lugar donde vivir, entonces el cacique Ignacio Antriao le da permiso para que construyan su casa en el lote donde hoy vive la familia Pino que es en el barrio Peumayen. Allí  comienzan hacerse su casilla muy humilde con esfuerzo y se van los ahorros que tenían. El abuelo consigue trabajo y se va a la Península de Quetrihue, ella se queda en la casa con las dos hijitas, posteriormente nacen dos hijitos varones más, en general todas las familias tradicionales eran numerosas… El lugar de asentamiento con vegetación abundante…“muy tupido decía”…mucho sotobosque, muy duro, hubo que hacer manualmente el trabajo de limpieza. Si el hombre salía a trabajar era la mujer la que lo hacía, ahí la abuela limpió el lugar para construir su casilla. En aquél tiempo ya la familia criaba a cuatro hijitos: Margarita; Irma; Arturo y Bernardo, en ese orden.



María Catalanes/Juan Cárdenas y su hija Margarita. Puerto Montt.

¿Contanos sobre don Pino?

Don Hugo Pino fue policía, no solo prestó servicios en la zona, también lo hizo en la ciudad de Neuquén, la zona del petróleo, Cultral Có, Plaza Huincul, Zapala. Te aclaro que los padres  del marido de tía Irma,  se llamaban  Felisa del Carmen Pulgar y Juan José Pino, este señor también fue funcionario policial, prestando servicio en la zona anteriormente, que lo hizo hasta el año 1943, año en que Gendarmería Territorial se hace cargo del control y custodia de esta parte del aún Territorio Nacional del Neuquén.  

Contanos un poco más cómo fue que Ignacio Antriao les permitió establecerse en el lote 9.

La tierra donde se establecieron no tenía división o mensura, había que limpiar el lugar y los alrededores. El agua para el consumo se debía extraer de un pozo, tanto para el consumo como para los animales y la huerta (quinta) como decimos, la poca entrada de dinero no alcanzaba para cubrir todos los gastos...Se iluminaban con grasa, el kerosene no se conocía aún, todo era a base de algún tipo de combustión, grasa que sacaban de los animales, así se iluminaban, era muy escasa y de pocas horas. Calefaccionaban su casita con leña, todo era manual y artesanal, que insumían muchas horas de trabajo, se hacía con hacha, a veces con trozadora (sierras manuales), que se trabajaba entre dos personas para cortar los rollizos, postes para cerco de revellín o palo a pique (como lo llamaban). El sustentarse en aquellos tiempos, desafío difícil y complejo. Las pocas familias asentadas, subsistían con  animalitos de granja, tenían que cultivar la tierra, no por hobby, era por necesidad, aves de corral, los que podían tenían vacas, ovejas y caballos para movilizarse, cerdos, los patos, gansos, gallinas, pavos y se complementaba con frutales de estación, manzanos, perales, guindas, cerezas, frambuesas, frutillas, grosellas, era una vida distinta…

María Isabel Catalanes y su hijo Bernardo (1958 aprox)

¡Además tenían un conocimiento ancestral del cultivo y la cría de animales!

Seguro, primero, el campo cuando lo limpias te decía, no hace falta abonarlo ni mucho menos porque la tierra esta virgen y con nutrientes, ellos sembraban todos los bulbos, papas, nabos, remolachas y usaban bueyes con arados que los hacían de las propias maderas, de ciprés o maitén, una madera dura, pero que en definitiva permitía abrir la tierra y sacar el pasto y raíces, limpiarlo y luego sembrar, no era necesario enriquecer o  abonar lo trabajado, no existían abonos químicos o algo similar.

Limpiaban dos partes de la tierra disponible,  usaban un año una parte y la otra al otro año. También se sembraban habas, arvejas, repollos, zanahorias, acelga, espinaca, remolachas, ajos, lechuga, puerros, rabanitos, repollo, perejil, algunas aromáticas, menta, hierba buena, orégano, etc.  Alimentos cotidianos en el transcurso del año y fuera de estación se intentaba  guardar para los extensos invierno...como acá el suelo es volcánico, ellos hacían un hoyo en alguna pendiente, sostenían en la parte de arriba con maderas, luego cavaban hasta llegar a la arena volcánica, eso se transformaba en un conservador natural, todo lo que es bulbo (papas, zanahorias, nabos, remolacha) los depositaban bajo la arena que guarda humedad y esos alimentos perduraba durante los inviernos.

Vos ibas a sacar una zanahoria y estaba muy fresca y también los otros productos almacenados.  Eso se complementaba con las faenas de cerdo, corderos, el producto era salado y puesto en ahumadero, trozos de cerdo, morcillas, eso conservaba el producto para el consumo. Se desperdiciaba muy poco de los animales que se faenaban. La destreza que practicaban era espectacular, sabían el tiempo de hacerlo, la preparación del lugar, calcular la demora, utilizaban la hoja de “hierba buena” que colocaban en la herida del degüello del animal (“decía la abuelita que sus hojas eran desinfectante”). 

Luego era ardua la tarea para el preparado de todo lo producido. Se comenzaba a primeras horas del día y culminaba ya en penumbras. (El alimento, nunca nos faltó…)

Ese pozo ¿tenía un nombre especial?

Ellos le llamaban chenque, sótano, la abuelita así lo llamaba, era una imitación  mapuche,  el lugar donde estaban los antepasados, ellos le decían chenque, para mi ir al sótano era ir a ese lugar a sacar los alimentos...El lugar donde se sembraba sin descansar había que abonarlo, el abono se sacaba de los cerdos, las ovejas, de las vacas, las gallinas, así se reforzaba la tierra, para lograr una buena producción de alimentos…

En aquella época los Antriao, tenían las costumbres mapuche bien al día aunque después de a poco se va olvidando, tu abuela aunque no era mapuche al estar en contacto con ellos, ¿hacía una rogativa al entrar a la huerta? 

No, mi abuela no, aunque los mayores que eran los más antiguos decía, que ellos les tenían especial respeto, eran los que podían  haber hecho esas rogativas o cultos,  lo que sí puedo decir es que eran personas muy hospitalarias, en algunos de sus relatos era el lugar donde los que venían caminando desde Chile, era un lugar donde se atendía la gente, por supuesto sin cobrarles un peso, siempre se ayudó a la gente, algunos llegaban con los pies muy lastimados, ahí se los atendía y curaban con los "remedios" que hacían ellos.

En general siempre ella ya de madre y abuela, visitó  a la familia Antriao, era como su obligación moral, y era un caserío, la gente que trabajaba la tejuela y no porque era lindo sino que era el único material que se podía utilizar para poner en los techos, verdaderos especialistas en hacer ese tipo de trabajo, vos veías con la maestría que colocaban las tejuelas en el techo, no se llovía o entraba humedad  y conocían  mucho, buscaban el trozo de ciprés adecuado y hachuelaban las tejuelas con un cálculo milimétrico diría, por el espesor que tenían y como la hachuela al golpear el trozo de ciprés daba la misma medida siempre, años de práctica artesanal, era impresionante. El caserío era de las familias, había un caserón principal grande con un tacho o fuego en el centro y ellos vivían ahí, me  acuerdo haber visto de chico ya que mi abuela me llevaba con ella, era una familia que vivía en una pequeña comunidad.

¿Eran muchas familias?

Claro, vivían todos allí, me acuerdo de don Vicente, don José, don Pascual, doña Dominga y su hija Juana, quien es mamá de Eliana (actualmente vecina nuestra del barrio). Los primeros nombrados eran hijos e hija de la Sra. Carmen Rail y de don Juan Bautista. Dominga y mi abuela que eran muy amigas, se consideraban hermanas ya que se criaron juntas, tenían la misma edad. Conocí también a don Quiroga,  marido de Doña Rosenda Antriao, mamá de la Sra. Elma. Don José Antriao se dedicaba a trabajar con los bueyes, para trasladar maderas, trabajos de chacra etc… Todos ellos compartían el lugar del asentamiento, allí en la costa del lago Nahuel Huapí, desarrollaban las actividades comunes y similares del resto de las familias asentadas en la región.

Mis recuerdos obviamente datan sobre principios  de la década de 1960.

Ysa y Miguel Cárdenas en la antigua cancha Calafate.

Volviendo a la historia personal de la abuela, en la década del ´40, ella con sus 4 chicos queda embarazada de otro hijo, perdiendo posteriormente el embarazo. Nos contaban que cuando se estaban estableciendo y haciendo los trabajos de limpieza, existía solo una picada o huella que solo podía hacerse a caminando o a caballo, en esa época la región tenía jurisdicción de control Gendarmería Nacional, territorial,  no era buena gente,  había persecución hacia las familias asentadas, como le pasaba a mi abuelita y su familia…

¿Era parecido a la policía territorial?

Es necesario aclarar que esto era territorio nacional, no había policía provincial, estaba la gendarmería territorial que en definitiva,  los abusos de poder eran manifiesto, ella contaba que “Gendarmería” usaba caballos y pasaba a amedrentar a toda la gente, golpeaba, había mucho maltrato y abuso, mi abuela contaba que solía estar con los 4 chiquitos y pasaba un gendarme directamente a provocar con insultos, eran sus métodos, como sí pretendían que abandonaran el lugar…

 ¿Ella recordó los nombres de estos individuos?

Si, en estos momentos yo no recuerdo, pero después te voy a pasar los nombres, nos relataba que pasaban montados a caballo a provocar, insultar, amedrentarlos,  asustar a los chicos, que tenían 4 o 5 años,  casi a diario, deteniendo a vecinos, sacándolos de sus casas. Los llevaban al destacamento que se ubicaba en la costa del río Correntoso, y los tenían muchos días presos… 

¿Esto era antes de Parques?

No, las familias asentadas en la época referida son pre existentes a Parques Nacionales, incluso al organismo predecesor de Parques,  Tierras y Colonias que tenía un sentido distinto al que después tiene Parques, la idea era  darle lugar a la población y al asentamiento de ciertas familias o colonos, todo decidido en forma muy discrecional por quiénes direccionaban ese Organismo (en Buenos Aires).

Coty Carmoney recuerdaba dolorosamente tres nombres: Varela, Labrin y Bedoya

Exactamente eran ellos.

Bedoya tenía una casa en la Villa e incluso aparece como pionero en la placa de la Plaza de los Pioneros.

Claro, esos apellidos los mencionaba, quizás cabría hacer un “libro negro de esas tropelías” porque la verdad, el abuso que sufrían las familias humildes asentadas,  que prácticamente vivían en un estado de necesidad, tener que luchar el día a día para sustentarse en un lugar inhóspito, criar sus hijos, condicionados por la falta de medios,  era imposible buscar otro destino… No obstante la abuela tuvo varios entredichos riesgosos con este de apellido Bedoya. El nivel de agresión llegó al extremo que un día deja las tareas de rutina y deja sus hijos en la casita solos, va hasta el nuevo asentamiento de Gendarmería, no sé si era la de acá en el centro o en Nahuel Huapí, pero los fue a denunciar al jefe de éstos, a manifestar lo que les estaba pasando,  los abusos que padecían, pero por más que denunciaban, lo hacían con todo el mundo, servidores públicos de entonces… no tenía nada que ver con eso...

María Isabel Catalanes con sus hijas Irma y Margarita, y sus nietas.

Te contó algún otro caso de abuso porque por lo visto hay un montón

Ella se acordaba que cuando hubo un destacamento a orillas del Correntoso, la forma de reprimir de los que estaban a cargo, que presumo habrían sido gendarmes ataban  una soga en la cintura y los lanzaban en la corriente para que se los arrastre el río (helado), para traerlos después.  Esa era una forma de reprimir, también los colgaban de los pies (submarino), ese era el trato que tenía la gente de seguridad, no sé con qué sentido, no sé si era gente que hubiera cometido delitos, pero no es el trato que se debiera dar a una persona, pero es lo que ella contaba como realidad pasada.

¡No contó nada del "suicidio" de Juan Bautista Antriao?

Lo que pasa es que la abuela al crecer se fue yendo y viniendo de la casa y quizás no contó nada porque yo era muy chico, que me podía contar a mí que alguna persona lo hubieran asesinado tiempo atrás o  se habría suicidado, no me contó por el cuidado de comentar sucesos desgraciados por la edad. De don Juan Bautista no sé.

 

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