A CINCO MESES DEL FEMICIDIO

Esteban Curual: "A mi hermana la recuerdo con esa sonrisa tan especial que tenía"

El hermano de Guadalupe Curual, a cargo de la hija de la víctima de femicidio, habló sobre la causa, lo que pasó y la situación actual. Compartimos la entrevista de El Cordillerano.
Esteban Curual:
03/08/2021

Por Christian Masello (elcordillerano.com)

“En los medios de comunicación sale la indicación que pide: ‘Si sufrís violencia, comunicate o acercate a una comisaría, realizá la denuncia’. Mi hermana lo hizo, y nadie la ayudó.”

 Esteban Curual habla con una carga intensa de pesar.

 Cuando dice “mi hermana” se refiere a Guadalupe Curual, la joven de veinte años que, el martes 23 de febrero, en pleno centro de Villa La Angostura, fue asesinada de un cuchillazo en el corazón por la expareja, Bautista Quintriqueo, quien falleció una semana después, como consecuencia de heridas autoinfligidas.

 Esteban llama a su hermana por el diminutivo de su segundo nombre, Juli (Julieta), costumbre que viene de la infancia: como la madre también se llama Guadalupe, fue algo que se dio naturalmente. 

 “De chicos, vivíamos en Bariloche”, cuenta.

 “Cuando yo tenía unos tres o cuatros años, nos mudamos a Dina Huapi. A los siete, mis padres se separaron, y nos fuimos con mi papá a Villa Llanquín (en realidad, a Arroyo Blanco, pegado a la población)”, relata.

 Tiempo después, la madre se trasladó a Chile, donde aún reside.De adolescente, Esteban realizó el recorrido inverso al que había hecho de pequeño.Fue a Dina Huapi a cursar el secundario, y empezó a trabajar en Bariloche, donde finalmente se quedó.

Hace seis años que está en pareja. Desde hace cinco meses atrás, hay otra persona en la casa: la hija de Guadalupe, de un año y medio.

La noche del 23 de febrero, el muchacho estaba en un gimnasio.

A las 21, tomó su celular y vio que, minutos antes, Bautista Quintriqueo le había escrito.

 Un mes atrás, Esteban se había enterado (y no directamente por su hermana, de la que afirma que “era muy ‘cerrada’ para esas cosas") de que Juli estaba separada de Bautista.

 
Y también sabía que le había hecho “una escena” en la panadería donde ella trabajaba (“Las Rosas”, sobre la calle Las Retamas). Lo que no conocía era que, en realidad, aquella situación había incluido la presencia de un cuchillo, que el agresor utilizó para atemorizar a la joven. Ni tenía idea acerca de acciones anteriores, que hicieron que Juli realizara repetidas denuncias.

 “Bautista tocaba en un grupo chamamecero, y mi papá siempre anduvo en ese ambiente; nosotros, de chicos, también, por eso conocía, un poco de vista, a él y a su familia; pero no era amigo ni nada por el estilo", aclara Esteban.

 
Cuando se puso en pareja con su hermana, tampoco tuvieron gran contacto.

 
Apenas lo vio un par de veces: al día siguiente del nacimiento de su sobrina (nació el 6 de febrero de 2020) y en una ocasión más.

 
Sí había tenido que llamarlo en momentos donde su hermana tenía el celular roto, pero solo eso.

 
Por eso le extrañó que aquella noche de verano le escribiera.

 
–Hola, ¿todo bien? ¿Sabés algo de tu hermana? –le decía.

 
“Pregunté qué pasaba”, indica Esteban.

 
“Me contestó que ella andaba en malas amistades, y que me la llevara de La Angostura”, continúa.

 
Al muchacho le quedó la sensación de que Bautista “se estaba victimizando”.

 
–Quedate tranquilo, no quiero tener ningún inconveniente con vos ni con tu familia. Solo era para comentarte –escribió Quintriqueo.

 
“Me fue imposible imaginar lo que iba a pasar apenas una hora después”, suspira.

 
Igualmente, como le pareció raro, Esteban llamó a su hermana varias veces, pero no la encontró.

 
“El pibe tampoco me volvió a escribir”, señala.

 
A las 22, Esteban tenía un compromiso.

 
Una hora después, observó que tenía una llamada perdida.

 
“Era un conocido, pero no resultaba común que se contactara por la noche”, dice.

 
Lo llamó.

 –Tebi, acaban de apuñalar a tu hermana -oyó.

 Esa persona se había enterado por un amigo de Villa La Angostura.

 –Por lo que sé, fue Bautista -continuó el hombre, al que le tocó ser el mensajero de la desgracia.

 Esteban llamó a Quintriqueo. “Tenía el celular apagado”, señala.

 Se comunicó, entonces, con una prima que vive en aquella localidad. 

 Cuando le respondió, se encontraba en el hospital.

 
–Estoy esperando; no hay ninguna novedad, pero está grave –le dijo.

 
Esos llamados los realizó mientras iba a su vivienda; todo fue en unos pocos minutos.

 
“Cuando llegué a mi casa, llamé de nuevo a mi prima”, explica.

 
–Disculpame, Tebi, pero Juli se fue –le informó ella.

 
“Quedé shockeado. Yo tengo auto, pero, por las circunstancias, no me dejaron manejar, y le pedí a mi suegro que me llevara. Fuimos al hospital y nos explicaron lo que había sucedido. Pero no nos permitieron ver el cuerpo", relata.

 
"En realidad, nunca lo vimos, por el tema de la pandemia. Ni siquiera sabemos si solo tuvo lo que dijeron las pericias, porque no lo pudimos revisar”, manifiesta.

 
Aquellos días, desde la noche funesta del martes hasta el viernes, cuando les entregaron el cuerpo, Esteban estuvo en Villa La Angostura, “un poco a la deriva”.

 
La beba permaneció al cuidado de una amiga de Juli hasta la mañana del viernes, cuando ya pasó a estar con Esteban y su compañera.

 
Durante las jornadas posteriores al femicidio, se deslizó el rumor de que Bautista no era el padre de la criatura, pero Esteban no tiene dudas acerca de su paternidad. “Era el papá de la nena”, asevera.

 –¿Qué pasó en tu interior cuando te enteraste de que él había muerto, una semana después?

 
–Uno quiere que se haga justicia, pero dentro mío sentí un alivio enorme, porque tenía miedo: cuando mirás las noticias, ves que todo es cualquier cosa… Además, cuando saliera en libertad iba a tener derecho a ver a la nena… Y nadie aseguraba que le dieran los años que correspondían para que se pudriera en la cárcel.

 
Cuando Esteban fue a buscar las pertenencias de Juli, la joven que vivía con ella señaló una carpeta.

 
–Ahí guardaba todos sus papeles –le dijo.

 
En su interior, Esteban observó las denuncias que había realizado su hermana, por las situaciones de violencia sufridas.

“Creo que se habían separado antes de fin de año, pero las denuncias empezaron durante la relación. Cuando leí una de ellas, no lo podía creer: la había arrastrado de los pelos por la calle”, apunta.
“Hallamos rara la manera de actuar del juez, porque no solo estaban las denuncias; fue advertido del peligro por psicólogos y asistentes sociales…”, se queja.
“En una ocasión, Bautista tenía que cumplir cinco días de arresto, pero le hicieron pagar dos mil quinientos pesos y salió en libertad”, continúa.
Esteban cuenta que sobre la familia del femicida pesa una restricción de acercamiento hacia la beba, él y su pareja.
“No pueden acercarse, hacer llamadas, ni nada de eso. Y, como guardador de la nena, no pienso cambiarlo. Por nuestra voluntad, eso no variará. Una de las denuncias fue por algo que pasó en casa de los padres de él: cuando la nena nació, se habían ido a vivir ahí, a una habitación al fondo. Habiendo visto la situación, nunca hicieron nada”, considera.
A pocos días del femicidio, la familia de Guadalupe, a través de su abogado, Marcelo Velasco, cargó contra el exjuez Jorge Videla, el oficial Roberto Yevenes y el comisario Guillermo Alfaro, debido a la apreciación de que incumplieron con sus deberes.
En el caso del exjuez, los familiares están indignados de que se haya aceptado su renuncia, lo que evitó un posible juicio político.
En cuanto a Yevenes, la cuestión, para Esteban, resulta ambigua.
Era la nueva pareja de su hermana, la persona que estuvo con ella la noche de su muerte; él mismo fue herido durante el ataque de Quintriqueo.
Pero, a la vez, Esteban apunta que fue uno de los que no cumplió con medidas que podrían haber evitado el crimen (incluso, recibió una de las denuncias de Juli).
“Cuando el abogado prepara la causa, no puede saltarse pasos, y tiene que poner a todos los que no actuaron como debían”, expresa.
“Por ahí, Yevenes no hizo su trabajo administrativo del todo bien”, dice Esteban, que, hasta que sucedió el femicidio, no lo conocía.
Cuando Guadalupe murió, lo contactó para saber cómo se encontraba tras las cuchilladas que le había aplicado Bautista.
“Me contó que la conocía desde dos años atrás, porque frecuentaba la panadería donde ella trabajaba. Pero creo que recién habían comenzado a hablarse unos tres meses antes”, narra Esteban.
“Por más que esté la causa, un par de días por semana, escribe para saber cómo está la nena”, revela.
“Cada vez que pregunta, le contesto”, confía.
“No sé bien el tiempo que estuvo con mi hermana, pero se preocupa para conocer cómo se encuentra la beba”, añade.
“Viene de una situación bastante rara… Me comentó algo… Su papá creo que todavía está preso, aunque no estoy seguro”, desliza, en relación a que el padre de Roberto, el 23 de diciembre de 2009, mató a la esposa (madre del policía) de la misma manera que Bautista a Guadalupe: una puñalada en el corazón. Estaban en pleno trámite de divorcio.

 
“Es muy difícil que algo así te pase dos veces”, opina Esteban.

 
Acerca de lo que Yevenes expuso sobre el 23 de febrero, relata: “Me dijo que estaban estacionados en la plaza, frente al cuartel de bomberos. Venían de pasear en Villa Traful, y fueron al cajero a buscar plata. Se encontraban en el auto, y de repente alguien golpeó el parabrisas: era Quintriqueo, que estaba como loco y quería romper el vidrio. Se corrió hacia la puerta del lado del acompañante, donde se encontraba mi hermana; pegó, pero no pudo con la ventanilla... Ella le pasó la nena a Yevenes, y él la dejó en un costado, dentro del coche; abrió su puerta y bajó. Bautista dio la vuelta y lo enfrentó. Juli descendió y, cuando empezó la pelea, Yevenes le dijo que corriera. Ella quedó en estado de shock. A él, Quintriqueo le dio cuatro o cinco puñaladas, y partió tras mi hermana”. 

 
“Pasaba la gente y Yevenes quería advertir que ella había salido corriendo, pero no le entendían, porque uno de los cuchillazos fue en la cara”, agrega.

 
“Él ahora está bien, pero perdió movilidad en una mano y no recupera su voz natural; habla ronco”, detalla.

 
Guadalupe “Juli” Curual, aquella joven que había ido a hacer el secundario a Pilcaniyeu, para luego terminarlo en Dina Huapi, y seguir su derrotero vivencial –que nunca imaginó que culminaría tan pronto– en  Villa La Angostura, está enterrada en Arroyo Blanco.

Su hija encontró resguardo en Esteban y su pareja. “Cuando llegó, no decía ni una palabra”, puntualiza el muchacho, para luego seguir: “Ahora, ya nos trata como mamá y papá, y no le puedo decir que no lo haga… A mi suegra le dice Abu… El día de mañana, por más que le contemos la verdad, para ella, seremos sus padres”.

“Juli siempre estará presente, pero, lamentablemente, no creo que, a la nena, le vayan a quedar recuerdos…”, aprecia.

 
–¿Cuál fue su primera palabra?

 –Lo primero que dijo fue “pa”… a mí.

 –¿Qué sentiste?

 –Emoción y dolor... Resulta complicado… Deseo que no quede todo en la nada. Que se haga justicia. Sabemos la razón por la cual mi hermana no está viva, pero, en el futuro, ¿quién le explicará a la nena por qué, después de tantos meses de denuncias, nadie hizo nada para evitar que sucediera lo que finalmente pasó?

 
–¿Cómo recordás a Juli?

–Mi hermana siempre fue una persona alegre, y la recuerdo con esa sonrisa tan especial que tenía…

Fuente: elcordillerano.com.ar/

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