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Jean Pierre Raemdonck: su última temporada en el Cerro Bayo

El pionero cuenta cómo fue el cierre de su ciclo en el Centro de Deportes Invernales.
06/11/2021
Jean Pierre Raemdonck: su última temporada en el Cerro Bayo

Para los concesionarios del Centro, así como para los hoteleros, los restaurantes y los comerciantes del pueblo, el Cerro les ofrecía una temporada de invierno 2006 que nadie había imaginado antes. Para la Municipalidad y la Provincia, ese movimiento económico representaba una buena entrada. El Cerro Bayo se había convertido en una gallina de huevos de oro para todos.

Año tras año, aumentábamos nuestra clientela, tanto durante el invierno como durante el resto del año. Todos los beneficios (y muchas veces bastante más) fueron reinvertidos, a tal punto que las instalaciones se volvían “sobre dimensionadas” en relación a la capacidad hotelera local. Venían esquiadores de Bariloche a aprovechar nuestro pequeño Centro Familiar, donde eran bien recibidos por todo el personal.

Desgraciadamente, no podíamos soportar la manera de actuar de las autoridades provinciales. Es así que durante una reunión familiar, decidimos retirarnos y vender los activos de la sociedad. Lo que no era simple, cuando uno piensa que nuestra sociedad no disponía de ningún título  de propiedad. Siempre, nos habíamos preocupado de mejorar los servicios, dejando para más adelante las Escrituras de Propiedad, entre las cuales la tierra recibida del Conde de Chateaubriand, (que falleció antes de firmar el acta notarial de su donación). A pesar que nuestra Sociedad daba ganancias, ¿quién  iba a comprar sus acciones en estas condiciones?

Para solucionar el problema de las escrituras, Pablo, en esa época novio de Hélène, nos aconsejó dos jóvenes abogados que hicieron lo posible para conseguir estos títulos, pero desgraciadamente sin éxito.

Bernadette y Paul con nuestros jóvenes abogados.

También teníamos que tener en cuenta las tierras de la Asociación Cerro Bayo que no se iba a poder separar de la venta, porque ni la Sociedad Anónima Cerro Bayo, ni la Asociación Cerro Bayo podían existir uno sin el otro. Lo que ocasionó largas negociaciones entre las dos sociedades que gracias a Dios habían tenido siempre buenas relaciones. Y como resultado llegamos a un acuerdo. En contra parte de los terrenos de la Asociación (que tampoco estaban escriturados), la Sociedad Anónima Cerro Bayo entregaba a cada uno de los socios fundadores de la Asociación, cinco pases, para esquiar gratuitamente de por vida. Hay que recordar que los miembros de cada familia de estos fundadores, ya habían aprovechado durante veinte años una rebaja del 50% de la tarifa. Su aporte de socio fundador de 1.000 dólares había sido para ellos una lucrativa inversión. En cuanto a nuestros posibles compradores,  ellos iban a tener que aceptar ese acuerdo y respetarlo durante más de cincuenta años, considerando que los beneficiarios de estos pases  iban a ser, en general, los nietos de estos fundadores.

 

Si bien los edificios, los medios de elevaciones, las pistas, los caminos, la vista panorámica única y la clientela representaban un valor único, se trataba de una venta con problemas.

 

La base se encontraba sobre una parcela de seis hectáreas que había sido donada a la Asociación Cerro Bayo, sin títulos de propiedad. El donante había fallecido y nos encontrábamos con sus herederas, con quienes no podíamos llegar a un acuerdo. En cuanto al resto de las tierras, aparte las tres hectáreas de la cumbre (un total de ciento diez hectáreas compradas al doctor Gerosa), sus herederos se comprometieron a firmar las escrituras al futuro comprador.

Los candidatos parecían más interesados por el capital inmobiliario que por la parte comercial. Un primer interesado estaba de acuerdo de comprar las tierras con la condición que retiremos las instalaciones. Lo que era impensable. Como hubiéramos aceptado destruir una realización de treinta años tan necesaria para la comunidad.

Mientras nos preocupaba esta venta, se terminaba la temporada de esquí y antes que se retire el personal temporario, festejamos el invierno 2006 con el asado tradicional. Nadie podía imaginar que no íbamos a estar en la próxima temporada.

Recuerdo del asado de fin de la temporada 2006.
El equipo permanente del Cerro Bayo a fin del año 2006.

La nueva oficina con su boletería en frente a la telesilla principal había sido una excelente solución.

 

En ese principio de primavera, nos sorprendió la llegada inesperada de Don Enrique que vino a avisarnos que si queríamos seguir con el funcionamiento de la telesilla durante el verano, teníamos que solicitar una nueva inspección. No podíamos creer que la inspección del mes de junio, con todas sus exigencias valía solamente para la temporada invernal y que teníamos que repetir todas las pruebas de carga, frenos y otras. Además Don Enrique nos anunciaba que no iba a poder realizar esta inspección antes de un mes, pero que mientras tanto nos permitía usar las telesillas Chaltén y Panorámica que habían sido aceptadas en las últimas semanas de la temporada invernal. Lo que tuvimos que aceptar con el inconveniente de necesitar el doble del personal y que los turistas no iban a hacer el esfuerzo de caminar hasta la confitería “Balcón del Bayo” situada al lado de la llegada de la telesilla principal, donde vivía durante todo el año Raúl Marengo, ofreciendo comidas, tortas, sándwiches, etc. Una vez más, Don Enrique nos complicaba la existencia. Solamente a fin de diciembre, nos anunció que podía venir para hacer la “Inspección de Verano”.

Ese día, estábamos listos con más de 500 bidones de 20 litros de agua, así que todo el material necesario para las distintas pruebas. A su llegada, nos sorprendió su comportamiento muy amable, totalmente diferente. Encontraba todo perfecto, hasta nos felicitaba para el buen mantenimiento de las máquinas. Nunca habíamos imaginado un tal cambio en su personalidad. Al medio día lo invitamos a almorzar, lo que no aceptó por falta de tiempo. Todavía faltaba hacer las pruebas de adherencia de las pinzas sobre el cable y propuso probar solamente algunas a su elección.

Luego surgió un hecho inesperado. Don Enrique, sentado sobre un banco, asistiendo a las pruebas de las pinzas, repentinamente se cayó de espalda, mirando el cielo, justo en el momento que llegaba Édouard con su moto. Édouard lo dejó extendido de espalda y le pregunto dónde vivía, lo que contestó con dificultad entre otras preguntas. Édouard se dio cuenta que tenía una parte del cuerpo paralizado y decidió no llevarlo con nuestra ambulancia, llamó al hospital para que venga una ambulancia equipada para casos de derrame cerebral y con un médico. Si Édouard no hubiera llegado justo en ese momento, y hubiéramos llevado Don Enrique en nuestra vieja ambulancia con su mala suspensión, quizás hubiera fallecido antes de llegar al hospital.

Del hospital, lo derivaron inmediatamente al hospital de Bariloche, donde Don Enrique pidió a nuestro ingeniero Pablo Secul, traerle los libros para firmar la autorización de la telesilla. Pablo le contestó que esperemos que esté mejor para eso. Desgraciadamente, Don Enrique falleció después de la operación y tuvimos que esperar más de un mes para que la Provincia nos mande un joven inspector que nos anunció no estar autorizado todavía para realizar estas inspecciones. Él había venido de Neuquén, solamente para averiguar si hacíamos funcionar la telesilla.

A fin de enero, llegó otro inspector que de casualidad  conocía por haberlo ayudado hacía mucho, con mi camión e invitado a dormir en casa, quién, recordando eso, autorizó en menos de una hora la telesilla principal y la telesilla Lenga. Me recuerdo que le llamó la atención que las telesillas disponían de un freno de emergencia además del freno de servicio.

Por su lado, Hélène y su querido Pablo habían decidido casarse próximamente y ya estaban construyendo su nido. Un lindo chalecito que iban a poder agrandar en el futuro.

 
El chalet de Pablo y Hélène en construcción.

Poco a poco aparecían posibles interesados para comprar la “Montaña”, como la llamábamos. Ellos descubrían una empresa sana, con ganancias, contabilidad bien ordenada y buenas instalaciones, pero nadie ofrecía pagar el valor que les pedíamos. Al final aceptamos una oferta muy inferior, esperando que los compradores siguieran mejorando las instalaciones como lo habíamos hecho durante treinta años consecutivos y que disfrutaríamos de la continuación de su desarrollo. Les prometimos indemnizar todo el personal para que tengan la posibilidad de reincorporar a los que estimaban necesarios.

Jean-Pierre con los compradores.

Los compradores nos entregaron una pequeña seña para concretisar su operación de compra.

Pocos días después del fallecimiento de Don Enrique, falleció Lalo Bengoa, nuestro colborador para la locación de esquies en invierno y bicicletas en verano. Lalo, hábil comerciante, ayudado por su familia, tenía la camiseta del Cerro, desgraciadamente los cigarillos fueron mas fuerte que él. Felizmente para él, falleció sin conocer la venta del Cerro Bayo, para el cual  había hecho tantos esfuerzos, participando en diversas exposiciones en Argentina y Brasil, así como en los reportajes y otras actividades comerciales, donde representaba con su contagioso entusiasmo a la empresa.

Recuerdo de Lalo, participando a la reunión de los Centros de Esquí en Esquel.

Durante un fin de semana de diciembre 2006, para no pensar demasiado en la venta de la “Montaña”, participé en una prueba motociclista para veteranos sobre sus antiguas motos, organizada en memoria de las clásicas carreras que se corrían entre los pueblos de los alrededores. Una de estas era la doble Bariloche-Pilcaniyeu con asado en Pilcaniyeu entre las dos mangas. Para la ocasión participé con mi antigua moto Montesa Cota 247 MK4 (1972) que había usado en el Cerro para el trabajo y los trazados de los enduros. Hubiera preferido que el recorrido de la prueba fuera a través de las estancias de la región, pasando por pequeños senderos, exigiendo habilidad a los participantes, pero los organizadores deseaban respetar la tradición de estas pruebas de velocidad. Para ellos el desafío era que estas antiguas máquinas de más de 30 años, lleguen todas, sin problemas.

 

Después de las fiestas de fin de año, nos preparamos para retirarnos del Cerro Bayo, dejando los edificios, talleres, oficinas, etc., en perfectas condiciones, además de dejar cinco contenedores con la espléndida telesilla desarmada en Champéry (modelo Städeli 1980) destinada a reemplazar la telesilla principal (modelo 1960 de 450 pasajeros/hora) por este modelo suizo, en perfecta condición, para 800 pasajeros/hora.

El refugio Base.
Comedor refugio base.
La Telesilla Lenga.
 

Indemnizamos a todo el personal y nos hicimos cargo de los problemas jurídicos en curso.

Confiábamos que nuestros compradores seguirían con el desarrollo del Centro, como lo habíamos hecho. Nunca nos imaginamos que sin un buen estudio, iban a gastar una fortuna en la colocación de una antigua telecabina del año 1970. Hubiera sido tan simple continuar con las planificaciones de especialistas como Paul Glassey, como lo habíamos hecho.

Es una lástima que no se aprovechó la telesilla de Champéry que se encontraba en los contenedores y que se encuentra hoy colocada en Tucumán.

Esperando que el Cerro Bayo pueda reencontrar su prospera época, dimos vuelta a una página de treinta años, durante las cuales, con pasión, constancia y tenacidad, habíamos agregado a Villa la Angostura el título de “Centro Invernal”.

Nuestros compradores, astutos hombres de negocios, se habían dado cuenta que el desarrollo del Centro de Esquí había valorizado el lote vecino con el cual existía la posibilidad de realizar una lucrativa inversión inmobiliaria y consiguieron comprarlo. Se trataba de una parte importante del lote pastoril 15, de aproximativamente 300 hectáreas, comprado por el señor Gianfranco Uboldi  en los años 1950. La parte sur de ese lote,  está unido al loteo de Puerto Manzano y la parte norte con la base del Centro de Esquí (ver plano adjunto).

Ubicación de los terrenos  del Centro de Esquí.

Hay que recordarse que en la década de los años 70, Perico de Elizalde, entonces Presidente de la Asociación Cerro Bayo, había solicitado y recibido del señor Gianfranco Uboldi una parcela de seis hectáreas para la ubicación de la base del Centro donde se colocó el Telesquí Poma largo. Después, pasaron los años sin determinar exactamente el lugar de esta donación, mientras que se ampliaba la base con varias construcciones, playa de estacionamiento, etc., ocupando mucho más tierras que las seis hectáreas recibidas. A tal punto que los descendientes  del  señor Gianfranco Uboldi eran los propietarios de una parte importante de los terrenos y edificios ocupados por el Centro. Gracias a Dios, el problema se solucionó con la compra de las 300 hectáreas a favor de nuestros compradores. Ellos habían hecho una excelente compra considerando la posibilidad de continuar el loteo de Puerto Manzano, acercándose con el tiempo a la base del Centro donde ya disponían del Camino de Acceso al Cerro y también a su lote. Otra gran ventaja de esta compra era de tener el Río Bonito que lo cruza de par en par con la posibilidad del abastecimiento de agua para el posible loteo y la posibilidad de la colocación de una Usina Hidro-Eléctrica para el Cerro y el loteo, interconectando su producción de energía a la entidad provincial de EPEN.

En febrero del 2007, Édouard presentaba su examen de entrada a la carrera de medicina en la Universidad Católica de Córdoba. Rindió el examen, pero no pudo entrar por el “Numerus Clausus”.

En el mes de abril iba a ocurrir un gran evento familiar: El casamiento de Pablo y Hélène. Bonne-Mamy no podía faltar e hizo el sacrificio de un viaje a Argentina para la felicidad de su querida “pequeña Hélène” (Fue su último viaje a Argentina).

Mamy aprobando el vestido de novia de su nieta.

Los preparativos iban a plena marcha. Iban a haber tantos invitados que decidimos organizar la fiesta sobre la cancha de tenis. Como su techo se encontraba todavía en construcción, decidimos alquilar una carpa y como el alquiler del piso costaba mucho, decidimos fabricarlo, pensando que algún día nos iba a servir (lo que se comprobó, como lo veremos más adelante). Por suerte, los sanitarios del tenis estaban terminados.

El 14 de abril del 2007, el casamiento religioso se celebró en la Capilla de La Asunción. A pesar de las recomendaciones del Padre Federico sobre el respeto del horario, Hélène se hizo esperar un poco. El Padre Federico la perdonó y Pablo y Hélène  comprometían mutualmente su unión delante de Dios y de la asamblea.

 

En cuanto al casamiento civil, lo celebraron en la carpa de la cancha de tenis. El Oficial del Registro Civil de Villa La Angostura (Lali Urra), los casó delante de los numerosos invitados, familiares y amigos de Pablo y Hélène, quienes los acompañaron  a celebrar ese gran momento.

 

Para mantener nuestras costumbres belgas, pronuncié un pequeño “speech”:

“Queridos Hélène y Pablo,

Bernadette no quería que haga un discurso. Pero al final, aceptó un pequeño “speech”. Como lo pueden constatar, después de 29 años de casado, no estamos siempre de acuerdo y a veces tenemos que aceptar las ideas del otro.

Pero hablamos ahora de ustedes dos.

Que placer para todos, en ese momento, de asistir a su felicidad. Momento tan importante en su vida. Una nueva etapa, llena de proyectos a realizar juntos.

Ustedes dos, son hijos de la Cordillera, donde pasaron su juventud con todos los climas de la naturaleza. Como el de hoy, para bendecir su unión. Con estos caprichos del clima, aprendieron a no quejarse. Además, el deporte, como el esquí, la natación para Hélène y la moto para Pablo, con todos los sacrificios que exigen estas prácticas, les enseñaron a defenderse.

Pablo, sabes que encontraste la perla preciosa y que depende solamente de ti para conservarla y eso igualmente para Hélène, así estará uno para el otro en cada día de sus existencias, como lo son hoy. Con sinceridad y lealtad entre ustedes.

Para vos, Hélène, tu madurez y tu carácter de ascendencia gala, más bien flamenca, ayudarán tu matrimonio a llevar a buenos términos sus proyectos y realizaciones. Ya cocinas muy bien, sin olvidar tus capacidades en pastelería, que hay que agregar a la especialidad de Pablo para los asados. Lo que permitirá numerosas reuniones familiares, durante las cuales, seguramente se tomarán decisiones sobre su porvenir, así como el de los suyos.

Ya están terminando la construcción de su casa con todo el aprendizaje que eso exige de paciencia, perseverancia, diálogos interminables con los distintos “Especialistas”. Sin olvidar la habilidad de Pablo para negociar los materiales, dispuesto en caso necesario de deshacerse de su camioneta para conseguir la madera del techo. Están construyendo a medida de sus economías y esta casa está demostrando lo que son capaces de realizar juntos. No se trata de un plan Social “Fonavi” u otro. Es el fruto de su perseverancia. Esta casa, tendrá para ustedes un gran valor y la ocuparán con alegría y felicidad.

De esta casa se extenderá su amor y su generosidad a sus familias, sus amigos, sin olvidar sus ahijados como Jazmín, José y la futura Sofía. Además, estoy seguro que Dios bendecirá su casamiento con felices nacimientos que harán la alegría de todos sin olvidar los futuros abuelos, donde serán siempre bienvenidos.

Con ese deseo, Bernadette a quién agrego Peti, Alfredo, Lidia y Mamy que vino especialmente de Bélgica en representación de los tíos, tías, primos y primas de allí, Paul, Édouard así como Chichi que nos mira desde el cielo, sus padrinos y madrinas, sin olvidar todos los presentes y los que no pudieron venir, se juntan conmigo para levantar nuestras copas a su Unión y desearles una buena ruta en esta nueva etapa de su vida”.

Para la comida, habíamos contratado un equipo gastronómico. Los amigos de Pablo y Hélène pusieron el ambiente de alegría que esta fiesta merecía. Hasta se permitieron lanzar los recién casados y sus parientes hasta el techo de la carpa.

Paul volando.
Con Kitino, Anne y Gianni Jannuzzi.
Con Teddy, Graziella Furlong y Françoise van Ginderdeuren.
Con Peti y Alfredo.
 
Con Mamy.
 

Poco después del casamiento, Bernadette y yo salíamos para Buenos Aires a firmar la venta de Cerro Bayo S.A. Pasamos una tarde entera en un estudio de abogados a firmar más de 200 páginas. Nuestro error fue de firmar un artículo que mencionaba las tres hectáreas de tierra que nos había donado el Conde de Chateaubriand que habían sido incluidos en la venta. Lo que, después nos costó, porque la heredera del Conde no respetó esta donación. A veces, me pregunto lo que hubiera ocurrido si hubiéramos construido la llegada del teleférico con su restaurante previsto sobre la cumbre antes de la venta.

Con estas firmas dábamos por terminado un sueño que se había transformado en realidad, gracias a todos aquellos que creyeron en este desafío para concretar lo que parecía imposible en un principio. Todos ellos son parte de la gran familia “Pro-Cerro-Bayo”, unida en un proyecto común. Lo que hubiera sido imposible sin estos colaboradores que aparecieron, cada uno en el momento oportuno, como enviados por el destino.

Saliendo del estudio de abogacía, me recordaba el día, a fin del invierno de 1974, cuando, con mi hermano Michel que había ido a vender Wafles en Cerro Catedral y regresábamos a Villa La Angostura con la camioneta llena de esquíes en desusos. En ese momento no pensé que estas tablas usadas iban a ser la piedra fundamental de esta “Saga”. Don Carlos Oertle, del Rental de Catedral que nos había regalado estos esquíes no podía imaginar lo que iban a provocar en Villa La Angostura. Gracias a ellos, aparecieron los precursores del Club Andino Angostura, constructores del Refugio “El Yeti”, sobre el Lote Pastoril 14 del Dr. Gerosa, quién entendió el valor que representaba un Centro de esquí para la comunidad y cedió una parcela de su terreno. Lo que permitió a Jorge Tanoira formar la Asociación Cerro Bayo, con sus primeros Socios Fundadores, a la cual el Country Club Cumelén ayudó con la financiación del Poma largo. Después, intervino la Sociedad Anónima Cerro Bayo, con la participación importante de Juan Carlos Firpo, la cual en menos de 20 años amplió y equipó el dominio  esquiable, construyendo varios medios de elevaciones, refugios, talleres, oficinas, etc., con la ayuda entusiasta de la familia Glassey durante los diez últimos años.  Cada etapa en su tiempo sin olvidar la cantidad enorme de todos los que estuvieron trabajando sobre la montaña como mecánicos, electricistas, silleros, maquinistas, constructores, concesionarios, etc. Gracias a todos estos colaboradores, hoy Villa La Angostura hace parte de los Centros Nacionales de Esquí.

Con dolor abandonábamos este emprendimiento al cual habíamos puesto más de treinta años de esfuerzos y pasión. Nos faltaba tan poco para su realización total, como el acceso a la pista provincial desde la cumbre por medio del teleférico previsto desde la llegada de la telesilla Lenga, incluyendo un confortable restaurante con 360 grados de vista panorámica. La frutilla que le faltaba a la torta. Un desafío que dejamos a nuestros sucesores que nunca nos preguntaron cómo lo hubiéramos hecho. Bastaba prever una excelente calidad de servicio todo el año, aprovechando la hermosa vista panorámica desde la cumbre y en invierno para los esquiadores la entrada a las pistas provinciales.

Pocos días después de nuestro regreso, Paul salía para Nueva Zelanda y terminábamos el techo de la cancha de tenis. Empezábamos una nueva etapa de vida con nuevos proyectos.

El tenis con su techo.

Después del motociclismo y el esquí, ahora nuestro “Lawn Tenis Club Andalué” recibe todos los días del año numerosos apasionados para  practicar ese hermoso deporte para todas las edades.

Antes de emprender nuevos proyectos, decidimos tomar un año sabático.

 

Fuente: https://jpraemdonck.blogspot.com/2021/11/capitulo-46-nuestra-ultima-temporada-y.html

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