“El doble discurso sobre lo autóctono”

Mario Betteo cuestina la lógica con que se asume que se puede talar pinos y traza una comparación con lo que sucede con el pueblo Mapuche.
“El doble discurso sobre lo autóctono”
28/12/2021

Es un hecho que todos los días, hay talas de árboles, algunas sin autorización y otras permitidas por la Intendencia, en las que los pinos sobre todo, que están viviendo en esta ciudad algunos desde más de cincuenta años.

El 90% es para realizar construcciones hoteleras y más departamentos para el turismo.

 Me ha tocado presenciar el arrazamiento de árboles y basta con mencionarlo públicamente para que escuche una especie de consenso generalizado que dice: bueno? dentro de todo son pinos y no las especies autóctonas. Como si los pinos, por su especie y su historia, estuviera casi tolerado y justificado su eliminación. Como si no fuesen organismos vivos sino una comunidad de segunda, que total son ? pinos. Y todo dicho con mucha tranquilidad, muy preocupados por los otros, por los árboles nativos, el alerce, los cohiues, las lengas, los arrayanes por ejemplo, especies preciadas por su carácter de ancestral, autóctono, identitario de la zona.

 A los pinos se los considera que empobrecen la tierra, que se expanden sin control, que no son muy productivos. Incluso se los considera ¿invasores?

Una suerte de racismo interno a la flora y fauna, que habilita el exterminio de una especie para defender a otras. (No está de más señalar que todas las críticas que se le hacen a esa especie son infundadas e insuficientes para avalar ese desprecio: ver sino la cantidad de información botánica al respecto acerca de los beneficios que otorga esa especie.

 Los pinos están acá efectivamente a raíz de que fueron unas de las especies traídas por los colonos con el fin de asegurarse así la provisión de madera de construcción, para ornato y para asegurar la tierra frente a la erosión del viento, entre otras razones.

 Me evocan los famosos pinos de la Vida Appia de Roma, parte de la historia del imperio que nadie osaría en cortar.  Es una especie estigmatizada y que cualquiera no duda en sacrificar, al modo del "homo sacer? que nos supo enseñar a visibilizar Giorgio Agamben.

 Otro ejemplo de este racismo con fines de culto a lo ancestral es el relativo a alguna fauna de la zona. Como el siervo y el jabalí no son autóctonos y abundan, está permitido su caza sin límite, pero eso sí? que nadie se atreva a tocar a un pudú o a un huemul, especies casi extinguidas, o cazar cóndores por ejemplo.

 Ahora bien, al mismo tiempo que este estado de cosas está instalado en la opinión pública, coexiste otro discurso social que nadie puede negar que existe en esta región acerca de lo nativo y autóctono.

 Cuando se trata de seres humanos, todo se invierte ya que hay miles de opiniones que convergen más o menos veladamente de que los habitantes nativos de estas tierras, mapuches, tehuelches, esos? fueron los pinos de Bariloche; eliminados o conservados solamente como ejemplos de lo primitivo pero que no tienen razón de existir al lado de los habitantes blancos, europeos que se asentaron con protección del estado a partir de la mitad del siglo XIX. O sea los verdaderos ¿invasores?

 A las comunidades mapuches, tehuelches, puelches, se les arrebató su suelo y se les adjudicaron terrenos mínimos de existencia. A esto se le suma ese maldito decir de que son ladrones, que no trabajan, rateros, incultos o violentos. Una especie que estaba como muchas de las especies antes de la llegada del hombre europeo, pero que fue acorralado y lentamente extinguido para permitir así tomar posesión, propiedad de las tierras en beneficio de la acumulación de capital.

 Como los pinos, se los debe talar para que no impidan la expansión económica indiscriminada, desbocada y de unos pocos. (Los recientes y lamentables acontecimientos de la "Cuesta del ternero", ilustran esta política de los que explotan la madera y sus ambiciones incontrolables de control de las tierras, sin que ningún gobierno ponga fin efectivo al ancestral arrebato y apropiación de lo que estaba en posesión de habitantes previamente instalados.)

Resumiendo, es un hecho discursivo el de la coexistencia de dos vectores que se aplican con un mismo argumento pero que coexisten uno al lado del otro sin molestarse entre sí: lo autóctono , lo nativo, lo que está antes que nosotros, en un caso es perseguido y en el otro es exaltado a la dignidad de casi una reliquia.

 Resolver esa tensión va a llevar años pero muchos más serán, si no lo colocamos a la vista.

Mario Betteo B.

DNI: 92659881.

 

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