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Siguen allá arriba, "Caminando en la luna"

En la cuarta entrega, Federico Watkins reseña el libro de Martín Pérez y Juan Soto: un paseo visual para niñas y niños en el que resignifican la llegada a la luna.
17/01/2022
Siguen allá arriba, "Caminando en la luna"

Caminando en la luna, de Martín Pérez (poesía y textos) y Juan Soto (arte).

Editorial El Ateneo, 2021.

 

Neil Armstrong, el astronauta que dio el gran paso el 20 de julio de 1969, inspiró mucha de la narrativa de los años y décadas siguientes, incluyendo el famosísimo tema de The Police que titula el libro, contenido en el álbum Regatta de Blanc: se abre un triángulo entre 1969 (año en que el hombre pisó por primera vez la luna), 1979 (año en que salió Regatta) y Louis Armstrong, el famoso trompetista y una de las grandes voces del siglo pasado.

Por eso elijo creer que el título ancla el libro en 1979, porque Pérez titula con The Police en castellano, (y se banca el gerundio). Lo imagino como un guiño a su propia adolescencia: decirles a los pibes que leerán este libro que tienen que saber una cosa: antes, los casettes y LPs venían traducidos al español. Y que había sádicos que hasta traducían los nombres de los artistas.

¿A dónde voy? A que Pérez y Soto hacen una ficción en la que le cuentan al público infantil al que está dirigido Caminando que el primer hombre en la luna fue negro y jazzero. Como corresponde. Y que mientras se lee el libro, el único país al que alumbra con su haz plateado es Argentina.

Ya sabemos que la luna fue reclamada e inscripta a su nombre por un hermoso sujeto de Chile: en 1957, el loco la reclamó para que lo dejasen entrar a un club muy exclusivo del que solo te dejaban formar parte si eras propietario de terrenos. En Caminando, la luna no es ni siquiera de su propio dueño, es nuestra, nos apunta a nosotros, a nuestros zaguanes, a las farolas nocturnas que no le pueden competir ni en belleza ni en potencia pero aún así se esfuerzan por arrimar el bochín en el número 2 de la puerta de una calle cualquiera.

La luna alumbra a un tipito de los que hace Antonio Seguí, un ladrón apurado, como esa pareja que le escapa taconeando al frío en las primeras páginas del Eternauta. Porque si la luna es chilena o yanqui, los astronautas son argentinos. Esto que voy a arriesgar pueden usarlo en la corte cuando me hagan algún juicio por insanía: ¿hay algo más argentino que un astronauta, acaso? ¿No es el astronauta un ejemplo de la argentinidad? Talento, heroísmo, soledad, esa determinación de los soldaditos de Malvinas para mirar siempre adelante aunque estén en la mismísima nada. ¡Y el traje! A lo Juan Salvo, el líder espiritual de ese héroe colectivo que inventó Oesterheld en El Eternauta y que también es parte de nuestro sino y que podría ser un slogan electoral: si nos unimos, no nos para nadie.

Pero me voy de mambo. Celebro que existan libros así para niños, cuya lectura los desafíe y los haga releer e investigar. Este texto es parte de un libro que sacó Pérez hace 5 años: una selección de poemas escritos para ese legendario programa de radio llamado Piso 93 que salía por la Rock & Pop entre fines de los 80 y principios de los 90, tan legendario que por supuesto jamás escuché pero del que hay varias emisiones en la internet.

Entonces Pérez y Soto llenan de Latinoamérica y de negros un paisaje yanqui, blanco como los tres astronautas que viajaron hacia allí (Armstrong y Aldrin bajaron, Collins se quedó sobrevolando y bastante caliente, según nos enteraríamos después). Nada de eso pasa, no hay competencia ni imperialismo sino un astronauta negro como el Diego que lamenta que sus dos compañeros no hayan llevado sus instrumentos y que, por obra y gracia de la potencia gráfica de Soto, se llena de realismo mágico: la mano del artista platense convierte cada paisaje en un mural latinoamericano: explosiones de colores y de sabores, como si el artista fuera un gigante que aprovecha lo blanco del lienzo de la luna. Lo contento que se pondría ahora su dueño chileno, que compró algo sin vida y se lo revalorizaron.

En fin. Yo le regalé esta maravilla a mi sobrina Lila para Navidad. Recomiendo enfáticamente que hagan lo mismo (¡pero no esperen a Navidad!). Pueden encontrarlo en todos los Yenny/ El Ateneo.

Jazz, agua, tigres, Armstrong tirándose de clavado: un libro que en su bellísima concepción ancla la luna en otro lado, en el nuestro, por mérito propio, por prepotencia de trabajo y de alegría. Nosotros los argentinos, que enviamos hace varios años al capitán Beto a ese lugar tan lejos y tan cerca a la vez.

Un lugar en el que se encontró con el mayor Tom y con el astronauta trompetista  Armstrong y todos los días de enero (y del año, pero sobre todo de enero) salen a dar una vuelta para llenar de notas musicales sus cráteres y paisajes que ya son multicolores y de paso a ver qué onda, cómo se sienten abajo, cómo se ve la Tierra ahora que no están ellos.

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