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Argentina Star Wars. Episodio 2023

Ale de Rose retoma sus columnas. En esta ocasión comparte su “visión de futuro” y asegura: “están todos como dando vueltas alrededor de un agujero negro sin saber qué les espera del otro lado”
31/07/2022
Argentina Star Wars. Episodio 2023

Acá estoy…

Y ahí vine y acá volví ¿Qué hice y dónde estuve? No creo que le importe a nadie. O capaz que a alguno sí.

Sea como fuere, digamos hasta ahí nomás, que Ale The Rose anduvo por ahí, por allá y ahora más que nada, y con mucho gusto, por acá, en este espacio en Diario Andino, metiéndome en sus trabajos, en sus tablets, yendo del living a la cama…y viceversa.

Y repito lo que dije alguna vez: lo lamento por todos aquellos quienes ya estaban felices pensando que me habría ido de para no volver jamás. Para todos ellos y para aquellos que esperaron incansables nuevamente mi presencia por este medio, les digo que nunca nada ni nadie se va del  todo. Y menos ahora.

Sino pregúntenle a nuestras clases gobernantes.

Hubo un tiempo que fue hermoso...y fui libre de verdad. Y me acuerdo como si fuese ayer, en que el futuro estaba y quedaba allá lejos…en el futuro, por momentos lo imaginaba inalcanzable, pero bien futurístico. Lo imaginaba perfecto, también imperfecto, no importaba. A veces utópico, otras distópico, pero siempre allá delante, bien lejos.

¿Eso de tener computadoras en casa? ¿Y más de una? ¿Televisores con pantallas de led? ¿Clonaciones de lo que se te ocurra? ¿Códigos de barras? ¿Relojes, que aparte de dar la hora registren todo lo que le pasa a tu cuerpo? ¿Hablar con otra persona mirándose a través de una pantalla? No. Imposible, pensaba aquel Alecito The Rose de fines de los ’60, principios de los ‘70.

Todo eso pertenecía con exclusividad a ciertos libros y a unas pocas películas. O pertenecería a algo muy pero muy lejano que a él no le tocaría experimentar ni por casualidad. Eso sí, pura y futurística Ciencia-Ficción. Como mucho, el fin de sus días lo alcanzaría, con suerte a mitad de camino, parado en ese puente corto pero también larguísimo, que es el guion que une y separa a la palabra ciencia de la palabra ficción.

Y ok, hay que decirlo, a esta altura del partido está más o menos claro que la clave de todo este asunto anticipatorio está en un verbo que es de lo más atrapante del género: equivocarse. Si, y por mucho generalmente. Y así me equivoqué como solían equivocarse, pero genialmente, Isaac Asimov y Arthur Clarke por decir algunos. Ahora, en cambio, me siento en un mundo que más bien parece diseñado por el gran Philip Dick.

A fines de aquellos años ’60, tanto Clarke como Asimov, híper adictos a lo que vendría, digo, estaban convencidos, entre otras cosas, de que para el 2001 viviríamos en la Luna y ya interactuando con inteligencias extraterrestres y superiores con forma de gran monolito negro. En cambio Dick, un tipo bastante oscuro y fanático de Carl Jung, a finales de los años ’70, escribía y pronosticaba eso de que el futuro no tenía sentido como materia a desarrollar mucho más allá de los años ’80 donde, como siempre y hasta el infinito y más allá, nada funcionaba y ya jamás funcionarían del todo bien.

Dicho esto, veo mi Jack Daniel’s por la mitad, lo cual me preocupa, cierro los ojos, tomo aire lentamente e imagino el futuro. Pienso en el cada vez más cercano 2023 que asoma como un año en el que podría pasar cualquier cosa. Y ok, ustedes me podrán decir que en realidad ya está pasando cualquier cosa. Y encima, va a ser un año electoral en el que los mismos personajes de siempre (salvo que un milagroso y futurístico iluminado aparezca, libertarios abstenerse por favor) aspiren a lo más alto para que, una vez ahí arriba, empiecen con sus conocidas, recurrentes y tristes bajezas.

Antes de todo ese cercano futuro, acá y ahora en esta argentina, todos se sacuden como en un zamba. Particularmente y en especial en el ex Peronismo, ex Kirchnerismo o como se llame, desde donde le tiran con todo lo que tienen a mano y sin ruborizarse a un Alberto Fernández más perdido que De La Rúa en su momento top de la historia, lanzando profecías siniestras como las fresquitas amenazas mafiosas del impresentable y vergonzoso Juan Grabois.

 Por el lado de la Coalición Cívica, la retro ex diputada Lilita “Juergo de Tronos” Carrió, en modo pitonisa, aventuró eso de que “… nos van a hacer chocar contra la pared”.

 Mauricio “Doctor Strange” Macri, por su parte, prefiere apoyarse en el subgénero “ficción alucinógena” del asunto, asegurando que tiene un sueño recurrente en donde, relata:"…yo estoy en Plaza de Mayo y me llevan en andas (sic)……..pasando de hombro en hombro rodeado de gente eufórica y feliz”.

Una cosa por lo menos me queda claro. Están todos como dando vueltas alrededor de un agujero negro sin saber exactamente qué es lo que les espera del otro lado de ese gusano espaciotemporal.

Y otra cosa es más o menos segura: gane quien gane el año que viene, se acabó la era de La Singularidad; de los autoaplausos a la hora de votar leyes por mayoría absoluta; de construir esas bóvedas-mausoleos millonarios y corruptos donde descansan tanto restos mortales como lingotes de oro vivitos y coleando, diseñados por arquitectos de la corona.

Sí, se vienen tiempos de pactos y respiraciones pesadas para quienes ahora gobiernan o, mejor dicho, intentaron alguna vez gobernar y que, encima, piensan en volver a gobernar… o algo así.

Y las comparaciones odiosas son mi debilidad. Entonces con su solapada candidatura Horacio Rodríguez Larreta podría ser la versión criolla y fundida de C3PQ. Y el senador Martín Lousteau tranquilamente Luke Skywalker. Y Luis Juez como Hans Solo. Y Javier Milei tranquilamente podría ser, depende quién lo mire por supuesto, Obi-Wan Kenobi o el emperador Palpatine. Para todos ellos, Miguel Ángel Pichetto es Bobba Fett. Y Cristina Fernández de Kirchner es, por supuesto, Thanos.

Mejor no pensar mucho en eso porque me deprimo, pero no, no hay caso, cada mañana prendo la radio en la que se habla de la guerra en Ucrania, guerras informáticas y delitos acordes, cielos invadidos de drones comerciales (y terroristas) y de la existencia de nuevos algoritmos listos para reemplazar al hombre por acá y por allá mientras el cambio climático nos debería obligar a mirar mundos alternativos antes de que terminemos con este. A todo esto, expertos en armamento se reúnen cada tanto para discutir sobre los riesgos de diseñar robots con capacidad de decisión, especialmente los de uso militar.

 Y uno de los lugares comunes de este tema, desde los tiempos de Asimov me resuena en la cabeza: ¿puede una máquina creada por el hombre decidir sobre el destino de ese mismo hombre? Y ya lo dije varias veces en este espacio en el que se me da por escribir cada tanto, ya saben: HAL 9000, Skynet, los Cylons, Matrix... Mejor, por las dudas, no, ¿no?

El año que viene, después de las elecciones presidenciales, en cualquier caso, otra vez serie nueva de la saga de Star Wars. Y hace mucho tiempo, en una galaxia muy pero muy lejana….

Tantos, demasiados humanos desorbitados, usando esa frase-pregunta Spinetteana de si “todo tiempo por pasado fue mejor”, y respondiéndose que con ellos se estaba mejor. Con estos, con aquellos:

Menem como El Guasón.

Y Videla…sin duda, Darth Vader.

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Ale The Rose

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