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Grupo Árbol: “Ahora vienen disfrazados de inversionistas”

19/09/2023
Grupo Árbol: “Ahora vienen disfrazados de inversionistas”

¡Sí, hay algo que puedo hacer!

¡Sí, hay algo que por todo lo que me reste de vida, le voy a Agradecer!

A no quedarme más callada. A que cada vez que veo masacrar un árbol, puedo decir “¡BASTA!”.

A enseñar, a trasmitir este ¡AMOR a los ÁRBOLES!

A mostrar, a denunciar, a organizar, a preservar, a defender, a explicar, a escribir, a filmar, a fotografiar, a ser creativa para decir lo que está pasando aquí en mi pueblo, en el bosque que elegí para vivir, el bosque al que me trajeron mis ángeles, donde vive mi hija hada, y mis otros hijos vienen a disfrutar. Adonde quiero que mis nietos por llegar, encuentren árboles, duendes y devas. Que aprendan a amar la Tierra, a diferenciar un caracolito de una estrella, donde la PAZ sea posible. Donde el hermano árbol sea tan valorado como un perro chueco o un niño travieso. Que entre todos entendamos que nadie es más importante que ninguno, que nos necesitamos todos, aunque por distintas razones. Que por algo el Creador nos puso en el mismo plano, nos dio la misma Vida, con distintos talentos para expresar bellezas y dones, nuestras sapiencias y nuestros esfuerzos por crecer, para cocrear, para encontrarnos, ¡para disfrutar!

Nadie nos autorizó el derecho sobre la vida de otros, aunque lo hayamos tomado sin permiso desde el comienzo de la humanidad. Ya pasaron los faraones, los señores medievales, los invasores, los qué de una manera u otra, hicieron la guerra, las cruzadas, la inquisición, las dictaduras, los totalitarismos o ejercieron la esclavitud. ¿Debo escribir en pasado? ¿O lamentablemente estas actividades, aunque encubiertas, siguen existiendo? ¿Quiénes son los nuevos victimarios? ¿Cuáles, sus presas? Todas tienen en común la prepotencia, el engaño, la desinformación, el abuso inconsulto de unos sobre otros, la indefensión de los avasallados, la soberbia, la agresividad, el sentirse victoriosos.

Ahora vienen disfrazados de “inversionistas”.

 

Como pagan por un pedazo de tierra, se creen con derecho a todo, y a todos los que allí estén. Si es un pueblo, lo inundan, si hay un río, lo corren, si hay árboles los talan, agujerean montañas, buscando el maldito oro. ¿Taparían luego el Sol porque les da demasiado calor?

Si hay un Código de edificación, lo modifican, en pro de obtener más metros cuadrados cubiertos, ergo facturables. Por extensión, deben correr la molesta o amenazante naturaleza. Lo verde no les suma, solo el billete papel en la cuenta bancaria. Prefieren el aire acondicionado envasado, que un árbol en libertad de movimiento. Poner black out, que las sombras de las ramas en los vidrios. Asfaltar, que caminar sobre crujientes caminos de hojas ocres. Mirar videos en maquinolas, que un rojo atardecer. Ponerse alarmas, que escuchar los pájaros y conocer sus costumbres. Comer enlatados, que recoger frutas silvestres en un paseo matinal.

Entonces yo me pregunto: ¿Para qué vienen al bosque?

Si los árboles los amenazan, los animales les dan miedo, los insectos, asco, la tierra ensucia, la lluvia los deprime, el silencio los enloquece, la soledad los atormenta, la oscuridad los desafía, el aroma de las plantas queda afuera de sus encierros, entonces, ¿Para qué vienen al bosque?

Huyen de las megaciudades por la inseguridad, y llegan acá, a poner garitas, rejas, cámaras, señales inalámbricas, pólizas de compañías aseguradoras, y cuanto chiche los haga sentir más estables. Entonces, ―¿Para qué vienen al bosque? 

Ya no quedan palenques para atar caballos, pero eso no quiere decir que esté permitido estacionar en doble fila. Tocar bocina espanta a las lechuzas, y lanzar fuegos artificiales en eventos de inauguración, a cuanto pájaro cruce el cielo.

Los ciervos y los pumas son atropellados en las rutas, cuando bajan al anochecer a beber al lago. Luego en el diario aparece la noticia que el conductor y familia perecieron al ser “sorprendidos” por los animales. ¿A cuánto manejaba el señor? ¿No sabía que estaba en territorio ajeno? ¿Quién decidió asfaltar la ruta de los animales?

¿Progreso vs retroceso?

A los ambientalistas nos acusan de frenar el futuro. ¿El futuro de quién?

A este paso, poco bosque queda. Seguirán las avalanchas de aludes y nieves, el desborde de ríos, arroyos y lagos, tierra empobrecida para cultivos, nada de frutos silvestres. Vientos imparables, ni tecnología que borre la tristeza.

Estos “inversionistas” que vienen al bosque a hacer negocios, ¿entenderán algún día, antes que sea tarde? ¿Podrán apreciar algo sin culpas, por el avasallamiento realizado? ¿Despertarán su conciencia, algún día? ¿Remediarán con soluciones que  no imagino?

¿Cómo sustituir árboles de trescientos años, con rosales de cincuenta centímetros? Ni Versalles puede igualar a la Selva Negra vienesa, ni un rap jamás sonará como Bach o una orquesta sinfónica.

El oxígeno que producen los bosques nativos es vital para el planeta, no así un jardín, ¡ni siquiera una cancha de golf!

Para no pensarlo en términos utilitarios: la belleza silenciosa de los claroscuros de un bosque al atardecer, con el brillo de la luna posada en los cerros, las piedras danzarinas del torrente, las liebres corriendo a esconderse, y un amor en tu mano entrelazada, serán eternamente un paisaje de plenitud, un lugar/tiempo donde el espíritu se ensancha, donde el alma agradece, donde se acerca a la Creación.

El “eternamente” es un voto de esperanza. Es un llamado a la reflexión, ¡es un pedido urgente a la humanidad! Es una convocatoria a los corazones, a la inteligencia, a la piedad, a la creatividad, a las comunicaciones, al esfuerzo conjunto, ¡a la hermandad! como les decía San Francisco de Asís.

¡No nos roben el Amor!

Nos necesitamos entre todos. Mejor dicho, nosotros, los humanos, necesitamos a la Naturaleza. Ella no a nosotros. Existe desde hace billones de años, y de una forma u otra, continuará, muy a pesar nuestro. Somos nosotros los responsables de permanecer junto a ella, si es que realmente nos importan los humanos, o la vida de nuestros sucesores, o por si volvemos por acá, en otro viajecito…

Por eso, ¡ni uno menos! Por favor, muchachos, ¡Recapaciten! Infórmense, edúquense, ejerzan el ¡AMOR a los Árboles!

Si no, por lo menos, ¡quédense en donde no destruyan el bosque!

 

Extracto de “SER LA VOZ de los Árboles” Edit. Punto y aparte

Autora María Viegas   @eraseunavezunarbol

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