CÁTEDRA DEL ROCK

Elogio de una etapa

En una "vuelta a las fuentes", Ale The Rose analiza la historia musical de Coldplay, una banda que prometió ser mucho más de lo que terminó siendo. Escuchálo a Ale los sábados de 10 a 13 por FM Andina 97.3.
Elogio de una etapa
24/08/2018
C

uando decidí, hace como nueve años atrás, escribir para el diario, fue con la excusa de poner en palabras aquella música que suena y haya sonado alguna vez por el mundo y, claro, opinar al respecto. Y así mi “carrera periodística” empezó una primavera de 2009 con una reseña del recital que Charly García presentó en la cancha de Velez. Así y todo, por muchos lugares se dijo una y otra vez eso de que no tiene sentido andar escribiendo sobre lo que anda sonando.

Y Frank Zappa lo dejó clarito en un par de citas que se citan cada tanto, cuando dijo eso de: “La mayoría del periodismo de rock está hecho por gente que no sabe escribir, entrevistando a gente que no sabe hablar, para gente que no sabe leer” y, quizá la que más me toca de cerca es esa que reza: “Escribir sobre música es como cantar sobre arquitectura”.

Acá estoy 9 años después insistiendo con escribir sobre lo sonoro. Y tratar de entenderlo. Porque hay que decirlo, hay un momento tremendo en la vida que es ese en el que algo que te gustaba mucho de pronto te parece horrible. Es duro y difícil admitirlo, lo sé. Y no vale poner excusas como esa del tipo científica que dice que, este organismo nuestro cambia sus células cada diez años aproximadamente y así nos vamos volviendo personas completamente diferentes, pero de todas maneras las del cerebro permanecen. Y justo ahí, en el cerebro, es donde habitan misterios insondables, como esos sobre lo que nos gusta o no nos gusta más, y en todo caso, para más información al respecto dirigirse a la genial película "Intensa-mente" de Pixar y tal vez ahí saquemos algunas conclusiones.

Y el tiempo pasa, nos vamos poniendo tecnos.

Me acuerdo exactamente el momento preciso, aquel en el que Coldplay empezó a gustarme. No un poco sino mucho. Fue como una reacción química, de esas que se provocan por una combinación de circunstancias. Todavía mi estancia era en la Buenos Aires pre crisis del 2001 y en uno de esos canales de televisión, que por aquellos años se dedicaban todo el día a pasar videos musicales y no justamente bobadas raras en modo reality shows…decía, en uno de esos canales, una tarde vi un video genial, muy simple y evidentemente sin mucho gasto, de una canción magnífica. Siempre fui y voy a ser un fan de ese tipo de videos baratos pero con una buena idea. Ahí había un chico muy jovencito él (y sí, hay que decirlo, yo ya estaba en esa edad en que los rockeros empezaban a estar bastante más frescos que uno) y el pibe andaba caminando por una playa, en ese momento exacto cuando está por amanecer y de fondo sonaba una canción muy buena que no llegué a leer ni el nombre del tema, ni de la banda, que generalmente aparecía en la parte de abajo de la imagen del televisor.

Tampoco supe si en realidad era una banda o un solista, pero en la letra, tan emocionante como sentida a la vez, se repetía todo el tiempo la palabra “yellow” y supuse que capaz ese podía ser el título. Y busqué, busqué y llegué hasta Coldplay. Y ahí nomás a los días conseguí el CD "Parachutes" que contenía este tema y, de paso, también me hice de un par de grabaciones de fines de los ’90 que habían sacado en modo independiente.

Promediaba el 2001, el país se estaba cayendo (una de las tantas veces), en mi cabeza se estaba definiendo el emigrar hacia el sur, un nuevo milenio acababa de inaugurarse y este “Parachutes” estaba más que bien, fue un excelente bálsamo al descontento general y la verdad también un gran álbum debut para los chicos londinenses de Coldplay. Y ok, no puedo decir que el disco estuvo a la altura de estrenos inolvidables como "Yes", de Yes; o "The Piper at the Gates of Dawn", de Pink Floyd; o “My Generation” de The Who; o "Please Please Me", de The Beatles; o "From Génesis to Revelation” de Génesis; o "Led Zeppelin I"; de Led Zeppelin; o "Pablo Honey" de Radiohead. Pero sí tranquilamente a la altura de otros estrenos esperanzadores como "Dire Straits" de Dire Straits; o "Pretenders" de Pretenders; o del muy buen comienzo con “Good Feeling” de Travis.

En ese disco había algo simplemente…hermoso, había mucho para sentir, buenas, oscuras y melancólicas melodías que resultaban en canciones, simples y a la vez complejas. Y así fue que en mi viaje en auto de Buenos Aires a Bariloche, “Parachutes” fue uno de los CD’s que formaban parte de la banda sonora del traslado. Y mientras iba llegando, rodeado de montañas, con el gran lago Nahuel Huapi y ese aire fresco, Chris Martin cantaba en el estribillo de “Don’t Panic”: “We live in a beautiful world”. Y mirando todo eso, era verdad o, al menos, sonaba como que así era.

Después confirmaron el camino con el minimalista, poderoso, melancólico y definitivamente maduro "A Rush of Blood to the Head" del 2002. Temas tremendos, del primero “Politik” al undécimo “Amsterdam”. Un obra perfecta. Y la cosa siguió con "X&Y" en 2005 y el efecto se mantenía con canciones como “Square One”, “A Message”, “Til Kingdom Come” y, especialmente, en la bella sin dudas “Fix You” que ahora, poniéndola en perspectiva, significó el principio de los problemas. Porque esta especie de himno se convirtió como tal y convirtió a Coldplay en especialistas del rock-reparador-sanador o algo así como la contracara de la depresión compulsiva de Radiohead. Y así Coldplay trepó vertiginosamente hasta la cumbre envenenada de ser los nuevos U2, con todo lo que eso significa tanto para bien como para mal. Más mal que bien.

Y llegó el 2008. Y en ese año llegaron "Viva la Vida or Death and All His Friends" primero y después "Prospekt’s March" que, ni con todo el talento de Brian Eno en la producción, se podía esconder que ese doblete se había agarrado bien fuerte, para ya no soltar nunca más, el odioso “oh-oh-oh-auuuú” como idioma élfico obligado para ser cantado a coro por sus fanáticos en los multitudinarios shows por todo el mundo. Ah, pequeño detalle, a esta altura de la historia, el bonito de Chris se casó con esa especie de mantis-religiosa que es Gwyneth “Pepper” Paltrow y claro, sintió que el mundo entero tenía que enterarse de la felicidad que lo invadía al estar con su Yoko Ono.

Y así, Coldplay mutó a una especie de mix grotesco pero a la inglesa, de Palito Ortega con Ricky Martin y la cosa se complicó todavía más. Primero, el inentendible concepto de tapa tipo graffiti/sci-fi del disco "Mylo Xyloto" de 2011 y segundo con la insoportable letanía-batucada “Every Teardrop is a Waterfall” con Rihanna como cuerpo invitado. Cuando se supo que Chris y Gwyneth decidieron poner fin a su historia en modo “conscious uncoupling” o lo que eso signifique, las cosas prometían mejorar pero no: se editó "Ghost Stories" en el 2014 y no fue ni por asomo, a la hora del álbum divorcista, lo que significó el "Rumours", de Fleetwood Mac por citar alguno creado en las mismas condiciones.

"Ghost Stories" fue simplemente, uno de esos discos en donde promediando, se pone aburrido pero claro, para la altura de “A Sky Full of Stars” ya están todos dando saltos, moviendo las patitas y otra vez aquel mantra élfico de más arriba.

Y llegó aquel Diciembre del 2015 con presidente nuevo acá para que todo cambie, ponéle. Y también apareció "A Head Full of Dreams" con la ilusión aparente de que todo vaya a cambiar. Y traté antes de escucharlo, informarme un poco con declaraciones y explicaciones que la banda hizo en cuanto a que si "Ghost Stories" era “nocturno”, "A Head Full of Dreams" es soleado y festivo con títulos como “Fun”, “Amazing Day” o “Hymn for the Weekend” y ya me agarraba la cabeza. A todo esto me enteré que en el disco aparecían Beyoncé, Noel Gallagher, Barack Obama (sí, Obama) y, claro, Gwyneth Paltrow, porque ella y Chris se seguían llevando tan pero tan bien. Y claro, el doloroso y pesadillezco pero a la vez tan pero tan feliz "A Head Full of Dreams” resultó un soberano desastre. 

Mejor me sirvo un Jack, y decidido a recuperar el tiempo perdido, a tratar de volver a verlo todo de color amarillo, a sentir lo que sentí en aquella etapa y que me gustaría seguir sintiendo. Junto a Chris en “The Scientist” tantas veces canté a plena voz eso de “Take me back to the start”, que cada vez se hace más duro darme cuenta de que nunca más va a pasar. Lo pasado, pisado está y este fue el elogio de aquella etapa.

Pero soñar es gratis y todavía tengo suficiente Jack para seguir esperando que algún día Coldplay me lleve de vuelta al comienzo.

 Ale The Rose

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