King Crimson: Una Corte Carmesí
Veo a Lucas que ya tiene 14 años o a cualquier otro chico de esa edad con similares inquietudes, y me acuerdo cuando, también con esos años, mis oídos y mi atención se centraban en la música. Uno a esa edad es una esponja, absorbe todo, toda cultura que ande suelta, toda enseñanza dentro de casa, mala o buena, no importa, pero absorbe. En definitiva, conforme los años pasan vas entendiendo que uno es el resultado de la crianza que tuvo. Hay señales, marcas grabadas a fuego, que fueron templando nuestro ser y
generalmente, uno es según lo que mamó. Claro que, por diversas cuestiones, no todo chico tuvo o tiene la posibilidad, o suerte a veces, de acceder a cierta literatura, paz familiar, educación o simplemente, alimento. Dejando ciertos asuntos que el estado debería atender, entre otras cuestiones, ha habido históricamente situaciones puntuales drásticas y definitivas a la hora de apuntar a un rumbo inequívoco.
Cuando Robert Fripp tenía once años su mamá le puso en el arbolito de navidad una guitarra y, a partir de ese momento, fue un vínculo parecido a una soldadura, eterno. Estudió mucho, al margen de la gran facilidad y oído que tenía, ya en su casa escuchaba lo que su padre disfrutaba: el Jazz. Elvis lo hizo sonreír y no fue hasta los 21 cuando sucedió lo culminate. A esa altura trabajaba como músico en un Hotel de Porstmouth en una banda que entretenía a los pasajeros y también, con la misma banda, en un cabaret. Una noche volvió tarde a su casa después de un día agotador e hizo lo que siempre: prendió la radio para escuchar algo mientras se preparaba algo para comer. De repente escuchó una música terrible que al final de una orquesta aterradora, un acorde de piano marcaba el fin de la obra. Eso que había escuchado era Sgt. Peppers
.. de los Beatles y a partir de ese momento encontró el sentido musical a su vida. Eso sucedió en 1967. Para fines de 1968 crea a la banda que me enorgullece presentarles hoy: King Crimson.
Esta no es exactamente una banda de rock. Más bien es una institución. Les diría que también es una escuela de pensamiento musical. A lo largo de sus cuarenta años de existencia, el Rey Carmesí no ha sido tan solo una banda más del rock progresivo, nada de eso, sino que ha logrado crear y sostener un paradigma musical extraordinario y único, una filosofía íntegra y distintiva en el modo de utilizar los instrumentos y componer piezas que ningún otro grupo soñaría jamás con imitar. Podría decirse que King Crimson ha inventado un género propio, que si bien ha servido de influencia para incontables bandas modernas, jamás ha trascendido las fronteras de la propia banda, perdón, de la institución.
Esta es una de esos grupos que, al poco tiempo de aparecer, primero impresionaron a los músicos de su generación y, después, llegaron al gran público. De hecho, fueron invitados de honor de los Rolling Stones, cuando la formación solamente contaba con seis meses de vida, para actuar en el festival gratuito de Hyde Park de Londres, en julio de 1969 y se fueron ovacionados. En el mes de octubre de ese año salió a la venta su disco debut. Es alucinante, dijo hace poco Robert Fripp, que cuando se grabó el disco la banda llevase apenas nueve meses de vida. Tras haber sido contratados por Atlantic Records, el disco que vio la luz fue: In The Court Of The Crimson King.
Él fue el ideólogo principal de esta maravilla, sin lugar a dudas uno de los guitarristas más virtuosos y orginales que me ha tocado escuchar. Cuando este tipo tiene una guitarra en la mano sí que puede ser un verdadero filósofo. Un filósofo de la música, capaz de alcanzar con sus exploraciones aquellas regiones oscuras, aquellas zonas extremas, y hasta peligrosas, que el rock revela solo a ciertos iluminados.
El disco salió el mismo año en que el hombre pisó la luna, y, que curiosa y paralelamente, es capaz de trasladarnos a millones de kilómetros de la tierra desde el primer acorde. Este no es un álbum más de rock progresivo, es EL álbum, el modelo que han usado centenares de bandas para emprender un camino. Y es que este disco se cae sobre uno, se derrama de a poco encima tuyo como un río de colores, matices, emociones, hasta dejarte exhausto. Eso no quiere decir que sea denso, todo lo contrario, entra solo, no cuesta nada escuchar de un tirón los 5 temas, largos, variados y de una complejidad compositiva asombrosa.
Las influencias del jazz, del hippismo, de la fantasía, y seguramente del LSD, provocaron que el rock de este disco estalle en tu cabeza en multitud de tonalidades, proporcionándote una de las experiencias musicales más emocionantes que se han grabado. ¿Quiénes son los que tocan? Robert Fripp en guitarras, Ian McDonalds en mellotrón y vientos, Greg Lake en bajo y Michael Giles en batería, lo cual visto en retrospectiva es una flor de formación que hizo cosas que ningún grupo pudo repetir y, ciertamente, ningún grupo hizo antes. Es decir: no solo marcó las pautas para el rock progresivo, sino que también delimitó el estilo particular con el cual King Crimson se movería dentro del género. No hay que olvidarse que es un álbum debut de lo que estamos hablando. Estos cuatro tipos se juntaron por vez primera, se animaron a lo que poquísimos grupos se han animado en la historia y sacaron de la galera un estilo impresionante y completamente rompemoldes que cambió el curso de la música rock: de éste álbum salieron los mejores de Yes y Genesis, y de manera menos obvia, también algo de Pink Floyd y muchas otras bandas.
Suele ocurrir que muchas obras que resultan muy influyentes en su momento son superadas y ampliadas con el correr de los años. No es este el caso; In The Court
. no solo marca el inicio de la era progresiva, sino que además es su pico, o en todo caso, su quintaesencia. No quiero decir que sea el mejor álbum de rock progresivo de la historia (Selling England By The Pound, Animals, Fragile son igual de impresionantes) sino que no hubo una evolución posterior significativa en lo que a rock progresivo se refiere. Aquí están todos sus elementos constitutivos: virtuosismo, grandilocuencia, experimentación, canciones largas y de varios segmentos distintos, mellotrones a granel, letras pretenciosas, obsesión con lo medieval, influencias de la música clásica y el jazz, conciencia de estar haciendo alto arte... etcétera. El rock sinfónico clásico tal como se lo entiende nunca se apartó mucho de estas normativas, y todas están acá, alcanzando su mayor expresividad y elocuencia. En definitiva: no hay rock progresivo mucho más avanzado o mucho mejor que éste; estamos hablando de uno de los álbumes verdaderamente revolucionarios de la historia del rock. La mejor forma de definir la música de Fripp y compañía es como una especie de ensayo académico y científico sobre el arte musical; así como Bach en su época, King Crimson de alguna manera hace de la música una ciencia además de un arte.
El tema que abre esta obra es 21st Century Schizoid Man, una pieza salida de otro mundo sobre la cual Pete Townshen dijo: Este grado de intensidad es música, no es rock. Este tema suena sin parar un billón de veces, y cuanto más la escuchas, un billón de veces más te produce el mismo impacto. Tiene que ser el riff más salvaje que se ha grabado en un vinilo negro desde la Sinfonía nº8 de Gustav Mahler. El disco incluye uno de los temas más gloriosos de la historia: Epitaph y cierra con The Court Of The Crimson King majestuosamente. Es de destacar el gran acierto de la tapa, una maravilla que merece especial atención, donde solo aparece la cara de una persona gritando de forma desgarrada, sin el nombre del grupo ni el título.
Pocos discos conservan después de tantos años, la frescura y originalidad de éste icono de la música más perfecta. Escucharlo ahora puede parecer que sea una grabación de hace poco tiempo. Y es que las obras maestras son atemporales.
Ale The Rose