2014-04-02

“Si los recuerdos y las culpas quieren venir que vengan... Les presentaremos batalla”

Imperdible Carta Abierta de Alfredo Leuco escrita en el 2009 sobre los héroes de Malvinas y los terroristas de estado que armaron la guerra para perpetuar la dictadura militar en el poder y limpiar la “guerra sucia” con una supuesta “guerra limpia”.

Parece mentira que haya pasado tanto tiempo y Malvinas todavía siga siendo un espejo roto de nuestra historia en el que los argentinos nos resistimos a mirarnos. Parece mentira pero ya pasaron años y Malvinas todavía es una palabra y un drama que no encolumna detrás a la gran mayoría de nuestro país que en gran medida siente esa guerra como algo ajeno.
¿O es que hay algo más doloroso y sagrado que la muerte en una guerra perdida para una Nación? Ya pasaron 27 años (N.de R: la carta fue escrita en el 2007) y Malvinas todavía sigue siendo un dolor incomprensible que no cesa y una profunda asignatura pendiente de esta sociedad. Pero no se puede ir contra la historia ni contra la memoria colectiva. El 2 de abril es sinónimo de Malvinas. Porque ese día fue el desembarco. Ese día comenzaron a morir los soldados argentinos. Ese día empezó el drama. Y por eso esta fecha debe ser la fecha de los que combatieron, de los que combatieron y murieron y de los que lloramos a los que murieron y de los que repudiamos a los jefes que los mandaron a la muerte. No hay que confundir las cosas.
El 2 de abril debe ser nuestro día de luto. Nuestro día de reflexión para pensar en la patria. Pero en la verdadera patria. No en la de Galtieri, Menéndez o Astiz, el lagarto cobarde que se rindió al primer amague. Es verdad que el ex general majestuoso Leopoldo Fortunato Galtieri borracho de soberbia y no solo de soberbia tomo un día la determinación con el objetivo de perpetuar la dictadura que se caía o de huir hacia delante. Es verdad que Galtieri y la cúpula que lo acompaño tuvieron un nivel de irresponsabilidad despreciable. Y no lo digo yo. Lo dijo la propia comisión rattenbach formada por las mismas fuerzas armadas y que fue una prolija instrucción de 30 mil páginas que recomendó la pena de muerte para Galtieri, Anaya y Lami Dozo por las aberraciones que habían cometido.
Todo eso es verdad. ¿Escuchó bien lo que le dije?
¿Se acuerda de esto que le estoy recordando y que muchos no quieren recordar? Las propias fuerzas armadas argentina recomendaron la pena de muerte para galatieri, anaya y lami dozo.
Yo no le hablo de reinvidicar a Galtieri que su único objetivo fue tratar de limpiar la guerra sucia con una presunta guerra limpia... Todo lo contrario. Yo le hablo de los cuadros militares como el general martín balza o de los valientes y capaces aviadores o de los soldaditos correntinos que murieron congelados en sus trincheras gritando un sapucai como un alarido de identidad. Yo recuero a los que lucharon con dignidad. Los ex combatientes son la contracara de los terroristas de estados.
Los pibes murieron por la patria y los dictadores mataron a la patria. No hay porque confundir las cosas.
Si los recuerdos y las culpas quieren venir que vengan... Les presentaremos batalla.
Nosotros necesitamos por lo menos un día para pensar en ellos. En esos muchachos que fueron sin entrenamiento y sin el armamento necesario. En esos chicos estaqueados por robar la comida que les habían robado a ellos. En tantos colimbas que murieron sepultados en el mar con el hundimiento del Belgrano.
En esos hijos de la argentina más humilde que como siempre fueron los primeros en morir. Igual que ahora. Así en la guerra como en la paz, el hilo siempre se corta por lo más delgado.
A ellos les debemos una explicación histórica. A ellos debemos pedirles perdón por la forma en que los mandaron al frente y por la forma en que los escondieron en el fondo a su regreso como si fueran delincuentes. Entraron por el patio de atrás, casi clandestinos. Y estuvieron dos días sin poder ver a sus familiares desesperados porque en muchos casos ni las cartas les habían llegado. Los escondieron debajo de la alfombra como si fueran basura de la historia. Si hoy todavía andan a los tumbos... Todavía andan presos de tanto horror. Mendigando trabajo o una moneda en las esquinas del semáforo. Hoy todavía andan aterrados porque a los que van a una guerra con suerte se les enseña a matar pero no se les enseña a seguir viviendo después de haber matado o después de haber sobrevivido a la muerte de un compañero. Por eso hoy todavía andan marginales y marginados por la sociedad que les sigue dando la espalda en lugar de mirarlos a los ojos y abrazarlos como hermanos .por eso hoy se derrumban viendo como cientos de compañeros siguen cayendo asesinados por el suicidio tan lejos del campo de batalla y a 27 años de distancia .
Es la patria que se suicida sin atención sicológica. Sin atención social. Muertos en vida. Mutilados....dudando de los cantores de himnos que dicen de la boca para afuera o juremos con gloria a morir y no son capaces de homenajear como corresponde a los que supieron cumplir con ese juramento y murieron con gloria.
¿Yo argentino? ¿Si te he visto no me acuerdo?
 Los que combatieron dignamente allá en Malvinas muy por el contrario son héroes silenciosos y son nuestra gran deuda ética. Nunca podemos comparar a unos con otros aunque hayan vestido el mismo uniforme.
Por eso Malvinas es el gran espejo roto de nuestra identidad. Por eso es tan difícil mirarnos de a pedacitos, quebrados y desperdigados.
Por eso Malvinas muestra nuestras miserias y nuestras grandezas. Es la cara y cruz de lo que somos. La cara que mostramos y la cruz que llevamos. Las dos caras de la moneda. El coraje y la cobardía. El héroe y el traidor. Los dictadores y los combatientes.
Las dos islas que son un solo corazón. La melancolía de la soledad y la euforia de la Gran Malvina. Las escarapelas en el pecho sobre un guardapolvo duro de almidón temblolorso, el pelo engominado, los zapatos bien lustrados y la celeste y blanca que sube flameando segura...
Segura de que algún día dejaran ser nuestras hermanitas perdidas.
Segura de que tras un manto de neblina no las hemos de olvidar porque solo le pedimos a dios que la guerra no nos sea indiferente. Ya se sabe que es un monstruo grande que pisa fuerte.
Alfredo Leuco

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