MISTERIOS PATAGÓNICOS
La historia del nazi sepultado en Clemente Onelli que salió a la luz 60 años después
El 15 de febrero de 1953, a las 23:15 horas, un pasajero falleció repentinamente de un infarto de miocardio mientras viajaba en tren desde Bariloche hacia Buenos Aires. El convoy atravesaba la estepa patagónica cuando, según reconstruyó el periodista Carlos Espinosa en el libro La 23. De la cordillera al mar de Jorge Piccini, “el hombre volvía de unas vacaciones familiares en la cordillera, acompañado de su esposa y sus hijos de 10 y 5 años”.
Al llegar a la estación Clemente Onelli, el guarda determinó que “hay que bajar el cuerpo, el tren no se puede detener más de tres minutos”, relató Espinosa. El jefe de estación, el encargado de la estafeta Selem Chaina y el agente de policía José María Cumilaf se hicieron cargo del cadáver. Temiendo una rápida descomposición, un vecino construyó un ataúd y lo sepultaron sin ceremonia en el cementerio local, bajo una cruz con la inscripción NN.
La identidad revelada
Días después, Eduarda Hernández de Chaina, responsable del Registro Civil, recibió los datos: Wilhelm Engelhardt, nacido el 5 de abril de 1909 en Núremberg, residente en Olivos, Buenos Aires. El acta de defunción fue firmada por el médico Jorge Marcelo David, testigo del hecho.
Un año más tarde, el inmigrante alemán Federico Dominick costeó la construcción de una tumba y la colocación de una lápida con su nombre.
El viaje de una hija desde Viena
En 2013, Kristin Engelhardt, hija del fallecido, viajó desde Viena hasta la Patagonia para reconstruir la historia. “Recién a los 40 años empecé a preguntarme por la muerte de mi padre, que era un recuerdo borroso, sepultado por el silencio de mi madre”, contó a Espinosa en una entrevista para Télam.
Kristin relató que su padre había sido ingeniero en radiotelegrafía, con grado militar y afiliación al partido nazi, aunque sin condenas por crímenes de guerra. Llegó a Argentina en 1949, trabajó en la Marina, en Siemens y fue docente en la Universidad de La Plata.
Hipótesis y misterio sin cerrar
Si bien la causa oficial fue un infarto, Espinosa recogió testimonios que sugieren otras posibilidades: desde una fuerte discusión con su esposa por su hábito de fumar, hasta un presunto envenenamiento debido a su pasado militar. Ninguna de estas versiones fue confirmada.
La tumba de Wilhelm Engelhardt, aún visible en Clemente Onelli, sigue siendo objeto de curiosidad y leyendas locales.
Fuente: Adrián Moyano / el Cordillerano
Foto: Jorge Piccini.