2025-12-03
VILLA OLÍMPICA
Soledad Alviso: "Si yo pude, cualquiera puede solo hay que animarse"
Por Chachi Pereyra
Hay historias que nacen en silencio, lejos de los podios y las cámaras, y que encuentran en el deporte un puente para volver a sentirse vivas. La historia de Soledad Alviso, corredora de trail que hoy se volvió referencia para muchas mujeres de Villa La Angostura, es una de ellas. Una historia que comenzó hace apenas dos años, movida más por la necesidad de sanar que por la búsqueda de un resultado.
Correr para salir del pozo:
Antes de las medallas, antes de los podios y antes de los 50 o 70 kilómetros, hubo una mujer que estaba atravesando “procesos tristes”, como ella misma describe. El running apareció ahí, como una terapia inesperada.
Empezó con 5 kilómetros, luego 10. Después vinieron los primeros 15, luego 20, y un día se animó a la Epic, donde completó 50 km. Con cada meta, un descubrimiento: sí podía. Y si ella podía, otras también.
Pero la transformación más profunda no fue deportiva: Soledad bajó casi 30 kilos, recuperó su autoestima y encontró una versión suya que no conocía. “Hace dos años atrás pesaba 90 kilos. Hoy puedo decir que soy feliz. Recuperé un montón de cosas que creía perdidas como mujer”, contó, entre lágrimas, en la entrevista.
Entre la montaña y el aliento de la gente:
El acompañamiento afectivo se hizo fuerte: corredores, amigos, chicas del gimnasio, gente de los puestos, desconocidos que repetían un “dale, Sol, vos podes”. Ese cariño improvisado terminó convirtiéndose en una nueva familia junto a sus hijos y pareja.
“No tengo a mi mamá ni a mis hermanos acá, pero el deporte me armó una familia nueva”, expresó. “Cada abrazo, cada mensaje antes y durante una carrera me emociona. Me sostiene”.
Ese vínculo se volvió motor: cada vez que duda, cada vez que la cabeza la traiciona, algo que reconoce que trabaja y que es parte de cada largada, piensa en quienes la siguen, en las mujeres que la escriben para decirle que la ven como inspiración.
Del Gran K a Brasil: romper límites una y otra vez:
2025 fue un año tan inesperado como trascendental. Soledad fue invitada a participar en el Gran K (21 km + 42 km), una doble exigencia que, a pesar del cansancio y la duda, terminó disfrutando: “No puedo creer que haya dudado de mí misma”, dijo sobre los 42 km del segundo día.
También corrió en Brasil bajo 40 grados, otra experiencia que la marcó y le confirmó algo: ya no hay límites que no pueda intentar atravesar.
En la Epic, alcanzó su mejor resultado: segunda en la general, algo que jamás imaginó. “Pensé que hablaban de mi categoría. Nunca de la general”, reconoce sorprendida.
Un sueño llamado Chamonix:
Corredora desde hace apenas dos años, Soledad ya sueña en grande: correr en Chamonix, Francia, una de las mecas del trail mundial. “Tengo hambre de esa carrera. Es mi sueño”, confesó.
Pero antes de eso, quiere cerrar otro capítulo personal: viajar a Paraguay después de 12 años para reencontrarse con su mamá. “Hace mucho que no nos vemos y hoy puedo decir que estoy en un momento hermoso de mi vida”.
Del silencio a la voz propia:
Lo más fuerte de su historia no pasa por los kilómetros recorridos, sino por el camino interno. A Soledad le costó, y mucho, escucharse. Recién después de su primer gran resultado, su mamá le dijo por primera vez “estoy orgullosa de vos”. Ese mensaje fue, como ella lo describe, “una cafeína para el cuerpo”.
Hoy, Soledad corre por ella, corre por sus hijos, corre porque encontró en la montaña un refugio y un motor. Pero también corre por las que la leen, por las que la escuchan, por las que necesitan saber que sí se puede.
“Si yo pude, si yo salí de ese lugar tan oscuro, cualquiera puede. Solo hay que animarse”, dice, con la voz entrecortada pero firme.
Entrevista completa:
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