SALUD
Consumo de sustancias en adolescentes: hábitos, usos y abusos
Vivimos en una sociedad de consumo, no sólo relacionado a las sustancias lícitas o ilícitas, sino al consumo de tecnología, indumentaria, medicación, ejercicio, etc. Es interesante partir de este concepto para entender que el consumo de sustancias no es un hecho aislado.
Constituye un fenómeno complejo, con múltiples manifestaciones sociales e individuales según el momento histórico, la cultura, el modelo económico y la situación particular de un país.
Desde tiempos lejanos las sociedades utilizan sustancias con diferentes fines: recreativos, místicos, de evasión o experimentación. Por consiguiente, los efectos de este uso van a depender de los diversos significados que les asignan los individuos y de las propias diferencias entre las sustancias.
No obstante, suele homogeneizarse el problema de “la droga” como si fuera un fenómeno único, atemporal y ahistórico.
Se considera “droga” sólo a las sustancias ilegales que se califican como “mortalmente dañinas”. Esa representación no tiene fundamentos desde el punto de vista del daño social, la nocividad o la dependencia. A “LA” droga se le asignan poderes y capacidades contaminantes, se la explica como algo “externo” a la sociedad que amenaza a la población “sana”.
“El lugar que una sociedad concede a las drogas, la percepción que tiene de ellas, la manera como tolera algunas y excluye a otras, se deben primero a su propio funcionamiento, a la manera como se representa como sociedad, y finalmente a las relaciones que las drogas mantienen con el imaginario social” (Joao Fatela).
La etimología de la palabra Droga viene del griego Phármakon: remedio y veneno a la vez. Entonces podemos entender que el nivel de daño de una sustancia en una persona va a depender de:
- Qué se consume: procedencia de la sustancia, composición química, efectos sobre el SNC, calidad, pureza.
- Quién la consume: las personas tenemos una realidad física y psíquica diferente unos de otros y reaccionamos de manera distinta a la misma sustancia en igual dosis. También existen diferencias por género, edad, sector social. El sentido que tiene para una persona su uso se relaciona con su historia singular.
- Cómo se consume: dosis, frecuencia, vía de administración, combinación.
- Cuándo y dónde: los escenarios del consumo condicionan el tipo de uso: no es lo mismo hacerlo sólo, acompañado, en ámbitos públicos o privados. Las leyes, las normas y valores sociales, el contexto social y económico modelan su significado.
¿Son todos los consumos iguales?
Hay usos dependientes, habituales, ocasionales y experimentales. Estos últimos son lo más frecuentes, sobretodo en la población adolescente.
¿Cuándo hablamos de dependencia física o psíquica?
El término implica una necesidad de consumir dosis repetidas de la sustancia para encontrarse bien o para no sentirse mal. Se define como un grupo de síntomas físicos, del pensamiento y del comportamiento. La persona empieza a vivir un deterioro en todas estas esferas pero sigue consumiéndola a pesar de las consecuencias adversas.
La dependencia psicológica o psíquica se refiere al deterioro del control sobre el consumo de la sustancia, mientras que la dependencia fisiológica o física se refiere a la tolerancia y los síntomas de abstinencia.
¿Cuándo hablamos de consumo problemático?
Es el tipo de consumo que atenta contra la salud y la construcción de proyectos de vida de las personas. Puede darse:
- en los diferentes niveles de consumo (experimental, habitual, etc)
- independientemente del tipo de sustancia consumida.
La posibilidad de que genere un mayor o menor problema, se relaciona con el vínculo que la persona establece con la sustancia en una determinada circunstancia vital, más que con las propiedades de las sustancias.
Datos del 7mo estudio nacional sobre el uso de sustancias psicoactivas en estudiantes de enseñanza secundaria de Argentina 2025 (Sedronar y Mrio de Salud):
Las sustancias más consumidas son: alcohol 57%, bebidas energizantes 38.2%, vapeador 16.7%, tabaco 13.8%, marihuana 8.5% y tranquilizantes 3.6 %.
El 75% de la población escolar consumió alguna vez bebidas energizantes y lo hizo por primera vez entre los 12 y los 13 años. Más del 72% consumió alcohol alguna vez y la mayoría comenzaron a los 13 años.
En los últimos años se mantuvo el consumo de alcohol como principal sustancia, aumentó el de bebidas energizantes y vapeo y disminuyó el de tabaco.
La construcción sociocultural que históricamente abordó la temática del consumo ha sido desde las dos lógicas que lograron la hegemonía en el tratamiento de estos temas: la sanitaria, que pretende su “cura” y la punitiva, que busca el “control”.
Se interpreta que el uso/consumo de sustancias genera “problemas” que conllevan un disciplinamiento social con estigmatización, criminalización y discriminación.
Esto genera una profunda segmentación social con la evidente labilidad para hacer frente a los problemas de salud en forma comunitaria.
En el 2014, se creó la Ley 26.934: Plan Integral Para El Abordaje de los Consumos Problemáticos:
Incorporó el modelo de reducción de daños: aquellas acciones que promuevan la reducción de riesgos para la salud individual y colectiva y que tengan por objeto mejorar la calidad de vida de los sujetos, disminuir la incidencia de enfermedades transmisibles y prevenir todo otro daño asociado, incluyendo muertes por sobredosis y accidentes.
Es importante como sociedad entender la diferencia entre individualizar para etiquetar vs. distinguir para cuidar. En la población adolescente el uso problemático de sustancias puede ser una situación de particular conflicto en un momento de la vida de los sujetos, sin significar una adicción o dependencia.
Los adolescentes están mirando el mundo adulto aunque no lo parezca. Somos ejemplo con nuestras palabras y acciones. Urge revisar qué opciones les estamos dando, qué lugar dejamos que ocupen y cuál es la valoración que hacemos sobre ellos.
“Es más fácil desintegrar un átomo que un preconcepto” Albert Einstein.
Victoria Testa
Médica pediatra (UBA)
Especialista en Adolescencia.