2026-09-13

ARQUITECTURA SUSTENTABLE

El bienestar también se puede medir

El Arquitecto Anibal Lening, explica cómo los espacios de trabajo pueden mejorar nuestra salud, nuestro confort y también nuestra productividad.

Pasamos cerca del 90% de nuestra vida en espacios interiores. Trabajamos, estudiamos, descansamos, compramos y nos relacionamos dentro de edificios.

Durante nuestra vida laboral, además, una parte muy importante de nuestras horas despiertos transcurre en lugares de trabajo. Por eso, las características de esos ambientes pueden influir mucho más de lo que imaginamos sobre nuestra salud, nuestro bienestar y también sobre nuestra capacidad para trabajar.

Pero hay dos cuestiones igualmente importantes: por un lado, cómo está diseñado y construido el lugar donde trabajamos; y por otro, cómo nosotros utilizamos ese lugar.

¿Puede un edificio ayudarnos a estar mejor?

Durante muchos años hablamos de edificios sustentables principalmente pensando en el impacto que producen sobre el ambiente: cuánta energía consumen, cuánta agua utilizan, qué materiales incorporan o cuánto contaminan.

Pero existe otra pregunta igualmente interesante: ¿qué impacto produce el edificio sobre nosotros?

A partir de esta preocupación se desarrolló WELL, un estándar internacional orientado a medir y mejorar las condiciones que afectan la salud y el bienestar de quienes utilizan los edificios.

Actualmente WELL analiza diez grandes aspectos: aire, agua, alimentación, iluminación, movimiento, confort térmico, sonido, materiales, mente y comunidad.

No se trata solamente de oficinas. Estos principios pueden aplicarse a prácticamente cualquier ámbito de trabajo.

El edificio importa. Pero también importa cómo lo usamos

Podemos tener un edificio muy bien diseñado y utilizarlo mal: tener ventanas y no abrirlas nunca, calefacción regulable y trabajar con temperaturas excesivas, espacio para movernos y permanecer horas sentados, o agua disponible y pasar toda la mañana sin hidratarnos.

Por eso, mejorar nuestros lugares de trabajo también implica revisar hábitos sencillos que pueden tener una gran incidencia sobre nuestro bienestar cotidiano.

  • Ventilar periódicamente. Abrir ventanas y puertas cuando las condiciones exteriores lo permitan. En lugares con varias personas, el aire puede deteriorarse rápidamente.
  • Controlar la temperatura. Un termómetro económico permite detectar si estamos trabajando con demasiado frío o demasiado calor.
  • Hacer pausas activas. Levantarse, caminar, elongar o cambiar de postura ayuda a reducir fatiga y sedentarismo.
  • Cambiar la forma de reunirnos. No todas las reuniones necesitan una mesa. Algunas pueden hacerse caminando y otras, si son breves, de pie.
  • Tener agua accesible y generar el hábito de beber regularmente durante la jornada.
  • Mantener orden y limpieza. Un espacio ordenado facilita las tareas, reduce interferencias y ayuda a sostener mejores condiciones sanitarias.
  • Aprovechar la luz natural. Ubicar correctamente los puestos de trabajo y evitar encender iluminación artificial innecesaria.
  • Salir o mirar hacia afuera. El contacto visual con el exterior, la vegetación y pequeños momentos al aire libre también contribuyen al bienestar.

¿Realmente influye sobre nuestro rendimiento?

Sí, aunque no conviene reducir todo a un único porcentaje. Distintos estudios han encontrado mejoras medibles en determinadas tareas cuando mejoran variables como la ventilación, la calidad del aire, el confort o las posibilidades de realizar pausas.

Como referencia, revisiones científicas sobre calidad del aire interior han observado diferencias del orden del 6 al 9% en algunos aspectos del rendimiento de oficina, mientras que otros estudios en edificios de alto desempeño registraron resultados superiores en pruebas específicas de función cognitiva.

Esto no significa que abrir una ventana nos vuelva automáticamente un 10% más productivos. Significa algo más simple: el ambiente en el que trabajamos afecta nuestra capacidad para trabajar.

Empezar por observar

No hace falta certificar nuestro comercio, escuela, taller u oficina con WELL para empezar a aprovechar estos conocimientos.

Mañana, al llegar a trabajar, podemos hacer un ejercicio sencillo: mirar la temperatura, preguntarnos hace cuánto no ventilamos, observar si realmente necesitamos todas las luces encendidas, escuchar cuánto ruido existe a nuestro alrededor, revisar cuánto tiempo llevamos sin movernos y tomar un vaso de agua.

La arquitectura puede ofrecernos mejores edificios. Pero nosotros también podemos aprender a habitar mejor los edificios que ya tenemos.

Muchas veces, mejorar nuestra salud, nuestro bienestar y nuestra forma de trabajar no empieza con una gran inversión. Empieza simplemente prestando atención.

Tres ejemplos de aplicación de WELL

Escuela – Untitled No. 1, Santa Monica, California

Centro educativo de primera infancia certificado WELL Gold. Es un buen ejemplo para hablar de aire, iluminación, materiales, movimiento y bienestar de alumnos y docentes.

Ámbito productivo – Haworth Kerry Center Organic Office & Showroom, Shanghái

Proyecto de una empresa industrial de mobiliario que incorpora criterios WELL vinculados a calidad del aire, ergonomía, movimiento y reducción del estrés.

Oficina – Cundall, One Carter Lane, Londres

Primera oficina WELL Certified de Europa. Trabajó sobre calidad del aire, ergonomía, iluminación, alimentación saludable, biofilia y monitoreo del espacio.

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