2026-10-06

MEDIOAMBIENTE

Grupo Árbol: Celebramos el día de creación del Parque Nacional Los Arrayanes

El área protegida fue creada el 11 de octubre de 1971 mediante la Ley N.º 19.292 para preservar uno de los bosques de arrayanes más puros y extensos del país. Con 1.796 hectáreas, forma parte de la Ecorregión Bosques Patagónicos y de la Reserva de Biosfera Andino Norpatagónica.

El Parque Nacional Los Arrayanes fue creado el 11 de octubre de 1971 mediante Ley N° 19292, para proteger uno de los bosques más puros y extensos de esta especie que existen en el país.

La superficie de este Parque es de 1.796 ha y forma parte de la Ecorregión Bosques Patagónicos y de la Reserva de Biosfera Andino Norpatagónica (2007).

Esta área protegida se encuentra dentro del Parque Nacional Nahuel Huapi. Se ubica en el sector sudoeste de la provincia de Neuquén, en la Península de Quetrihué, sobre el lago Nahuel Huapi. La península está unida a tierra firme por un angosto istmo en su parte norte, donde limita con nuestra localidad. En su interior hay dos lagunas -Hua-Huan y Patagua- que están conectadas con el Nahuel Huapi.

Tenemos el privilegio de poder ingresar caminando al Parque Nacional Los Arrayanes, comenzando un sendero a metros del muelle de Bahía Brava. El trayecto es de 12 kilómetros.

Desde el Istmo de Quetrihue, el camino se abre hacia la derecha y da comienzo a un sendero escalonado que lleva al Mirador Brazo Norte. Desde este punto se tiene una vista insuperable del lago Nahuel Huapi, que exhibe sus brazos: Machete, Rincón y Ultima Esperanza; la Bahía Brava, la Isla Fray Menéndez. Continuando por el sendero, se encuentra el segundo Mirador Bahía Mansa, el cual ofrece una vista panorámica de una enorme belleza de la bahía homónima. Al finalizar la senda, existe la posibilidad de retomar el camino que conduce al Bosque de Arrayanes.

Su clima es frío húmedo. Hay 1.300 mm anuales de lluvia concentrados en la época invernal y nevadas entre fines de julio y septiembre. La temporada ideal para visitarlo es a fines de primavera, verano y hasta principios de otoño.

La flora está compuesta, además de Arrayanes (Luma apiculata) centenarios, por Coihues (Nothofagus dombeyi), Cipreses de la cordillera (Austrocedrus chilensis), Ñires (Nothofagus antarctica), Radales (Lomatia hirsuta), Maitenes (Maytenus boaria), Pataguas (Crinodendron patagua), Hua Huan (Laureliopsis philippiana), Notros (Embothrium coccineum) formando el gran dosel y en el sotobosque: Lauras (Schinus patagonicus), Canelos (Drimys winteri); en zonas húmedas: Pangues (Gunnera tinctoria), Aljabas o Chilcos (Fuchsia magellánica). En las alturas, apoyadas en nativas, los hermosos Quintrales (Tristerix corymbosus). 

Dentro de su fauna se ha registrado -en sus lagunas- la presencia del Huillín (Lontra provocax), especie de nutria nativa que se halla en riesgo de extinción. Entre las aves se destacan el carpintero Pitío (Colaptes pitius) y el Gigante (Campephilus magellanicus), la Cachaña (Enicognathus ferrugineus) y la Remolinera araucana (Cinclodes patagonicus), Chucao (Scelorchilus rubecula), Huet huet (Pteroptochos tarnii), Rayadito (Aphrastura spinicauda). También el pequeño marsupial Monito del monte (Dromiciops gliroides).

Además, en islas cercanas, se encuentra la subespecie de agua dulce de Cormorán imperial (Leucocarbo atriceps).

 

La especie emblemática del parque, también denominado Quetri, es un árbol o arbusto que vive en suelos muy húmedos. Es de crecimiento lento y puede alcanzar entre 8 y 18 metros de altura. Su tronco, de unos 70 centímetros de diámetro, es bastante retorcido y su corteza, de color canela, se desprende dejando manchas blancas. El color canela característico se debe a la síntesis de taninos, cuya función es evitar la descomposición del tejido muerto.

Sus flores son pequeñas, blancas y perfumadas, luego, entre febrero y abril surgirá una baya comestible, esférica y de color negro-violáceo. Estos frutos eran utilizados por los indígenas para elaborar chicha y dulce. Además, con sus hojas se prepara una infusión para calmar dolores musculares y afecciones intestinales.

El transcurrir de la historia de este lugar hace referencia a diferentes habitantes: a fines de los años 1890 pobladores chilenos que cultivaban la tierra y tenían algunos animales de corral y vacas lecheras, regresaron luego a su país ante las duras condiciones de vida, quedando aislados durante gran parte del año y no pudiendo comercializar sus productos. Hay relatos de la tenencia de las tierras por parte de Gastón Smith Cusak, primer propietario legal por compra al gobierno nacional en 1906. En 1913 el Dr. Juan O´Connor compra el Lote pastoril N°10, por esos tiempos la península llevó el nombre de Beatriz, por la esposa del doctor y las lagunas el nombre de sus hijas Dora y May.

La historia también hace mención de otros nombres de la península: Del León según Albarracín y Península Mascardi según Francisco Fonck. El nombre actual de Quetrihue hace referencia al vocablo indígena: lugar de arrayanes, fue el elegido por Antonio Lynch, propietario en sociedad con Manuel Uribelarrea desde 1931 cuando nace la “Estancia Ketrihué”. La posesión de la península fue efectiva hasta que sufriera la expropiación del gobierno nacional (Decreto 2851 de J. Perón, Ley de expropiación 13344/48), dejándole una fracción de 100ha. La península fue jurisdicción del P.N. Nahuel Huapi, dentro de los límites de la provincia de Neuquén desde 1955, hasta 1971 que se crea el P. N. Los Arrayanes.

 

Hoy todos podemos disfrutar de este maravilloso Parque, seamos cuidadosos y tengamos presente las recomendaciones que da la Administración de Parques Nacionales:

Consultar a la Intendencia, Centros de información y a los Guardaparques sobre las actividades autorizadas y maneras de realizarlas.

  • Si va en bicicleta, para su seguridad use casco. Recordar que los caminantes tienen prioridad de paso y darles aviso de su circulación.
  • Circular solamente por las picadas y sendero determinado.
  • No fumar durante el recorrido.
  • Está prohibido ingresar con mascotas.
  • Apreciar la diversidad de la flora nativa, sin llevarse ninguna planta del lugar.
  • Observar la fauna silvestre a distancia, sin molestar ni dar alimentos.
  • Regresar con los residuos y depositarlos en los contenedores adecuados.
  • Respetar las indicaciones de la cartelería.
  • Llevarse solo fotos y buenos recuerdos.

 

Búsqueda y recopilación de información por

Ines Dominguez, para ÁrbolVla

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