SUSTENTABILIDAD DOMICILIARIA

Arquitectura: El sol y el viento también pueden ser parte de nuestra casa

El arquitecto Aníbal Daniel Lening presenta alternativas para aprovechar la energía solar y eólica y explica por qué es fundamental adaptar cada tecnología al clima y a las características de la construcción.
09/10/2026

Producir electricidad en el techo y aprovechar el sol para calentar agua son posibilidades cada vez más presentes en nuestras viviendas. La tecnología ofrece distintos diseños, cuyo verdadero valor aparece cuando elegimos una solución adecuada al clima, al edificio y a nuestras necesidades.

Los paneles fotovoltaicos transforman la luz solar en electricidad. Entre las tecnologías que ganaron protagonismo están los bifaciales: además de recibir luz por delante, aprovechan la que llega a su cara posterior, reflejada por el entorno. Según el informe de IEA PVPS de 2025, ya representaban más del 75 % de la producción mundial de módulos.

Su aporte adicional depende de la instalación: importan la separación respecto de la superficie, las sombras y la luz reflejada. Un panel casi pegado a una cubierta opaca tiene limitada esa ventaja. La tecnología necesita un buen proyecto para desplegar su potencial.

Para aprovechar el calor del sol, existen sistemas con colectores sobre el techo y un acumulador dentro de la vivienda o en una sala técnica. Una bomba hace circular el fluido que transporta el calor hasta el depósito. En los sistemas indirectos, un intercambiador permite calentar el agua de consumo sin mezclarla con ese fluido.

Esta disposición libera la cubierta del tanque y facilita prever un espacio interior para su mantenimiento. En nuestra región, el circuito exterior debe contar con protección contra las heladas. Tener el acumulador adentro no resuelve por sí solo ese riesgo, y un equipo de apoyo puede completar el calentamiento cuando el aporte solar resulta insuficiente.

También existen paneles híbridos fotovoltaicos-térmicos, conocidos como PVT, que producen electricidad y recuperan calor en una misma superficie. Según el diseño, ese calor puede contribuir a calentar el agua del acumulador o servir como fuente para una bomba de calor. Permiten aprovechar un mismo sector del techo para atender ambas necesidades, con una instalación diseñada para ese propósito.

Existen pequeños aerogeneradores de eje vertical, algunos con palas helicoidales, que reciben viento de distintas direcciones sin orientar todo el rotor. También hay sistemas como RidgeBlade, instalados a lo largo de la cumbrera, cuyo diseño busca aprovechar la aceleración del aire al subir por el techo.

Estas propuestas requieren estudiar cada ubicación. Las turbulencias pueden reducir la producción y deben evaluarse vibraciones, ruido y estructura. La forma helicoidal tampoco garantiza por sí sola seguridad para las aves: las afirmaciones de protección necesitan respaldo específico para cada equipo.

 

Como arquitecto, propongo acompañar estas posibilidades con una prioridad: mejorar la vivienda para necesitar menos energía. Aislar, aprovechar el sol y reducir pérdidas permite dimensionar mejor los equipos.

 

La energía más verde sigue siendo la que no necesitamos consumir.

 

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