2013-03-15

Cómo fue la llegada y actuación de los jesuitas en América Latina y la Argentina

La Compañía de Jesús tiene por primera vez un papa y además latinoamericano, en la figura de Francisco. Los jesuitas en Latinoamerica y la Argentina.

Por Andrea Sosa Cabrios


En la película "La Misión" de 1986, Jeromy Irons interpreta a un sacerdote jesuita, el padre Gabriel, que protege a indígenas guaraníes en una misión perdida en la selva sudamericana en el siglo XVIII y choca con los poderes terrenales.


La historia dramática y de aventura del director británico Roland Joffé, en la que actúa también Robert De Niro como un ex traficante de esclavos, retrata mucho de la historia en América Latina de la Compañía de Jesús, que ahora tiene por primera vez un papa y además latinoamericano, en la figura de Francisco.


La congregación, fundada en 1540 por el español Ignacio de Loyola y seis compañeros, ha tenido en la historia del continente un fuerte compromiso con la justicia social, en algunos casos llevada al extremo con un compromiso militante como ocurrió en la Centroamérica de los años setenta.


"La Compañía de Jesús llegó a finales del siglo XVI. En toda Hispanoamérica, en las Indias Occidentales, tuvo dos papeles importantísimos", dijo a dpa el investigador Jorge Traslos Heros del Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).


"Por un lado, fueron los grandes educadores y tuvieron colegios que vinculaban a empresas agrarias. Entonces incidían en el desarrollo económico porque tenían las haciendas mejor administradas y con eso financiaban la educación. Y luego tenían sus misiones, que es la segunda gran obra relevante de la historia de los jesuitas en las Colonias". Los jesuitas fueron expulsados en 1767 por las monarquías católicas europeas por la gran influencia que llegaron a tener y que era vista como un desafío.


Así tuvieron que abandonar también su labor en América. Hubo idas y venidas en los años que siguieron, con regresos y expulsiones, hasta que se restablecen a finales del siglo XVII y principios del siglo XIX. Con los aires de renovación del Concilio Vaticano II (1962-1965) y la Conferencia del Consejo Episcopal Latinoamericano en Medellín (1968), hay una fuerte toma de conciencia de algunos sectores de la Iglesia, entre ellos los jesuitas, de la pobreza en América Latina.


"Acá se separan los caminos", dice Traslos Heros, especialista en historia de la Iglesia. Algunos sectores entran en "franca contradicción con la Santa Sede" y abrazan con entusiasmo la Teología de la Liberación, otros se mantienen más apegados a la doctrina social de la Iglesia, comprometidos con los derechos humanos y la opción por los pobres, pero sin una "politización de la fe". Un hecho histórico de sangre que marcó a la Compañía de Jesús fue el asesinato de seis jesuitas el 16 de noviembre de 1989 por parte de una unidad del batallón del Ejército en la Universidad Centromericana (UCA) de San Salvador, entre ellos el rector Ignacio Ellacuría.


"El padre Ellacuría era un hombre muy afecto a estas causas sociales pero inmensamente ortodoxo, pero también nos podemos encontrar hombres de genuina fe, que se alejaron de la línea del Vaticano, como el teólogo Jon Sobrino", señala. En Sudamérica los jesuitas "sin dejar la dimensión liberadora del evangelio, en general mantienen una línea de armonía con la doctrina social de la Iglesia", dice Traslos Heros, pero señala que el caso es distinto entre jesuitas de México, Estados Unidos o España.


El cardenal Jorge Mario Bergoglio, ahora papa, es un hombre comprometido con los principios tradicionales de la Iglesia, aunque mantiene el carisma de la justicia social y la formación cultural. "El impacto va a ser brutal para los jesuitas", consideró el experto. "¿Se van a pelear con él, con su primer papa? En realidad, es un reto a los jesuitas. En Europa son muy liberacionistas, muy sociales. Bergoglio tiene mucha firmeza en las líneas maestras de la Iglesia, siendo él mismo un hombre de profunda vocación social".


 En Argentina, una historia de educación y misiones populares


La historia en Argentina de los jesuitas está señalada por el empeño en la educación y las misiones populares, pese a las persecuciones, según la página web de la orden. Tras la expulsión que sufrieron en 1767 de los territorios de la corona española en América, su regreso a Argentina se registra el 9 de agosto de 1836, 20 años después de la declaración de la independencia del país.


"La vuelta de los jesuitas a la cuenca del Plata, luego de la expulsión de 1767, ha de ubicarse en el período histórico de la Restauración, que quedó signado por extenuantes y a menudo inútiles polémicas", se señala en el texto. La Compañía de Jesús, fundada por San Ignacio de Loyola en 1540, "no se libró de este torbellino. El siglo XIX, en medida mayor quizá que el XVIII, fue un siglo de exilios y hasta de mártires".


"La Orden -se agregó en la publicación- conoció al menos unas 70 veces el ostracismo entre las naciones europeas y americanas. A pesar de la inestable situación política en 1836, los jesuitas se dedicaron con ahínco a la educación y a las misiones populares". La orden se radicó en zonas de los alrededores de Buenos Aires como San Isidro y San Fernando, y también por los campos de Zárate, Luján, Areco y Baradero, a unos 150 Km al norte de la capital. Tras haber llegado al país por primera vez en 1585, uno de los testimonios más fuertes de la presencia jesuítica son actualmente las ruinas de las Misiones (indígenas) en la provincia homónima (nordeste). Otra impactante prueba de su obra son las llamadas Estancias, magníficos templos y palacios en la provincia de Córdoba (centro del país).


"En 1838 -indicó la página- tomaron posesión de la capilla de Regina Martyrum. Allí se instaló el noviciado (formación de la orden) y más tarde el seminario diocesano". En 1843 recibieron el decreto por el cual se les ordenaba la secularización y como alternativa, la expulsión de Buenos Aires. Pero "continuaron trabajando en Córdoba hasta 1847, donde quedó el noviciado de la Misión y para establecerse luego en La Rioja y en Catamarca (noroeste)". La persecución siguió y "la expulsión de los jesuitas se generalizó en 1848, pero de todas maneras, algunos continuaron su misión en San Juan, Mendoza y Salta (oeste y noroeste)".


Entre los méritos que se les atribuyen figura "la preocupación por aprender y valorar la lengua indígena y el esfuerzo por mejorar la vida de los nuevos creyentes en las reducciones". La impronta educativa de los jesuitas en Argentina los llevó a convertir las Estancias en centros de formación y en la creación de la primera Universidad en la ciudad de Córdoba, a unos 700 Km al noroeste de la capital. En Buenos Aires, una de las Universidades más populares es la del Salvador, creada por la orden. (AFP) Fuente: diario Río Negro

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