2014-06-20

Quién fue Manuel Belgrano

El Comité Radical local "Arturo Illia", remite un artículo sobre la figura del prócer argentino.

 



En el día del fallecimiento de Manuel Belgrano, rendimos nuestro homenaje en la letra de Lucía Galvez, desde su texto “Historias de amor de la Historia Argentina”, reproducida por el diario digital “La Mordaza”.

Hemos intervenido el texto acortándolo, para remitir al lector a los párrafos más contundentes.

El Comité “ArturoU.Illia” saluda a todos los vecinos de Villa La Angostura, y propone un instante personal a cada uno, de reconocimiento a Manuel Belgrano, el ciudadano argentino ejemplar, aún antes de que naciera la patria.

 

Belgrano, más allá de la bandera

No se sirvió de la función pública en provecho personal; trabajó para promover la agricultura y la educación, claves para superar el atraso. Y, cuando fue necesario, no dudó en dejar el escritorio y empuñar el sable.

Para la gran mayoría de los argentinos, Manuel Belgrano es conocido por haber sido el creador de la bandera nacional y por su desempeño, tanto político como militar, en las guerras de la Independencia entre 1810 y 1820. Menos conocida es su actuación en los años previos a la Revolución de Mayo. Sobre todo la etapa en la que se desempeñó como secretario del Consulado de Buenos Aires, durante el Virreinato del Río de la Plata.

En 1793, el joven Belgrano se recibió de Abogado en la Universidad de Salamanca, pero según los relatos de sus memorias, no será en el ámbito académico donde adquirirá sus mayores conocimientos, sino en el trato diario con pensadores y hombres de letras que conocía en tertulias y reuniones sociales en las que se discutían los acontecimientos que conmovían a Europa y al Norte de América por aquellos tiempos, como ser la Revolución Francesa y la independencia de Estados Unidos.

Esto lo llevó a inclinarse por el estudio de la Economía Política, leyendo a autores como Quesnay, Adam Smith y Campomanes, entre otros. Claro está que sus ideas renovadoras chocaron con la incomprensión e intereses mezquinos de los burócratas rioplatenses de la época. Todas las innovaciones que promovió desde su puesto de Secretario del Consulado atentaban contra la seguridad y privilegios de una clase acomodada que sólo pretendía obtener rentas económicas sin hacer ningún tipo de esfuerzo ni aporte para el progreso de la región.

Para Belgrano, "la agricultura es el verdadero destino del hombre"; según su visión, el cultivo de la tierra era sinónimo de progreso y civilización. Obviamente, esta concepción se oponía a la tradición mercantilista con la que España encaró el proceso de conquista económica de América.

Belgrano pensaba que la falta de conocimientos y de incentivos a la agricultura habían hecho de la región del Plata una zona despoblada, sin hábitos de trabajo y sin perspectivas de desarrollo más allá del intercambio generado por el puerto de Buenos Aires por el cual salía la plata de Potosí y los cueros del ganado salvaje; y en el que ingresaban las manufacturas españolas.

Desde el Consulado propuso la creación de escuelas de primeras letras en todos los pueblos y ciudades del Virreinato, con el objetivo de desterrar el analfabetismo y la ociosidad de la niñez, además de inculcar el hábito de la agricultura en la población joven. La educación, así, era el motor del desarrollo de otras áreas de la economía, como ser el comercio y la náutica; por ello también impulsó la creación de una Escuela de Comercio "dividida en tres ciclos: el primero, con nociones de contabilidad, reglas de cambio, correspondencia comercial, etcétera; el segundo, para enseñar la legislación sobre comercio, navegación y seguros; y el tercero con, cursos de geografía económica y de economía política". La Escuela de Náutica, por su parte, apuntaba al desarrollo de la navegación como medio de transporte esencial para el comercio, el conocimiento de las cartas náuticas y las características de la navegación de los ríos de la región.

Luego vendría la hora de la emancipación y Belgrano se destacaría también como funcionario del gobierno patrio, a veces desempañando tareas para las que no se había preparado, como la de ser militar. Pero siempre con un claro sentido del deber público y del rol que le tocaba jugar en ese momento.

Vista desde esta perspectiva, su figura cobra mayor relevancia, ya que cuando le tocó salir detrás del escritorio y brindar sus servicios a la Patria desde el campo de batalla, lo hizo con igual entrega y sacrificio cuando le tocó dejar el escritorio y brindar sus servicios a la Patria desde el campo de batalla, lo hizo con igual entrega y sacrificio, aún cuando la milicia no fuera su especialidad. Sería un pecado de ignorancia conocer a este hombre sólo por su iniciativa de enarbolar la que sería la bandera nacional.

Este Belgrano "desconocido" tenía una visión muy clara de cuáles eran los problemas a resolver para salir del atraso, algo que en el presente quizás no lo esté tanto. En lo que sí podemos establecer una analogía es la reflexión que él mismo hizo en sus Memorias:

"...desde 1794 hasta julio de 1806 pasé mi tiempo en igual destino , para quienes no había más razón, ni más justicia, ni más utilidad, ni más necesidad que su interés mercantil; cualquier cosa que chocare con él, encontraba un veto, sin que hubiese recurso para atajarlo"

Nunca buscó sacar provecho de la función pública para mejorar su situación personal, es más, en muchas ocasiones necesitó pedir dinero a sus amigos para poder comer. "La casa que se mandó hacer en la Ciudadela

Nuestro país necesita más gente como él, no sólo por su capacidad de análisis, sino por su entrega cívica y por su ética del trabajo. Siempre propuso mejorar las condiciones de sus coetáneos, pero no por medio de la dádiva que humilla y somete, sino por medio de la difusión de la educación y la cultura del trabajo.

Gálvez, Lucía. "Historias de amor de la historia argentina" pág. 111

 

 

Te puede interesar