2025-06-13

Adiestramiento canino en casa: qué significa que nuestro perro nos gruñe

La experta Adriana Martinelli, enseña cómo descifrar de qué se trata el gruñido de nuestra mascota y cómo atenderlo. Mirá el video de su columna en FM Andina.

Cuando convivimos con un perro, no solo tenemos una mascota: tenemos un ser sensible que se comunica constantemente con nosotros. No lo hace con palabras, sino con señales, gestos, posturas y miradas. Por eso, como tutores, compañeros o cuidadores —ya no hablamos de “dueños”— tenemos la obligación de aprender su lenguaje.

 ¿Por qué gruñe un perro?

El gruñido es una forma de comunicación, no de agresión gratuita. Es un “mensaje” que el perro nos está dando para decirnos que algo no está bien. Estas son seis posibles causas:

Miedo o desconfianza: quizás quien lo acaricia le genera inseguridad.

Dolor físico: puede estar lastimado y la caricia le molesta.

Incomodidad con el tipo de contacto: algunos perros odian que les toquen las patas o la cabeza.

Protección de recursos: cuida su cucha, su juguete, su correa o su plato.

Estrés o sobrecarga emocional: hay días en que están pasados de estímulos y no lo pueden gestionar.

Falta de socialización temprana: perros que no fueron expuestos a ciertos estímulos en la infancia.

 

 ¿Cómo corregimos ciertas conductas?

Protección de recursos: no le saques cosas a la fuerza. Enseñale que no vas a robarle. Usá premios, trabajá con otra correa o juguete y ganate su confianza.

Miedo a ciertos estímulos: si le asustan las motos, tormentas o gente con determinadas características, se puede hacer una desensibilización progresiva, con ayuda profesional si es necesario.

Dolor: si gruñe cuando lo tocas en un lugar, lleválo al veterinario. No lo ignores.

Caricias que no le gustan: no todos los perros disfrutan lo mismo. Algunos odian que les toquen la cabeza o las patas. Observá qué le gusta y respetalo.

Falta de socialización: es fundamental socializar al perro antes de los 7 meses. A partir de que tiene sus vacunas, hay que exponerlo al mundo: ruidos, gente, otros perros, bicicletas, niños. Esto es una inversión para toda su vida.

Los perros adoptados también nos cuentan su historia

Muchos perros adoptados muestran señales de traumas pasados. Por ejemplo, si se asusta cuando barremos, puede haber sido golpeado con una escoba. Si ladra a ciertos tipos de personas (altas, con barba, con sombrero, etc.), puede estar asociando esa estética a alguien que le hizo daño.

No es que el perro “odia” a alguien, es que tiene miedo. Esa historia, aunque no la sepamos con palabras, nos la cuenta con su comportamiento. Nuestra tarea es observar y acompañar.

 

 El castigo físico no educa

Usar violencia para corregir a un perro no solo es ineficaz, sino cruel. Golpear con un diario, las llaves o el pie solo genera temor. El perro educado con golpes puede terminar mordiéndonos por defensa.

La educación debe hacerse con refuerzo positivo, sin gritos ni castigos. Hay que generar confianza, no miedo.

 

Cuidar no es solo alimentar: es aprender a mirar y respetar

El perro no es una cosa, ni un peluche que hace lo que queremos. Es un ser vivo con emociones, recuerdos y límites. Si aprendemos a leer su lenguaje, podemos tener una relación sana, respetuosa y feliz.

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