2025-12-16

GRUPO ÁRBOL

“Hay muchos modos de vivir el mundo sin destrozarlo”

La científica argentina Sandra Díaz, referente mundial en estudios sobre biodiversidad y cambio climático, demuestra que existen alternativas al modelo extractivista dominante.

¿Conoces a Sandra Diaz?

No, no es mi tía, ni una vecina del barrio, ni una actriz de telenovela, aunque la simpleza de su nombre refleja la humildad de su magnífico trabajo.

Apenas te cuente algo de ella, se te inflará el corazón de orgullo, tanto o cuanto como cuando nombran al Lionel o al Diego.

Aunque ella estudió bien duro para llegar a ser quien es…investigó, publicó, trabajó en la docencia durante muchos años, hasta que en 2007 fue galardonada con el ¡Premio Nobel de la Paz! como bióloga experta en el cambio climático.

La Dra. Sandra nació el 27 de octubre del ´61 en La Plata, Provincia de Buenos Aires. ¡O sea, es una mujer contemporánea y es Argentina!

Aunque, como tantos otros científicos no goza de la popularidad en las que destacan otras artes, a mí me llena de orgullo ajeno, y por eso quiero compartirles un poquito de su trayectoria, para honrarla con respeto y admiración, y por supuesto, tomar algunas de sus enseñanzas.

 

De chiquita amaba las plantas tanto como las curioseaba en precarios microscopios, hasta que decidió estudiarlas en la carrera de Biología en la Universidad Nacional de Córdoba, donde alcanzó el Doctorado.

Pasó a trabajar como investigadora Principal en el CONICET y como Profesora Titular de la Cátedra de Ecología de Comunidades y Ecosistemas de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la Universidad Nacional de Córdoba.

Su especialidad es el estudio del impacto del cambio climático global sobre la biodiversidad regional de los ecosistemas vegetales.

O sea, dicho lo más simple posible, en cómo los diferentes tipos de organismos vivos reaccionan al cambio ambiental y cómo dichos cambios afectan las propiedades de los ecosistemas, sus beneficios y perjuicios para las sociedades humanas. Esto se llama: Estudios de ecología funcional comparativa y síndromes de especialización en plantas terrestres.  Son estudios interdisciplinarios con las ciencias sociales sobre la relación naturaleza-sociedad.

No se anda con chiquitas, ¿verdad?

 

Su primera publicación científica es de 1987 y desde entonces ha escrito un centenar de otros artículos notables, capítulos de libros, comentarios editoriales y de difusión que hablan de la trascendencia de su obra científica.

 

En el ámbito de la formación de recursos humanos la doctora Díaz ha realizado una importante labor: dirigió siete tesis doctorales a becarios posdoctorales, Todo esto habla de una clara vocación para la formación de discípulos en su área de investigación además de una destacada actuación en instituciones internacionales.

 

Su trayectoria científica ha merecido diversas distinciones y premios entre las cuales tienen mayor relevancia la «Guggenheim Fellow» otorgada en el año 2002, el Premio Zayed del Ambiente 2005, el Premio Cozzarelli de la National Academy of Science USA, medallas internacionales de los Jardines Botánicos de Kew y Edimburgo (Reino Unido, 2022) y la Medalla Linneana (2023). Díaz es también miembro honorífico de varias Academias de Ciencias como la de Argentina, Estados Unidos y Francia y está reconocida como una de las “10 personas más importantes para la ciencia”, según la revista Nature.

¡Algo así como nuestra Einstein actual!

Toda su pasión velada en el más absoluto silencio y anonimato de la humildad, el trabajo y la dedicación.

¿Pero que es lo que esta gran mujer nos dice -y demuestra científicamente?

 

 “Si se hace un balance de todos los aspectos que la humanidad obtiene de la naturaleza, es claramente positivo, enorme, diría que incalculable. En el caso de las plantas, son la base de toda la vida en la tierra, incluyendo la nuestra”, dice la bióloga.

Habla sobre el papel fundamental de las plantas y la necesidad de actuar con urgencia para evitar el deterioro drástico de la biosfera. “Hay un 40%, una proporción muy significativa y alarmante, de plantas en riesgo de extinción”-señala.

Pese a este panorama gris por la pérdida de biodiversidad y el calentamiento global por la acción del hombre y sus modelos económicos, la científica mantiene cierto optimismo con esta crisis que se muestra como dos caras de la misma moneda, ya que cada vez son más los organismos internacionales que promueven abordar el tema en conjunto. “El panorama es claro: la ventana de oportunidad para salvar el planeta se está cerrando rápidamente. Hay daños irreversibles ya en marcha, que no podemos evitar, pero una acción lo suficientemente rápida, decidida y masiva podría evitar algunas de las consecuencias más dramáticas”.

Díaz está empeñada en acercar a la gente información técnica detallada que le permita entender mejor los problemas ambientales actuales y su impacto sobre la biodiversidad de los ecosistemas y, por ende, en lo importante que son los organismos no humanos para el funcionamiento de la sociedad.

En ese sentido, apunta que hay distintas maneras de medir esos aportes. Algunas de ellas son cuantitativas, como los indicadores de salud humana, las mediciones de carbono retenido fuera de la atmósfera o del agua que se filtra a través de las plantas.

Pero hay otros valores difícilmente cuantificables por estar basados en la relación psicológica o identitaria que establecemos con una planta o un paisaje. “Hay todo un espectro de métodos para capturar ese abanico de valores. Y de esos métodos emerge un mensaje general claro: no seríamos quienes somos sin las plantas. Un futuro digno de ser vivido para la gente depende de que garanticemos también un futuro para las plantas”, sostiene.

La bióloga aboga por romper con el paradigma dominante sobre el que se ha operado hasta ahora de “separación abrupta entre humanos y el resto de lo viviente”, la dicotomía dura entre ‘hombre’ y ‘naturaleza reforzada en el iluminismo. “Los humanos estamos entretejidos de modo indisoluble con el tapiz de la vida: emparentados evolutivamente, compartiendo genes, conectados ecológicamente con el resto lo queramos o no”, insiste.

Para ella, la relación del hombre con la naturaleza debería estar marcada por el equilibrio y la búsqueda del bien común, que los humanos usemos el suelo para el desarrollo de todos y no abusemos de él para el beneficio de unos pocos.

Considera, además, que la responsabilidad no es sólo de los tomadores de decisiones sino de todos los actores sociales, que debemos involucrarnos en construir otros modelos de supervivencia”, cree.

El extractivismo es, según Díaz, un modo extremo que representa la lógica de tratar de extraer la mayor ganancia posible en el menor tiempo posible. “Es fundamental darse cuenta de que, no por dominante, este es el único modelo posible. Hay muchos modos de vivir el mundo sin destrozarlo en poco tiempo o sin crear un contexto de injusticia. El desafío es cómo impulsarlos”, asegura.

 

Hasta aquí, bastante para reflexionar y actuar en consecuencia, conciencia mediante.

El grupo ÁRBOL VLA está abierto para participar y aportar entre todos, modos válidos de respeto y amor por nuestro Bosque Andino Patagónico, preservando su biodiversidad y calidad.

 

Gracias Dra. Sandra Diaz, por su ejemplo, constancia y determinación.

 

                                                                                                                                   Escribió para Grupo Árbol VLA Maria Viegas

 

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