PSICOANÁLISIS EN VLA
"El deseo es singular, pero no es sin los otros”
Varias veces hemos abordado en esta columna el tema del deseo en psicoanálisis.
Si bien partimos desde el concepto lacaniano del deseo como deseo del Otro, para la necesaria estructuración de la neurosis, que produzca el sujeto del inconsciente, se desprenderá en la clínica cuál es el deseo que mueve a cada uno/a en el transcurso del análisis.
En la actualidad podemos leer las vicisitudes que suelen aparecer como obstáculos, en relación al lazo social.
Hay quienes tienen la iniciativa propia de un hacer en sus vidas y se relacionan con los demás generando vínculos, compartiendo o sumándose a propuestas de otros, sin inconvenientes.
Gente que se anima a realizar alguna acción, actividad o proyecto en forma individual, y otra, en cambio, a la que le resulta muy difícil sin ese entusiasmo que requiere llevar a cabo algo del orden del deseo, sin poder obtener satisfacción.
En ocasiones encontramos que los analizantes no encuentran fácilmente algo que los motive, y en el mejor de los casos se “contagian” al hacerlo con otras personas.
Siempre es mejor con otros, aunque también es importante poder despejar, si es que hay alguna traba allí, relanzar, como decíamos en la nota de la semana anterior, reorientar el deseo, haciéndolo circular, desde cada uno/a, articulándolo con otros.
El poeta lo ilustra muy bien:
“Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al cielo. A la vuelta conto. Dijo que había contemplado, desde allá arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos. -El mundo es eso – rebeló, un montón de gente, un mar de fueguitos.
Cada persona brilla con la luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay gente de fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas; algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman, pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende.”
El libro de los abrazos, Eduardo Galeano.
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Violeta paolini Psicoanalista Miembro de EOL y AMP.