LA INTERNA
¿Presión o lealtad? ATE y una polémica carta que vuelve a tensar la relación con los municipales
El conflicto entre los trabajadores municipales de Villa La Angostura y la dirigencia de ATE sumó un nuevo capítulo y abrió una fuerte discusión puertas adentro del municipio: ¿se trata de una forma de reafirmar la solidaridad gremial o de una presión sobre quienes decidieron no acompañar las medidas de fuerza?
En las últimas horas, la conducción local del gremio difundió una nota dirigida al intendente Javier Murer que deberá ser suscripta por aquellos trabajadores que no estén de acuerdo con las acciones impulsadas por la organización sindical.
El documento plantea que quienes no acompañen las medidas de fuerza impulsadas por ATE deberían renunciar a los beneficios que eventualmente se obtengan como resultado de esas acciones gremiales.
La iniciativa se conoce en un contexto de creciente tensión entre trabajadores municipales, luego de que un grupo de empleados comenzara a manifestar públicamente sus diferencias con determinadas modalidades de protesta adoptadas por el sindicato.
La carta que ATE pide firmar
El escrito propone que cada trabajador que no adhiera al accionar gremial presente una nota ante el Ejecutivo municipal.
En ella, el empleado debería dejar expresamente asentado que renuncia al acuerdo salarial alcanzado por sus compañeros y compañeras municipales.
La carta incluye una enumeración de los beneficios que quedarían comprendidos en esa renuncia:
Recomposición del salario básico.
Actualización mediante IPC.
Bonos extraordinarios.
Bonos por indumentaria de trabajo.
Recomposición de adicionales.
Pases a planta permanente.
El planteo de ATE parte de una lógica de solidaridad gremial: si determinados trabajadores no participan de las medidas impulsadas por el sindicato para conseguir mejoras, tampoco deberían posteriormente beneficiarse de los resultados de esas acciones.
Sin embargo, la decisión abrió un debate entre los propios trabajadores sobre los límites de esa postura y sobre la posibilidad de diferenciar entre adherir a una medida de fuerza y acceder a los resultados de una negociación colectiva.
El antecedente que había anticipado la dirigencia
La aparición de esta nota no resulta completamente inesperada.
Durante la última semana, el dirigente de ATE Abraham Resoraya había anticipado en declaraciones a FM Andina que quienes decidieran no acompañar las medidas impulsadas por la organización podrían quedar fuera de los beneficios que se consiguieran mediante las acciones gremiales.
La carta ahora conocida formaliza ese planteo y lo convierte en un mecanismo concreto: los trabajadores que no compartan las medidas deberán manifestarlo por escrito y renunciar a los beneficios enumerados.
La iniciativa agrega así un nuevo elemento al conflicto, que ya no se limita a la discusión entre el sindicato y el Ejecutivo municipal, sino que también expone las diferencias existentes entre los propios empleados.
Trabajadores municipales habían expresado su rechazo
El episodio se produce después de que un grupo de trabajadores municipales comenzara a reunir firmas a través de Change.org para expresar su rechazo a determinadas modalidades de protesta impulsadas por ATE dentro y en las inmediaciones del Palacio Municipal.
La iniciativa, fechada el 11 de agosto de 2026, lleva como título “Manifestación de repudio ante las prácticas de hostigamiento gremial de ATE”.
Sus impulsores plantean una diferencia entre dos cuestiones: por un lado, el derecho de los trabajadores a organizarse y realizar reclamos sindicales; por otro, el derecho de aquellos empleados que deciden no adherir a las medidas de fuerza y continuar desarrollando sus tareas.
El documento sostiene que quienes participan de la iniciativa reconocen la legitimidad de la actividad sindical, pero cuestionan aquellas acciones que, según afirman, pueden terminar afectando a trabajadores que optan por no participar de las protestas.
Una disputa que suma un nuevo frente
La aparición de la carta de ATE profundiza una discusión que excede el reclamo salarial.
El conflicto comienza a mostrar dos posiciones dentro de la propia planta municipal: quienes consideran que la acción colectiva es la herramienta necesaria para obtener mejoras laborales y quienes entienden que pueden acompañar el reclamo salarial sin necesariamente adherir a todas las modalidades de protesta.
En ese escenario, la decisión de ATE de exigir una manifestación escrita a quienes no acompañen sus medidas introduce una nueva dimensión en el conflicto: la pertenencia, la solidaridad y la participación dentro de la organización sindical.
Mientras el gremio sostiene la necesidad de que los beneficios obtenidos mediante la lucha colectiva alcancen a quienes efectivamente la sostienen, los trabajadores que cuestionan las medidas plantean el derecho a mantener sus tareas sin quedar expuestos a presiones o condicionamientos.