El debate por la ley de los Glaciares y la historia que se repite

“La cuestión glaciar y periglaciar de la Cordillera de los Andes, enfrenta a geólogos, algunos  surgidos de las mismas universidades, y reaviva nuestra memoria”, asegura Javier Rodríguez Pardo, autor del libro “Vienen por el oro. Vienen por todo”, en este informe especial que publicaremos en varias entregas.
El debate por la ley de los Glaciares y la historia que se repite
16/08/2010
H
ace veintitantos años fuimos testigos de un fuerte debate entre geólogos. Por suerte para nosotros, quienes impulsamos la lucha contra el basurero nuclear de Gastre (Repositorio de Desechos Radiactivos de Alta Actividad), la intervención del Consejo Superior Profesional de Geología echó por tierra la trama urdida por la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) que había elevado a la presidencia de la nación (Raúl Alfonsín, 1986) el proyecto de prefactibilidad del faraónico sepulcro
radiactivo.
Los estudios presentados eran inconclusos y falaces y al mismo tiempo resultaban desentrañables para legos en cuestiones geológicas: la primera gran mentira consistió en  la inexistencia de hidrogeólogos investigando los alrededores de la masa granítica, estudios multidisciplinarios que publicitaba la CNEA con seriedad científica; la
segunda farsa mencionaba estabilidad geológica  en el sitio elegido, en un pasado entre cien mil y un millón de años, pero en opinión del Consejo Superior Profesional de Geología,  hubo movimientos telúricos en el cuaternario, en Sierra del Medio, lo que impedía asegurar la disposición final de radionucleidos como el plutonio, activo por más de 250.000 años.
La tercera gran hipocresía ofrecida por los “expertos geólogos nucleares” consistió en afirmar que la roca granítica estudiada para “guardar” secularmente dichos  isótopos letales, era la apropiada, cuando en realidad los cilindros testigo del granito exhibido, correspondían a una región de Suecia, donde también buscaban enterrar escoria radiactiva que, hasta el día de hoy, no tienen gestión definitiva en el planeta.  Aquel debate entre las partes lo transcribimos literalmente en “La roca elegida”, capítulo 10 del libro “En La Patagonia No”. (1)
¿Por qué traigo a consideración esta historia?
Porque la cuestión glaciar y periglaciar de la Cordillera de los Andes, enfrenta a geólogos, algunos  surgidos de las mismas universidades, y reaviva nuestra memoria.
La discusión entonces abarcó otros conceptos porque para unos geólogos era
una cuenca cerrada -la de Gastre-  y para otros una cuenca abierta. Había una sola verdad coincidente, “los estudios de la circulación del agua subterránea en la zona, no se habían realizado debidamente”; el agua podía ir, o no, al río Chubut, transportando ulteriores radioisótopos como el plutonio. Quienes negaban tal hipótesis cuestionaban a los que aseguraban lo contrario:
“¿Cómo podés certificar algo que no se sabe?”
-“Por la misma razón que ustedes lo niegan, nosotros afirmamos la posibilidad, porque  los estudios no fueron  hechos”. Ante la discusión de os geólogos discerníamos consternados acerca de medidas tan relevantes tratadas con impudicia, cuando el proyecto de prefactibilidad se hallaba a la firma del presidente de la nación, y con estudios inconclusos. Nosotros éramos  los cándidos,  “profanos en el asunto”- como bien había afirmado el físico nuclear Dan Benison, árbitro ocasional de la puja, abrumado por un debate viciado.
*Definiciones y controversias*
Expertos en glaciología no se ponen de acuerdo. El motivo es  la ley de presupuestos mínimos para la protección de glaciares y del ambiente periglacial. Unos responden al Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (IANIGLA), una Unidad Ejecutora del CONICET, en la que participan además la Universidad Nacional de Cuyo y los gobiernos de las provincias de Mendoza y San Juan; otros glaciólogos cuestionan a éstos y los hay de ambos bandos, quienes no rubrican los términos del proyecto de ley aprobado en la Cámara de Diputados de la Nación.
¿A quien creerle? ¿Quién dice la verdad o quien tiene la razón? ¿Cuál es más
experto, el más entendido?
Algunas referencias sólidas para comprender  las posiciones las obtenemos del foro-debate sobre la ley de glaciares, abril de 2009, en el Anexo de la Cámara de Diputados de la Nación. (2)
¿Qué es un glaciar? ¿Qué se entiende por área periglacial? ¿Cuál es el bien
jurídico que se intenta proteger?
Para Ricardo Villalba, director del IANIGLA, “Es muy difícil encontrar una definición precisa de glaciar porque los glaciares tienen aspectos muy diversos. En la comunidad científica lo que se acepta es la definición de Louis Lliboutry, que fue un glaciólogo famoso que también trabajó en los Andes y escribió lo que se toma como la definición clásica de glaciar. Desde IANIGLA consideramos los distintos tipos de glaciares, como el glaciar de escombro, que pertenece al ambiente periglacial. Son cuerpos que externamente no lo muestran, pero que pueden tener hasta el 70% de hielo en su interior y contribuyen también al caudal de los ríos.

*Los glaciares de escombro son una expresión del ambiente periglacial
* *y son fundamentales en los ambientes áridos, por lo que  también merecen ser protegidos. Además, un glaciar descubierto -la forma clásica en que se los conoce- puede terminar en un glaciar cubierto por roca”.

El glaciólogo sanjuanino Juan Pablo Milana, cuestionaba estas definiciones, y en aquel foro sentenció que los glaciares no deberían ser el bien jurídico protegido: “Para nosotros el espíritu de esta ley tendría que ser el de la protección del agua, del recurso hídrico en estado sólido. Nuestra postura -dice Milana- es que hay que proteger el hielo, tanto los glaciares descubiertos como el glaciar de roca, todo lo que tenga hielo que se
conserve de un año a otro tiene que ser protegido”… “No estoy de acuerdo con el uso que se le da al término periglacial en la ley Marta Maffei (que fuera vetada por la presidente de la nación) -confiesa Milana- porque si queremos defender el área marginal del glaciar hay que decir que incluimos tantos metros para cada lado. Bajo este término la ley no va a salir nunca, porque a los gobiernos de las provincias no les va a gustar mucho. Pero si nosotros decimos que vamos a defender las reservas hídricas en forma de hielo es mucho más probable que la ley se apruebe”.
En el foro de referencia también intervino el hidrogeólogo cordobés Carlos Seara, quien adhiere a la ley vetada “porque lejos de presentar cuestiones oscuras, creo que tiene una claridad meridiana. Ha sabido diferenciar lo que es un ambiente glaciar de un ambiente periglacial. Dos cosas diferentes, dos paisajes de erosión diferentes. En uno está el hielo que cubre. En el otro tenemos suelos que se congelan. Y es un hecho que no vamos a saber el porcentaje en el que está presente el hielo.
Cuando en las modificaciones se habla de hasta un 50% de la masa de hielo se está diciendo una total barbaridad… Es significativo que en los anteproyectos que han presentado, la palabra periglacial no existe más” (Seara se refiere al primer anteproyecto del senador Daniel Filmus que intentaba eliminar de cuajo el término periglacial por imposición de transnacionales mineras, gobernadores provinciales y ejecutivo nacional).
“Esto es preocupante -continúa Seara- porque el ambiente periglacial está defendiendo directamente al ambiente glaciar. Si hoy los glaciares están retrocediendo ¿qué pasará cuando les quitemos esa defensa periglacial, con infraestructura, con actividades económicas como la minería? Las comunidades se nutren del agua que proviene de la Cordillera y si esto avanza el problema lo vamos a ver inmediatamente transferido a las economías  regionales de la zona.
Es un problema real que ha surgido como consecuencia de las presiones de gobiernos provinciales que ven que en esas zonas no van a poder intervenir las multinacionales mineras con quienes ellos están casados. Los problemas que se argumentan para vetar la ley son en realidad presiones, porque el espacio que ocupa el sistema periglacial dentro de nuestra Cordillera está en el orden de la sexta parte de todo el territorio de montaña, que es una constante a nivel mundial. En esa superficie ¿cuántos yacimientos tendremos?”, concluyó Carlos Seara.
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