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Un estudio demostró que los drones en áreas naturales generan perturbaciones en la vida silvestre

15/05/2023
Un estudio demostró que los drones en áreas naturales generan perturbaciones en la vida silvestre

Pesan poco, ocupan cada vez menos espacios, son cada vez más accesibles y te permiten llegar a lugares donde sería imposible que una persona por sí misma pueda hacerlo. Tal vez por eso es cada vez más común ver drones sobrevolando en marchas sociales, recitales, en eventos deportivos y políticos.

Así como son capaces de embellecer el recuerdo de algún hecho en particular con una toma aérea o facilitar una tarea que resulta peligrosa para un ser humano, también pueden poner en peligro la vida de las personas y de la fauna silvestre si se utiliza desde el desconocimiento de las leyes y por capricho de generar una determinada toma en algún área natural, tal como pasa actualmente con creadores de contenidos que promocionan distintos lugares del país y del mundo a través de sus redes sociales.

La era de la globalización, no solo invadió todos los aspectos de la vida del ser humano. Desde un tiempo a esta parte, y con el avance a pasos agigantados de la tecnología, hizo que esa invasión se traslade a todo lo que habita a su alrededor, como la fauna y la flora silvestre que conviven en el planeta, generando grandes daños al medio ambiente.

Los drones, los vehículos aéreos no tripulados (UAV) o las aeronaves pilotadas a distancia (RPA) son componentes relativamente nuevos del uso humano del espacio aéreo; sin embargo, son cada vez más utilizados en todo el mundo por ciudadanos y para la investigación ecológica. Los drones vuelan a altitudes bajas sobre el nivel del suelo, donde vive la mayoría de las especies voladoras.

Actualmente, cada año se venden 2 millones de drones en todo el mundo, y las cifras aumentan significativamente a medida que pasa el tiempo. Se espera que el tamaño del mercado mundial de drones supere los 49.000 millones de dólares estadounidenses para 2023, lo que implica que millones de drones estarán volando en todo el mundo y la mayoría de ellos sin ninguna posibilidad de ser controlados o sin evaluación de sus posibles impactos en la vida silvestre.

Un estudio realizado por el Grupo de Investigaciones en Biología de la Conservación (GrInBiC) pudo detectar que la mayoría de las preocupaciones sobre el uso de este aparato no se centran en el posible impacto que pueda tener en la vida silvestre.

Si bien los artículos científicos que evalúan esta problemática son escasos, desde un tiempo a esta parte, se puede observer que ya son cada vez más los investigadores que se abocan a este tema.

Sin embargo, durante un análisis llevado adelante en la plataforma de YouTube, se pudieron encontrar abundantes videos en los que muchas especies de diferentes grupos taxonómicos y múltiples países presentaban respuestas conductuales a los sobrevuelos de drones. Además, el 26% de las especies que fueron perturbadas están incluidas en alguna de las categorías de amenaza de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.

Las leyes en relación a su uso

En diálogo con ANB, Natalia Rébolo, integrante del Grupo de Investigaciones en Biología de la Conservación (GrInBiC) del INIBIOMA contó que, en Argentina, la Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC), es el ente encargo de regular las operaciones con drones. En su reglamento se establece que todo drone mayor a 500 gramos debe estar registrado en el Registro Nacional de Aeronaves.

“Esto deja exentos a los drones que normalmente se utilizan con fines recreativos, ya que son de tamaño pequeño o mediano se comercializan casi como un juguete, esto hace que miles de drones estén volando por todo el país pilotados por personas que desconocen la reglamentación y sobre todo el impacto que pueden generar en el ambiente y en la fauna”.

Para pilotar un drone en nuestro país, se requiere una línea de visión, esto significa que el drone debe ser visualizado por el operador en todo momento; sin embargo, esto es algo que raramente se cumple y también se desconoce.

Además, como regla general, tampoco se pueden volar drones a una altura mayor a 120 metros, y en lo que respecta al acercamiento a personas se debe respetar una distancia mínima de 30 metros en la horizontal y 10 metros en la vertical.

Está prohibido operar drones en condiciones climáticas de baja visibilidad, por ejemplo, lluvia, niebla o cuando es de noche; en vehículos en movimiento; en zonas de aglomeración de gente; tampoco en espacios aéreos controlados, como aeropuertos, helipuertos o zonas de uso militar.

Si bien en el reglamento no existe una apartado en lo que respecta a la fauna, sí se establece la prohibición en áreas de Parques Nacionales, excepto que se cuente con una autorización especial emitida por la ANAC y por la APN.

Tanto la ciudad de Villa la Angostura como Bariloche, tienen la particularidad de estar inmersas dentro de un Parque Nacional. Existe una zona llamada ejido municipal, que es la zona urbana donde se aplica el reglamento a nivel nacional, excepto que el Municipio establezca otra reglamentación anexa.

El resto pertenece al Parque Nacional, esto incluye la mayoría de los refugios de montaña, donde las personas suelen querer utilizar estas aeronaves y el espacio aéreo por encima de los lagos, ya que es jurisdicción de APN. 

Lamentablemente, no existen estadísticas de personas que utilizan drones en zonas prohibidas, “pero sabemos que el uso es constante y masivo, gracias a comentarios de personas que trabajan en estas zonas como, por ejemplo, el personal de refugios de montaña, que constantemente se ven obligados a indicarle a las personas que está prohibido manipular estos vehículos”, relató Rébolo.

Además, este tipo de uso, se puede verificar fácilmente mediante internet. En YouTube y redes sociales, existen miles de videos de personas manipulando drones en áreas naturales, en donde muchas veces se puede verificar que existe un acoso a la fauna silvestre.

Los drones son herramientas muy valiosas con muchísimos fines. “En investigación, pueden revolucionar la metodología en muchos campos científicos. Pero tenemos que ser conscientes de que pueden acceder a terrenos remotos o difíciles y pueden ocasionar impactos en el entorno y la fauna si no se usan correctamente”.

 

“Nosotros utilizamos los videos que las personas suben a YouTube para evaluar el impacto del uso de los drones recreativos en la fauna silvestre. Encontramos muchísimos ejemplos en donde aves, mamíferos terrestres y marinos, reptiles y hasta incluso peces e insectos reaccionaron a los drones cambiando su comportamiento”.

 

Las diferentes reacciones pueden ser de alarma, de huida o, la forma más extrema, de ataque. Los drones pueden provocar estos cambios de comportamiento en los animales, que de ser repetidos en el tiempo pueden dar lugar a que estos decidan abandonar el sitio, e incluso los nidos con huevos o pichones por considerar que la zona se ha vuelto peligrosa.

 

Las aves, por ejemplo, reaccionan casi siempre atacando, este el caso de muchas rapaces que pueden interpretar al drone como un competidor: También, reaccionan huyendo ya que pueden considerar al drone como un depredador. Además, “es importante mencionar que por más que no veamos un cambio comportamental puede ser que se generen otros impactos como, por ejemplo, elevar los niveles de estrés”, aclaró la referente.

 

Concientización sobre el uso del drone

En la actualidad, existe un reglamento que indica sobre la utilización de este aparato, pero, muchas veces, su fiscalización es complicada por varias cuestiones. Por ello, es importante que entre los pilotos de drones recreativos exista una concientización sobre su uso y se recomienda:

Conocer las leyes y regulaciones locales, ya que las mismas pueden variar en distintas zonas.

Ser consiente del entorno, hacer una evaluación visual de la zona para identificar posibles riesgos y especies de fauna presente. Antes de operar el drone, asegurarse de no encontrarse en un área importante para la conservación de la fauna, aun cuando no se trate de un área protegida.

No sobrevolar nidos o probables sitios de alimentación o descanso de animales silvestres.

Descender el drone automáticamente ante la presencia de aves.

No perseguir a la fauna silvestre para lograr “buenas tomas”.

Avisar a las autoridades pertinentes si alguien incumple con el reglamento (por ejemplo, si alguien está volando un drone en un Parque Nacional).

Difundir estos mensajes entre los operadores de drones.

  

 

 

 

 

 

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