EN PRIMERA PERSONA

“La Ruta de los Siete Lagos se ha transformado en una película de terror”

Ariel Domínguez advirtió sobre el deterioro de la Ruta. Señala la presencia de pozos profundos, grietas, bordes desgranados y sectores con desvíos que llevan más de 1.000 días, y reclamó a las autoridades obras de mantenimiento y soluciones definitivas ante el aumento del tránsito por la próxima temporada turística.
16/10/2026

En esta oportunidad mi humilde intención es advertir a la población y al mismo tiempo un llamado a la acción a las autoridades responsables: Gobiernos locales, Provincial y entes Nacionales, acerca del deplorable estado de la ruta Nacional 40, en el tramo que parte desde Villa La Angostura -surcado por verdaderas trincheras longitudinales- fruto del exceso de peso sin control (?) de los vehículos de tránsito internacional, sector el cuál paradojicamente un odioso cartel, refriega con desparpajo la nostalgia del Mantenimiento Preventivo que quedó reducido a mera leyenda, y su continuidad por la denominada Ruta de los Siete Lagos hacia San Martín de los Andes. 

Dicho tramo, que en algunos sectores aparece estratégicamente sembrado de pozos, como si se tratase de un sistema de reducción de velocidad, se choca de bruces con la contradicción de la señalética que indica velocidades, que, de ser respetadas, rozarían el suicidio inducido de los conductores y las familias de ambas localidades y de la región que a menudo transitan en ambos sentidos. 

Página aparte merecería el análisis del riesgo impensado al que se somete al turista desprevenido que decide transitar la Ruta Escénica de los Siete Lagos, que de un tiempo a esta parte se ha transformado en una experiencia inmersiva en una película de terror, con verdaderos cráteres, que en algunos casos  coinciden o abarcan ambas manos de la calzada, por lo que se torna imposible o extremadamente riesgoso esquivarlos, aún reduciendo la velocidad al máximo. 


Un riesgo adicional representa el deterioro o desgranamiento de los bordes de la calzada que en algunos sectores llegan a afectar más de medio metro del ancho total de la traza. 

La presencia de animales sueltos, fue especialmente colocado bajo la lupa de varios entes y fuerzas de seguridad, sin embargo no sucedió lo mismo con las tareas de mantenimiento, que parecen limitarse a la realización de obras cuasi artísticas de tapado de grietas con emulsión asfáltica (eso que a los ojos de un desprevenido, parece una exposición de dibujos viales con tinta china. Y sí, ante semejante coyuntura parece un verdadero chino).


Mientras, por ejemplo, el desplazamiento producido en un sector de la ruta por el cuál se debió implementar un desvío en un tramo de ripio, ya cumplió algo más de 1000 días, sin alcanzar una obra superadora y definitiva.

En ese sentido, a este ritmo y sin hacer vana futurología, si somos religiosos debemos rezar, a todas las deidades para que no suceda lo mismo en al menos 3 o 4 sectores donde hasta el más negacionista, sin ser un versado ingeniero vial con especialidad en caminos de montaña, puede advertir que en cualquier momento, más temprano que tarde, se va a desplazar la calzada y no será precisamente magia.

La situación ya ganó por cansancio a un patriota vecino de San Martín de los Andes que en un acto de responsabilidad y altruismo, dedicaba horas a señalar con pintura el borde de cada uno de los pozos que se siguen sumando, a pesar de lo cual ni siquiera una sola señal vial advierta del estado defectuoso de la ruta.

Por todo lo expuesto, y agradeciendo la publicación de las fotos adjuntas, este ignoto ciudadano, se quedaría más tranquilo si en vez de romantizar con agregarle lagos y magia a una ruta histórica que la tiene per se , las autoridades responsables se dedicaran a pensar y concretar soluciones reales, que a esta altura ya no pasan por el abandono público y notorio de la obra pública por parte del gobierno nacional o de hacerse cargo textualmente en la leyenda de un cartel.

Se viene una nueva temporada, aumenta el tránsito vehicular y el riesgo se acrecienta.

Por el bien de dos ciudades que viven de la actividad turística marcada esencialmente por el impacto de sus paisajes y atractivos naturales, sin dudas resulta fundamental pensar y hacer todo lo necesario para evitar la  pérdida de vidas y las graves consecuencias para la integridad física que producen los siniestros viales.

Si se puede prevenir, no es un accidente.

Está a la vista de todos. Resulta más que evidente.
Ojalá los responsables en sus respectivas jurisdicciones y áreas de incumbencia tomen cartas en el asunto con la brevedad posible. 

Ariel Domínguez 
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