ADIESTRAMIENTO CANINO EN CASA
Perros que sufren con los ruidos: cómo protegerlos en tormentas y la pirotécnia
Las tormentas eléctricas cada vez más intensas y la pirotecnia siguen generando un problema silencioso pero grave: perros que entran en pánico, se desorientan y huyen sin control. En muchos casos, el resultado es dramático: animales perdidos, atropellados o gravemente heridos. Para la adiestradora canina Adriana Martinelli, la clave está en comprender qué le ocurre al perro y actuar antes de que el miedo lo domine.
“Cuando un perro se asusta de verdad, no piensa como un humano. No busca refugio lógico ni corre hacia su casa. Se enceguece y corre sin rumbo”, explica Martinelli. Ese estado de pánico puede aparecer tanto con los truenos de una tormenta eléctrica como con el estallido de la pirotecnia. Para el perro, el estímulo es el mismo: un ruido fuerte, inesperado y amenazante.
Según la especialista, uno de los errores más comunes es creer que el perro “ya se va a calmar solo”. En realidad, cuando el miedo escala, el animal pierde incluso la capacidad de orientarse por el olfato, lo que hace que no pueda volver a su casa, aun estando cerca. Por eso, insiste en que la prevención es fundamental.
Uno de los conceptos centrales que remarca Martinelli es el del “lugar seguro”. No se trata de dejar al perro suelto por toda la casa, sino de ofrecerle un espacio pequeño, contenido, oscuro y silencioso. “Cuanto más chico el espacio, más seguro se siente el perro. El pensamiento de ‘me da culpa encerrarlo’ es humano, pero va en contra de lo que el perro necesita”, aclara. Este mismo criterio aplica tanto si el animal queda solo como si el dueño está presente.
Cuando es posible acompañar al perro durante la tormenta o los fuegos artificiales, el rol del humano es clave. Martinelli advierte que no hay que reforzar el miedo con caricias desesperadas o frases compasivas. “Decir ‘pobrecito’ y tocarlo sin parar puede hacer que el perro se agite más”. En algunos casos, una indicación firme y clara —un “basta” dicho con calma— ayuda a cortar el bloqueo mental. Una vez que el perro baja la intensidad, recién ahí se puede acariciar y contener.
La adiestradora es tajante con otro punto: no sedar nunca al perro. Explica que muchos tranquilizantes inmovilizan el cuerpo, pero no apagan el miedo. “El perro sigue con la cabeza activa, sintiendo pánico, pero sin poder reaccionar. Eso es terrible y puede provocar paros cardíacos”. Por eso, desaconseja totalmente el uso de sedantes sin indicación veterinaria específica.
Para reducir el impacto del ruido, recomienda cerrar puertas y ventanas y colocar música suave a volumen moderado, de manera que ayude a amortiguar los sonidos externos. En fechas previsibles como Navidad o Año Nuevo, sugiere anticiparse y preparar el espacio con tiempo. En el caso de las tormentas, recuerda que hoy los servicios meteorológicos permiten saber con antelación cuándo habrá actividad eléctrica intensa.
Otro aspecto importante es aprender a leer al perro. Martinelli cuenta que muchos animales presienten las tormentas horas antes: se muestran inquietos, no se despegan del dueño o intentan escapar. “Si ves esas señales, guardalo antes. No esperes a que empiece el ruido”, recomienda. Encerrarlo preventivamente puede marcar la diferencia entre un susto y una tragedia.
Qué hacer para proteger a los perros de los ruidos fuertes
Anticiparse: revisar el pronóstico del tiempo y prever tormentas o fechas con pirotecnia. Si hay riesgo, guardar al perro antes de que empiece el ruido.
Armar un lugar seguro: espacio pequeño, contenido y tranquilo, con puertas y ventanas cerradas. Cuanto más reducido, más seguridad percibe el perro.
Acompañar sin reforzar el miedo: mantener una actitud calma y firme. Evitar dramatizar o repetir caricias cuando el perro está en pánico.
Usar música suave: colocar música relajante a volumen moderado para amortiguar los ruidos externos.
Nunca sedar: no dar tranquilizantes ni “gotitas” sin indicación veterinaria. Pueden ser peligrosas y empeorar la situación.
Observar las señales: nerviosismo, jadeo o búsqueda constante del dueño pueden indicar que el perro presiente la tormenta.
Dejar distracciones previas: juguetes para morder o lamer ayudan a bajar la ansiedad antes de que empiece el ruido.
No dejarlo solo si se sabe que tiene miedo: siempre que sea posible, el perro necesita a su referente humano cerca.
Pensar en la prevención a largo plazo: trabajar la desensibilización al ruido de forma progresiva y positiva.
En cuanto a la edad, señala que los cachorros suelen adaptarse mejor, siempre que no se refuerce el miedo con actitudes humanas exageradas. Los perros adultos, en cambio, pueden necesitar un trabajo específico de desensibilización al ruido, exponiéndolos de forma gradual y positiva a sonidos de tormenta o pirotecnia, un proceso que lleva tiempo pero da resultados.
Finalmente, Martinelli subraya que este no es solo un problema individual. La pirotecnia afecta a mascotas, a personas con hipersensibilidad auditiva y representa un riesgo real de incendios. “La única forma de evitar tragedias es prevenir y generar conciencia”, afirma.
Tormentas eléctricas o fuegos artificiales: para los perros que sufren con los ruidos, el miedo es el mismo. Y también lo son los cuidados que pueden salvarles la vida.