La historia de los Reyes Magos

Pueden haber sido tres, cuatro o veinte. No eran reyes,  Baltasar fue blanco hasta el siglo XVI y lo de los juguetes cada 6 de enero,  un invento de occidente. Por Mariana M. Fernández
06/01/2014
La historia de los Reyes Magos
La historia de los Reyes Magos

Lo que hoy conocemos como “reyes magos” hay  poco de historia, mas allá  de los mitos y leyendas. Aparecen nombrados por primera vez en el libro de Mateo (Biblia) en el cual sólo se refiere  a unos “magos de oriente” que siguiendo la famosa estrella de Belén iban a adorar al “nuevo rey de los judíos”. El texto también menciona el encuentro con Herodes, el niño jesús,  los regalos y el sueño luego del cual se vuelven a su patria.

Pero en ningún momento Mateo dice cuántos eran– sólo  nombra a tres presentes- cómo se llamaban,  o bien, de dónde provenían concretamente.  Y en el resto del Nuevo Testamento ni son mencionados. Por lo tanto, las tradiciones posteriores fueron las encargadas de cubrir los “baches”.

De ésta manera, hasta el SIV la cantidad de  magos que visitaron al niño Jesús fue variando según  la tradición  de turno y a través del arte. En el SIII se los representaba como dos,  en las catacumbas romanas aparecían dos o cuatro, en la Iglesia Siria y Armenia fueron una docena –sostenían que los magos representaban a los doce apóstoles y a cada una de las tribus de Israel- y en la Iglesia de Egipto el número llegó a sesenta.

También en el SIII, Orígenes afirmó que habían sido sólo tres, postura que prevaleció a partir del siglo posterior.  Y como por esos tiempos la magia era mal vista  –la practica de la misma estaba prohibida por la biblia-, el teólogo Quinto Tertuliano (c160-220) estableció que los magos en realidad habían sido “reyes de Oriente”.

Los nombres de Baltasar, Melchor y Gaspar, como los conocemos hoy,  aparecen en un mosaico bizantino del SVI en Italia. Baltasar es representado con barba oscura y un recipiente con mirra; Melchor, sin barba y con una bandeja de incienso; y Gaspar, con pelo y barba largos y blancos y una canasta con oro. Todos vestidos con ropas persas.

En el SXV, Petrus de Natalibus fijó la edad: Melchor tenía 60, Gaspar 40 y Baltasar 20.

Y no menos arbitrario que los nombres y las edades fue el hecho de que Baltasar se convirtiera en un hombre negro.  Fue en el SXVI  por una cuestión estratégica de la Iglesia Católica de darles a los tres magos un carácter simbólico. Se los identificó con los tres hijos de Noé (Sem, Cam y Jafet), que según el Antiguo Testamento, representaban las tres razas humanas conocidas hasta ese momento.

Así, Melchor –el anciano de pelo y barba blanca - simbolizaría a los europeos llevando el oro; Gaspar –lampiño y rubio - a los semitas de Asia con el incienso; y Baltasar-de barba y tez negra- a los africanos ofreciendo la mirra.

El festejar cada 6 de enero la llegada de los reyes comenzó en el sV en Occidente. La fecha fue elegida para conmemorar la manifestación de Jesús al mundo a través de los reyes magos, las bodas de Canaan y el bautizo de Jesús en el Río Jordan.

Asimismo, la tradición de que los reyes magos regalen juguetes a los niños comenzó a  practicarse recién a mediados del SXIX y sólo en algunos países de occidente.

La estrella de Belén

Alrededor de la famosa  “estrella de Belén” que guió a los Reyes magos se tejieron numerosas hipótesis. Una versaba de que la estrella en realidad era el planeta Venus brillando, pero ya en ese entonces el fenómeno  era conocido y por lo tanto no se hubiera tomado como algo fuera de lo común. Otra decía de que la estrella era el  Cometa Halley, pero las fechas no coincidirían.  Y una de las más creíbles fue la que postulaba la idea de una supernova (explosión de una estrella cuya luz intensa puede verse durante mucho tiempo).  Pero no hay registros concretos de que en ese tiempo hubiera ocurrido dicho fenómeno.

Finalmente, la más consistente y aceptada fue  la hipótesis propuesta por el astrónomo Johanes Kepler en 1606. Según él, la “estrella de Belén” fue la extraordinaria alineación de la Tierra con Júpiter y Saturno, y el Sol pasando por la constelación de Piscis. Producto de esta conjunción, los planetas se verían como uno sólo y reflejando  una luz brillante.


“El medio mejor para hacer buenos a los niños es hacerlos felices”. Oscar Wilde

Por Mariana Muriel Fernández

Fuentes:* “Mitos y ritos de la Navidad”; Pepe Rodríguez; Ed.B; 1997.