PEQUEÑOS GRANDES AMBIENTALISTAS - 5º Entrega

Entre sequoias y generaciones: una familia que creció junto a dos gigantes verdes

Desde los años 60 hasta hoy, dos sequoias custodian una esquina de Villa La Angostura y la memoria de cinco generaciones. Franco Chiatellino narra una historia íntima donde naturaleza, hogar y pertenencia crecen al mismo ritmo.
03/02/2026

 

La naturaleza humana es investigar, saber, hurgar en las pequeñas y grandes historias que marcan una identidad y rumbo. Una familia, un pedacito de tierra y dos sequoias que ya han acompañado a cinco generaciones. Ojos de abuelos, padres y niños que las vieron crecer. Una historia Angosturense, parte de la historia de un paraje que se convirtió en pueblo.

Hoy para nuestra saga de Pequeños Grandes Ambientalistas, Franco nos comparte sus vivencias y recuerdos en esta nota que tituló:

ENTRE SEQUOIAS

Aquí va un intento, escribir no es tan fácil como el chismorreo de cafetería. He hablado muchas veces con amigos y clientes contándoles nuestros comienzos. Les comparto la historia familiar: A mis abuelos les gustaba viajar en casa rodante recorriendo la Argentina. Ya en la década del 50, los lagos del Neuquén eran uno de sus lugares preferidos. En esa época tardaban una semana en llegar.

En el año 1963 finalmente compran el terreno donde hoy está mi casa. Había una cabaña  precaria que fueron arreglando de a poco.

Las Sequoias ya estaban allí. ¿Cuántos años tenían? ¿Quién las plantó? Son cosas que realmente no sabemos. Seguramente datan de la década del 20, cuando dicen, introdujeron las exóticas en la zona. Pero es algo que no podemos asegurar.

También es curioso pensar ¿Por qué están plantadas ahí? Demasiado cerca entre sí para cuando lleguen a ser adultas, sin grandes construcciones en el barrio.

Lo que sí era seguro es que iban a ser parte de la historia familiar.

Mis viejos vinieron de luna de miel en 1965 y de a poco la cabaña fue cambiando. El tiempo pasó, a fines de la década del 70 tengo mi primer recuerdo en el pueblo y se convirtió en nuestro lugar de vacaciones de todos los años. De a poco se fue plantando el cerco de pinos que había sido la ilusión de mi abuela y las Sequoias coronando la esquina.

Entre mi hermano y yo casi llegábamos a abrazarlas. Hoy necesitaríamos varios brazos para poder lograrlo.

Fueron la sombra para los almuerzos de verano, siempre imponentes. En esa época todavía el cerco las contenía, con el tiempo fueron abrazando los alambrados y quedaron cubiertos por su corteza acolchada.

En el 2002 finalmente vengo con mi familia a vivir aquí. Se transformó en el lugar donde crecieron mis hijos y comenzamos una nueva historia.

En el 2012 abro mi taller actual en lo que era el living de mi casa, la entrada obligada tenía que ser entre las Sequoias. El jardinero dijo que era imposible por las raíces, así que pala en mano empecé a hacer los pozos para poner los postes de la puerta de entrada.

Al tiempo, quise agrandar el taller y averiguando y soñando un poco despierto surge la cafetería, y la entrada quedó por supuesto entre las Sequoias.

Hoy estos dos gigantes le dan la bienvenida a quienes nos visitan.

Si bien todas las historias necesitan un final, la historia de las Sequoias y mi familia no sé si lo tendrá.

Mi nieto es ya la quinta generación, que las abraza y contempla.

En algunos años es posible que haya que cambiar de lugar la cámara fría de la cafetería, porque ya una parte del alero está dentro de una de las Sequoias.

“Más allá de todo, son parte de nuestro día a día. Algo así como un faro que nos muestra el camino a casa”

Escribió para Grupo Árbol Vla Franco Chiatellino

 

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