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"La necesidad de preservar el bosque originario"

Con apenas 21 años, Julia "July" Butterfly Hill desafió tormentas, amenazas y el paso del tiempo al permanecer más de dos años sobre una secuoya para impedir su tala. Su historia se convirtió en un símbolo mundial de la defensa de la naturaleza.
20/07/2026

¿Alguna vez oíste hablar de Julia Lorena Colina? ¡Ella es una de mis ídolas! Y ya te cuento por qué.

Pero antes te pregunto: ¿Viste las dos secuoyas gigantes en la puerta de “De Luz y Fuego” en Las Mutisias y Las Retamas? Otro día te contaré su historia, pero así sabrás de qué árbol te voy a hablar.

Vamos con la historia de “la defensora” de las secuoyas: Julia es una mujer americana que actualmente a sus 52 años sigue siendo tan “ambientalista” como lo fue “heroicamente” a sus 21.

La historia comienza cuando a sus 7 años, durante un paseo con su familia por el bosque de Arkansas, una mariposa se le pegó en el brazo y la acompañó allí todo el día. Desde entonces la llamaron July Butterfly Hill.

A sus 16, mochila al hombro, recorría rutas y senderos como tantos jóvenes por el mundo, preguntándose por el sentido de la vida y su misión ...

En la semana previa a la Navidad de 1997 atravesaba un legendario bosque de Sequoyas en la zona de Sttaford donde se topó con un grupo de gente de la organización “¡Primero la Tierra!” que custodiaban la zona para evitar los avances de la multinacional “Pacific Lambert Company” que venía talando dicho bosque. Un año antes, un desmoronamiento de la colina cercana – a causa de la deforestación indebida- había provocado un deslizamiento de tierras que sumergió al pueblo aledaño en barros de hasta 6 metros de altura, destruyendo un montón de casas y edificios.

Los jóvenes locales estaban organizados en hacer “guardias de 48 hs” e iban rotando
periódicamente.

Ella, que no pertenecía a ninguna organización ni sabía demasiado de cuestiones ambientalistas, se preocupó por la situación y simplemente, por su Amor a los Árboles, decidió ofrecerse para la guardia de la siguiente semana de las Fiestas.

Así es que se calzó el arnés, juntó las provisiones que le otorgaron “para unos días” y se montó hasta la precaria plataforma de 1,80 x 1,20 ¡a 60 metros de altura!! (Piso 18° de un edificio, más o menos) con su bolsa de dormir y no mucho más. Arriba la esperaba un toldo a modo de carpa, una cocinita de propano de una sola hornalla, cuerdas y algunas latas. 

Así inició inocentemente “su sentada”. Como era noche de luna llena, bautizó a “su”  árbol: “Luna”, hoy tan famoso y vital como ella.

Recordemos que en USA en diciembre es invierno, Papá Noel y la nieve presente en todas las películas, verdad? y sabemos que las secuoyas son las coníferas más altas y más longevas del planeta. ¡Llegan a medir 120 metros! ¡Y hay especímenes de más de 3000 años! (ya hablaremos de ellas en otra entrega).

Lo cierto es que parece ser que el muchacho que debía reemplazarla no se presentó a tiempo.

Mientras, en esos días, July admiró y aprendió tanto de su “Luna”, y a su vez, desde las alturas, pudo contemplar la devastación que la compañía maderera estaba produciendo en los alrededores, que decidió que hasta que la empresa no desistiera de sus propósitos, ella no bajaría del árbol.

Así lo planteó a sus compañeros que siguieron apoyándola desde abajo, mandándole refuerzos de comida, cuadernos para ir registrando todo lo que le pasaba, más abrigos, libros, bolsas herméticas para sus deposiciones, y hasta una radio para comunicarse. ¡En ese entonces aún no había celulares y menos internet!

Al principio nadie tomó en cuenta lo que esta “niña loca” (¡con apenas 21!) se había propuesto.

Los días iban pasando, las tormentas, la lluvia, truenos y relámpagos, los vientos huracanados, los altavoces amenazadores de la Empresa y la policía, los helicópteros que la acechaban entre las ramas, la prohibición de paso de los otros ambientalistas con alimentos y víveres varios, los miedos, la fiebre, los ruegos de su familia, etc. etc. Pero su terquedad (¡?), más bien su “DETERMINACIÓN” la mantuvieron en su lugar elegido. 

Poco a poco, casi sin haberlo premeditado, fue llamando la atención de los medios. Así es que numerosos artistas, cantantes y famosos se fueron acercando y propagando el mensaje de protección al bosque milenario. Mientras, July firme en su propósito, negociaba con los directivos de la Empresa taladora.

¡Fue una ardua contienda que duró exactamente 738 días! ¡Sí, dos años y una semana! 
“viviendo” en Luna.

Fue recién cuando la Pacific Lambert se comprometió a salvaguardar y proteger a todos los árboles en un radio de 60 metros alrededor con un documento legalmente válido.

Posteriormente a su descenso, July Butterfly Hill escribió su memorable “El Legado de Luna”, donde cuenta toda su experiencia. Así mismo se han hecho varias películas y videos, como así también numerosas canciones -como la inmortal de Joan Baez y Bob Dylan, y hasta los Simpsons la nombran en un capítulo de la serie.

Desde entonces, July no ha interrumpido su voz y sus acciones en pro de un planeta más sano y protegido como la Naturaleza lo merece. 

Con esta historia no pretendemos que cada vez que el dolor de ver mutilar y destrozar los árboles de nuestra querida Villa nos trepemos a ellos. Pero sí intentamos trasmitir la idea de que un gesto, una acción, una actitud, una charla, una clase, o una nota en el diario, por más pequeña o individual que sea, puede cambiar esa nefasta realidad.

- “Estoy haciendo mi parte”- le contestó el colibrí al puma cuando éste se burló de las dos gotitas que el ave transportaba en su piquito para apagar un incendio en el bosque cercano.

¡Sigamos sembrando Conciencia! 


Gracias July por tu ejemplo de perseverancia y voluntad.

Escribió para Árbol VLA María Viegas
Nota relacionada: https://www.diarioandino.com.ar/noticias/2026/02/03/233840-entre-sequoias-y-generaciones-una-familia-que-crecio-junto-a-dos-gigantes-verdes

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