PLANIFICACIÓN

"Muchos rumbos, pocos avances": el llamado a repensar el futuro de Villa La Angostura

En una carta de lectores, el arquitecto Aníbal Lening advierte sobre la falta de planificación, el deterioro urbano y la pérdida de objetivos comunes. Plantea la necesidad de definir qué ciudad quiere construir Villa La Angostura.
31/07/2026

Muchos rumbos – Pocos avances

 

Después de vivir veinticinco años en Villa La Angostura, siento el derecho —y también cierta obligación— de expresar una preocupación: la dejadez se está convirtiendo en una enfermedad contagiosa.

Pero quizás además de estar perdiendo el rumbo se suma otro tema de igual importancia como la dejadez.

No hablo solamente de limpieza, mantenimiento o terminaciones. Hablo de una pérdida progresiva de exigencia, planificación y objetivos compartidos. Nos acostumbramos a situaciones que tiempo atrás nos habrían parecido inadmisibles, mientras cada sector intenta resolver su propia urgencia sin considerar el resultado colectivo.

El Estado no está pudiendo mantener o controlar el ejido. Los privados suponen que nadie les exigirá. Los vecinos dejan de reclamar porque sienten que nada cambiará. Así, lo provisorio se vuelve permanente y el deterioro comienza a naturalizarse.

Esta pérdida de rumbo se expresa en distintos problemas que se acumulan.

Tenemos una emergencia habitacional que dificulta que quienes trabajan en la localidad puedan vivir dignamente en ella. Somos una comunidad extensa, pero mantenemos gran parte de los servicios concentrados. Crecemos en población y construcciones sin haber resuelto completamente el agua, las cloacas, el gas, la energía ni la movilidad.

A esto se suman el vandalismo, la falta de mantenimiento, las normativas que llegan tarde y una infraestructura que muchas veces queda detrás de las necesidades reales.

No se trata de rechazar las inversiones ni de oponerse al crecimiento. Villa La Angostura necesita actividad, empleo y desarrollo. Pero crecer sin planificación ni infraestructura puede agravar los problemas que ya tenemos.

Quizás el problema sea que no todos estamos avanzando hacia el mismo lugar. El Estado, los inversores, los vecinos, el turismo y los desarrolladores parecen seguir rumbos diferentes.

Nos falta acordar qué Villa La Angostura queremos construir y ordenar las decisiones públicas y privadas en función de ese objetivo.

Nuestra localidad todavía conserva un nombre poderoso, una comunidad comprometida y un entorno natural excepcional. Pero corremos el riesgo de vivir de una imagen extraordinaria mientras deterioramos lentamente aquello que debería sostenerla.

No estamos ante una catástrofe inevitable, sino frente a un momento decisivo.

La dejadez es contagiosa, pero el cuidado también puede serlo.

Recuperar el rumbo comienza cuando dejamos de justificar lo que está mal, volvemos a exigirnos y comprendemos que cada decisión individual también construye —o deteriora— el lugar que compartimos y quizás el primer paso sea reconocer que hace décadas dejamos de ser una aldea o pueblo pequeño de montaña a ser una pequeña ciudad turística de montaña.

 

 

Anibal Lening- arquitecto