Un humilde recuerdo: Julio Sosa
Domingo 13 de Febrero, desde las 10:00 y hasta las 12:00hs por el 95.3 FM ANDINA ó por www.diarioandino.com.ar el programa N° 20 de "El Tango No Para..." este domingo escucharemos entre otros a Astor Piazzolla, Raul Funes, Tito Lando, Edmundo Rivero...y más.
El humilde recuerdo para Julio Sosa
Su nombre completo era Julio María Sosa Venturini, apodado "el varón del tango" nació el 2 de febrero de 1926 en Uruguay en la ciudad de Las Piedras, en un hogar muy pobre y humilde, donde faltaban muchas cosas, menos el cariño y el amor.
Su familia era de gente honrada y trabajadora: Luciano Sosa, el padre, era peón de campo y su adorada madre Ana María Venturini, lavandera.
Realizó la escuela primaria con ciertas intermitencias puesto que la dura realidad familiar lo obligó a trabajar desde temprana edad, supo ganarse la vida como lustrabotas, repartidor de farmacia, vendedor de rifas, canillita, vendedor ambulante, podador municipal de árboles, lavador de vagones, guarda...
Durante su época de canillita solía leer con gran entusiasmo revistas populares de música que traían letras de tangos.
Nada le impidió desarrollar su verdadera vocación: el tango, al que entregó la vida y el alma.
En 1942 comenzó a recorrer cafés cantando como aficionado, entre ellos el Café "Luces de Canelón Chico", en Montevideo. Tras ganar un concurso de tango se inició como vocalista en la orquesta de Carlos Gilardoni y formó parte de varias agrupaciones con la de Luis Caruso realizó sus primeras grabaciones para el sello Sondor en 1948, fueron cinco en total, entre ellas "Sur" y "La última copa".
El 15 de junio de 1949, con 23 años, llegó a Buenos Aires. Lo primero que hizo fue tomar un taxi para dirigirse hacia una dirección que traía anotada, durante el viaje Julio entusiasmado fue contándole su historia al chofer y que ésta era su primera ves en Argentina y queria probar suerte como cantor, gentilmente el taxista lo llevó a recorrer los distintos lugares de la ciudad y al final del día no quiso cobrarle, cuando Julio Sosa ya era un cantante famoso, en un programa televisivo, conto está anegdota agradeciendole a ese taxista que tanto lo ayudó, pero nunca se supo su identidad.
En Buenos Aires integró distintas orquestas con las cuales se presentó en radio, bailes y fiestas. Cantó inicialmente en el café "Los Andes" del barrio de la Chacarita, acompañado por las guitarras de Cortese y Fontana y permaneció por un corto tiempo en la agrupación de Joaquín Do Reyes.
El periodista y letrista Raúl Hormaza quien había quedado fascinado con las grabaciones realizadas por Julio Sosa en Uruguay se los lo presento a Enrique Mario Francini y Armando Pontier quienes querian incorporar otro cantante en su agrupación,
se cuenta que en ese primer encuentro Hormaza lo sito a Sosa en en la confitería Nobel, no se conocian personalmente, entonces el periodista le dijo que iría vestido con un traje azul cruzado con rayitas blancas para que el cantante pudiera reconocerlo, cuando Sosa se sorprendió al ver que la mayoría de los presentes tenia traje azul cruzado con rayitas blancas, que en realidad estaba muy de moda en los años 40. Frente a tal situación el ocurrente cantor no dudo en subirse a una de las mesas y a los gritos preguntar quien era Hormaza.
El 1 de abril de 1949 hace con Francini y Pontier su primer presentación en la famosa avenida Corrientes, a partir de ese momento logró consolidar su prestigio como vocalista y mejorar su situación económica.También realizó presentaciones en Radio El Mundo, la capital federal y el interior de la Argentina. En esos tiempos grabó distintos temas como: "El ciruja", "Dicen que dicen", "Viejo smoking", "Por seguidora y por fiel".
En 1953 se incorporó a la orquesta de Francisco Rotundo, realizando junto a ella grabaciones memorables para la compañía Odeón, como es el caso de "Justo el 31", "Bien bohemio", "Mala suerte", "Levanta la frente" y " Dios te salve mhijo".
En 1955 ingresó en la agrupación de Pontier , (que se había separado de Francini), y grabó para las companias Victor y Columbia, en ese momento ya era un cantante de gran popularidad en Buenos Aires, y se destacaban temas como: "La gayola", "¡Quién hubiera dicho!", "Padrino pelao", "Martingala", "Abuelito", "Camouflage", "Enfundá la mandolina", "Tengo miedo", "Brindis de sangre" o "No te apures", "Llorando la carta", "Margó", "El rosal de los cerros", y "Cambalache", el más que famoso tango de Discépolo que con su grabación volvió a instalarlo en el gusto popular.
En 1958 bajo la dirección y los arreglos del bandoneonista Leopoldo Federico Julio Sosa cuando se independizó y formó su propia agrupación, con la cual logró lucirse, dado que el virtuoso músico se adaptó especialmente a su estilo.
En 1961 comenzó a grabar para el sello Columbia, el periodista Ricardo Gaspari titular del departamento de prensa y promoción, fue quien le puso el apodo por el cual se lo conoció y conoce actualmente "El varón del Tango", Julio Sosa se caracterizó por su carácter extrovertido, un fuerte temperamento, registros graves y una gran capacidad para adaptarse fácilmente al humor o al drama, moldeado por la rudeza de las circunstancias que le tocaron vivir. Desarrolló un estilo muy personal e inconfundible, de gran influencia y que supo cosechar una multitud de seguidores. así apareció una nueva imagen del cantor de tango,(como les conte la semana anterior en el recuerdo a Enrique Dumas), recio, varonil de voz grave y extrovertido, Para este mismo sello discográfico y con compañía de las guitarras de Héctor Arbelo también grabó un repertorio criollo, donde no faltaron valses y zambas.
"El varón del tango" fue el último cantor a la vieja usanza.
El repertorio de Sosa contó con muchas de las canciones que interpretaba Gardel, junto con temas de los 40 y revitalizados viejos éxitos de los 20. Rescató al típico personaje de tangos, el macho de los suburbios que sufre sin lamentarse y cuyas características primordiales son la melancolía, el honor y la virilidad, como es el caso de "Tarde", "La Gayola", entre muchos otros. Aunque, por otro lado, la veta humorística no fue dejada de lado y en gran cantidad de sus tangos dejó traducir su gran sentido del humor y simpatía: tal es el caso de "Enfunda la mandolina", "Amurado", de gran éxito y "Padrino Pelado", tango de 1930 que lo recreó al grabarlo en 1955, imitando en su interpretación a un italiano hablando en "cocoliche".
Julio Sosa grabó una gran cantidad de discos que resultaron muy exitosos en popularidad y ventas y sus presentaciones reunían multitudes, aspecto que resultaba totalmente impensable para un intérprete de tango en aquellos días cuando la música ciudadana pasaba por un momento no muy feliz, dado el pleno auge de la llamada "nueva ola" que junto con otros géneros, ponían en jaque a la música ciudadana pero gracias a él, su estilo y la potencia de su voz, el tango logró recuperarse de la caída que venía padeciendo desde mediados de los años 50.
Pese a destacarse y triunfar como cantor de tangos también mostró interés por desarrollar otros aspectos artísticos: como poeta, en 1960 con la publicación de su único libro, "Dos horas antes del alba"; como letrista de el tango: "Seis años"; también como actor de cine, dado que participó en la película de Hugo del Carril "Buenas Noches, Buenos Aires", en 1964 donde interpretó y bailó "El firulete", milonga de Taboada y Mores, una de sus más exitosas y reconocidas interpretaciones, en esta ocasión junto con la actriz y cantante Beba Bidart.
Julio Sosa tenia una gran carrera por delante y estaba en su mayor esplendor, pero era fanatico con locura de los autos y la velocidad, sufrió varios accidentes al volante; el último de ellos con su DKW Fisore rojo, en la madrugada del 25 de noviembre de 1964 resulto fatal, fue internado pero su cuadro era irreversible y falleció el 26 por la mañana.
"El Varón del Tango" moría con sólo 38 años, el velatorio se realizó en el famoso Luna park, donde también fuera velado Carlos Gardel.
Una innumerable cantidad de personas pasó por allí a darle el último adiós a su ídolo, aquel que con su canto unió la región rioplatense.
Curiosamente, un día antes del trágico accidente, durante su última presentación radial, interpretó el tango "La gayola", que en una parte de su letra dice : "pa que no me falten flores cuando esté dentro el cajón".
Fue llorado por todo un pueblo y es hasta el día de hoy recordado y homenajeado como lo que fue: una figura ineludible, una verdadera insignia en la historia del tango, uno de los más grandes intérpretes de la música ciudadana de todos los tiempos que a pesar de su temprana desaparición, su impronta seguirá siempre presente en sus discos y en los corazones de quienes lo amaron, aman y amaran.