“La adicción a las pantallas: ¿La era de la imagen?”
Una de las consultas frecuentes en la clínica con niño/as, pero no sólo en las infancias, sino también con adolescentes y adultos, es la pregunta de quienes están a cargo, padres, docentes, acerca de cómo actuar ante la permanencia en el tiempo, durante largos períodos en el día, de los sujetos capturados por las pantallas, ya sea por cuestiones de recreación, laborales, conexiones por diferentes temas, y el no poder ubicar una medida en tanto este límite resulta complejo de efectivizar.
Por supuesto que el buen uso de los medios digitales es algo que adoptamos todxs. Me refiero a la dificultad que aparece cuando en vez de saber utilizarlos, no se puede dejar de hacerlo.
Por ejemplo, la necesidad de verificar cuántos, quiénes, cómo han visto las publicaciones, las horas del día que alguien puede estar tomado por los juegos en red, inclusive adultos, el circular por las redes desde que nos levantamos hasta que nos vamos a dormir, y qué pasa en el caso de… ¡perder el celular!
Dos ejemplos del cine/series lo muestran claramente: una película: “El estafador de Tinder”, casos reales, nos alerta sobre la creencia en relación al amor, cuando se les otorga poder a las imágenes posteadas en los perfiles personales y a las estafas emocionales y económicas que pueden traer aparejadas el mal uso, o abuso mejor dicho, de las redes sociales vía las pantallas, mundos creados desde un simple objeto tecnológico.
La otra serie que les comento es “La invención de Anna”, ya una historia más compleja en cuanto al caso, si hablamos desde el Psicoanálisis, interesante en tanto se puede leer allí lo crucial y estabilizante, por decirlo rápidamente, que le resultaba al personaje ser mirada y famosa, vía las redes sociales y el costo que paga por ello. No me voy a detener aquí con estas dos historias, las menciono sólo para evocar en qué medida nos atraviesa esta cuestión a todxs, siendo seres sociales, mediados por la cultura y la época.
Sería importante poder situar en cada caso, cuál es la mejor manera de intervenir dado que nombré a ciertas prácticas actuales como adicciones. Es decir, resulta llamativo que quizás, en algunos casos eso sirva para armar un mundo simbólico y tender lazos más allá de la imagen; así como también sucede en otros, en los cuales sería fundamental acotar el modo en que se realizan estas prácticas, regulando las actividades.
Así como hasta hace no mucho tiempo, se les permitía a los niños/as ver un rato de tele, dibujitos o film durante el día, hoy en cambio, en algunos casos desde bebés tienen en sus manos un celular o una tableta electrónica. ¿Hasta dónde normalizar estas costumbres actuales, o de qué manera mediar para el buen uso de estos aparatos, inclusive la computadora desde la que les estoy escribiendo? Ya que resulta excelente poder aprovecharlos!
Continuaremos conversando sobre estas cuestiones y las que les suscite la lectura en la Radio, esperamos sus interesantes comentarios, preguntas y mensajes, muchas gracias.
Violeta Paolini. Psicoanalista. Miembro de la EOL y AMP.