2025-04-04

TERCERA TEMPORADA

Juguete Rabioso: hoy compartimos: "El pez que sabe", de Mabel Albesa

en esta décimo terecera entrega de la sección que cura Diego Reiss, hoy un cuento íntimo y poético sobre el duelo, donde la pesca no es un fin sino un ritual silencioso de reencuentro con la ausencia.

Como todos los sábados, muy temprano, Ariel sale de su casa. Lleva su equipo completo y su campera abrigada. Se despide de su esposa con una caricia en la cabeza. Ella le dice: “Espero que mañana traigas algo para la cena”. Él la mira y sonríe, sabe que no traerá nada.

Acomoda en la gaveta del auto, los permisos de pesca, los anteojos de sol, el gorro; en el baúl, la carpa, la canasta de víveres, su silla, un pequeño botiquín y la caja de pesca; en ella, linterna, cuchillo, herramienta multiuso, las líneas, mosquetones, chicotes, pesas y boyitas. Finalmente, su preciada caña de pescar con carrete rotativo.

Sube al auto, mira su casa y a su esposa que lo saluda con la mano. Emprende el camino.

El lago está a diez kilómetros, avanza sin prisa. El cielo se va tornando un manto de rosas y naranjas nacarados, poco a poco la luz que ya nada puede detener, se va extendiendo por los tejados de las pocas casas de la ruta. Algunas aves vuelan en remolino. Un suave viento se entrelaza con los árboles.

Tantas veces hizo el mismo recorrido, hasta aquella tarde, hace años… su hijo cayó del bote en el centro del lago y él no pudo hacer nada. Se lanzó al agua, pero el niño había golpeado contra una roca y al encontrarlo, ya estaba muerto.

Ese gran charco parece estar esperándolo, brilla quieto, callado, la luz se le acerca de a poco y le va cambiando los azules, segundo a segundo.

Ariel no arma la carpa, destapa la canoa en el embarcadero, la revisa, la empuja hasta el borde del lago, carga los bártulos, engancha los remos y se comienza a desplazar por esa superficie que es cielo hecho espejo.

Rema y rema hasta llegar al punto justo, el centro de esa superficie, seda fina y azulada que ahora se convierte en el centro de su mundo, allí reina el silencio.

Con paciencia y destreza anuda cada elemento. Todo listo. Tira la línea y espera.

     ¿Qué espera?

Ariel no lleva anzuelos ni carnadas, no es su intención pescar, nunca podría lastimar a un pez. En el chicote enlaza miguitas de pan. Solo ejerce atracción sobre los peces. Espera que se acerquen, poder verlos y con suerte, que lo miren.

Cualquier pescador espera las vibraciones de la mordida del pez en el anzuelo, Ariel sólo espera ver la boca, el beso boquiabierto de ese pez que hurga entre las piedras y revuelve el fondo. Esa única boca del agua que podría decirle dónde encontrar lo perdido.

Vuelve con fuerza a tirar la línea, unas veces lejos, otras veces cerca. Hora tras hora. Espera, contempla.

 

El sol ya está alto, ya ni sombras se proyectan.

La tanza es un hilo que brilla lujurioso de sol, finos círculos concéntricos a su alrededor ondulan este desierto acuoso. Algún ave en vuelo rasante provoca una diminuta ola que se disipa suave hacia la orilla. A lo lejos dos patos inician su ritual amoroso y parece que

bailaran a un mismo compás, en un revuelo de plumas blancas; muy cerca de ellos, unos lirios flotan hasta perderse en un remolino.

Horas y horas.

Quisiera quedarse ahí, estar a merced de esta quietud azul, que es a la vez abismo y masa. Quisiera sondear en la profundidad su propia naturaleza.

Quisiera quedarse ahí porque en el agua se borran todas las huellas, se limpian todas las manchas.

Decidido va en busca de ese pez inocente que, hurgando, levanta el limo del fondo. Ese pez que sabe lo que pasa en el fondo.

Ahora, el sol es una bola de fuego que espera apagarse de una zambullida en el lago. Parece que alguien ha roto los sellos de la tarde y se va escapando la luz. Unos cerrillos lejanos se hacen oscuros, los pinos de la orilla pierden su verdor, las aves se retiran de la superficie, los mosquitos comienzan a temblar sobre el agua. Despacio, la luna se apodera de todo.

 

*

* MABEL ALBESA es Lic en Psicología, Especialista en Docencia Universitaria y Magister en Psicología Social. Sus cuentos y poemas han sido publicados en diferentes antologías, fanzines y blogs. Ha publicado un libro de cuentos (“Cuando por primera vez me vi” / “Jugando en serio”, libro bifronte) y dos de poesía: “Como savia alucinada” y “Mutanzas”. En muy pocos días aparecerá su tercer libro de poesía: “Errática”. Todos con Ed. Glifo. Mendoza. 

 

 

 

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