GRUPO ÁRBOL: Permacultura, un ida y vuelta con la naturaleza

19/11/2024
GRUPO ÁRBOL: Permacultura, un ida y vuelta con la naturaleza
GRUPO ÁRBOL: Permacultura, un ida y vuelta con la naturaleza

Quienes elegimos lugares naturales para desarrollarnos, a menudo nos preguntamos ¿Es posible vivir en armonía con la naturaleza sin privarnos de las comodidades de la modernidad y sin dañar el planeta? Ya que los humanos con nuestra sola presencia alteramos el entorno circundante.... encendemos motores, consumimos energía, generamos desechos....

Así, buscando, cuestionando, investigando, experimentando los conceptos y modos de vida ecológicos, amigables, llegué a interiorizarme sobre la permacultura, y comprendí que tiene mucho de aquella filosofía que, casi sin querer nos legaron nuestros mayores, al menos, a quienes provenimos de familias rurales.

 Permacultura es un modo de vida difícil de explicar, porque incluye conocimiento y además mucha intuición y experiencia. Difícil de llevar a la práctica en un 100 % en estos tiempos, pero siempre posible en alguna medida.

Se trata de vivir en armonía, causando el menor daño posible y sobre todo aprovechando recursos existentes o que se puedan generar con facilidad en ese lugar que elegimos.

Permacultura, entre otras cosas, es adaptarse, amoldarse... por ejemplo al clima, al tipo de suelo, a los fenómenos naturales. 

Aprovechar al máximo lo que hay disponible o lo que se da con facilidad.  Ahorrar esfuerzos, recursos y energías. 

En el fondo la filosofía de la permacultura nos induce a ser amarretes, porque todo lo que consumimos viene de la naturaleza y debe retornar a ella de la manera más pura y cuidada posible. Ahorrar, aprovechar al máximo, optimizar, reutilizar, reciclar, reparar, recomponer.

Debemos devolver a la Tierra lo mismo que nos da. Si nos da alimento, vida, agua pura.... por qué devolver suciedad, toxicidad, contaminación…

Un modo fundamental de vivir en armonía es reducir el consumo de cosas innecesarias, plásticas, tóxicas que en breve estarán colmando los vertederos.

En casa de nuestros mayores siempre había un pozo de basura, ahí terminaba lo poco que era realmente irrecuperable. El mismo pozo era reutilizado ya que antes había sido el pozo del excusado, allá en el fondo del patio, lejos de la casa y de la huerta. Al lado estaba la pila de botellas, de maderas, de hierros...todo esperando ser reutilizado o vendido cuando pasara algún chatarrero.

Cada quien era responsable de lo que generaba. Tanto que hasta los desechos tenían valor y dueño.  A ninguno se le hubiera ocurrido revolearlos alegremente por ahí.

Las señoras, amas de casa, atesoraban telas, hilos, botones, frascos, revistas, diarios.  Todo tenía muchas vidas. Los señores hacían lo propio con latas, tornillos, alambres, arandelas, hierros, repuestos de bicicletas...

Todo se hacía en casa, y no por pobreza ni por miseria, al contrario, por habilidad y gusto, porque se podía. Y de paso se ahorraba para darse un gusto.  Era una demostración de cariño hacer un banco, una prenda de vestir, una herramienta. Era amor por la casa y la familia hacer un gallinero, una huerta, un jardín, arreglar lo que se rompía.

No quiero meterme en asuntos de feminismo, machismo ni patriarcados,

Sólo reconocer cuánto de permacultores nos legaron e indagar de qué modo nuestras mentes del siglo XXI pueden tomar esas enseñanzas de amor a la naturaleza, al entorno, al barrio, para tener una vida y una comunidad más saludables.

Es un tema que da para mucho, podemos reflexionar sobre el consumismo, los cultivos, los transportes, la basura, el Agua, el suelo.... las construcciones... nuestros medios de vida, buscarle la vuelta a cada cosa pensando justamente en un ida y vuelta con la naturaleza.

Por lo pronto, les cuento una solución fácil y rápida de reducir la basura orgánica, para quienes no hacen huerta, sin necesidad de una compostera tradicional. Sólo se necesita construir una tapa de madera, con tablas reutilizadas, por supuesto, y hacer un hoyo en la tierra del patio donde ir tirando, basura orgánica. Tapar con hojas secas o ceniza, papeles, cartón, pasto cortado, lo que tengas y colocar la tapa, arriba una piedra o una maceta bonita. Cuando esté lleno se cubre con tierra común y se deja crecer el pasto, se siembran flores o se planta un arbolito y se empieza otro pozo al lado o en cualquier otro lugar, reutilizando la tapa.

 De este modo, con sólo hacer un pozo contribuimos a mejorar el suelo, reducir la basura, crear un rinconcito agradable en nuestro patio o jardín y, casi sin darnos cuenta, estamos cumpliendo varios principios básicos de la permacultura tales como devolver a la Tierra lo mismo que nos da y que nuestra intervención en la naturaleza tenga más de una utilidad.

 

Escribió Elsa González Barbagelata para Grupo Árbol Vla

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