PERROS-HIJOS

Guía para cuidar a tu perro sin humanizarlo en exceso

La adiestradora canina Adriana Martinelli explica qué hacer para que tu perro viva feliz, mantenga su esencia de perro y no desarrolle problemas de conducta por sobreprotección.
21/09/2025

n los últimos años, los perros pasaron de ser “mascotas” a ser considerados miembros de la familia. Muchas personas los llaman “hijos de cuatro patas” y los incluyen en todas las rutinas del hogar. Este cambio cultural tiene un lado positivo: hoy existe más conciencia sobre la tenencia responsable y la necesidad de garantizarles una buena calidad de vida.

Sin embargo, la adiestradora canina Adriana Martinelli advierte que humanizar en exceso a un perro puede traer consecuencias negativas. “El problema no es llamarlos hijos ni quererlos, sino olvidar que siguen siendo perros, con instintos, necesidades y un lenguaje propio”, señala.

Lenguaje y psicología canina: entender para convivir mejor

Los perros no entienden español ni ningún otro idioma. Se comunican principalmente mediante:

Lenguaje corporal: posturas, movimiento de cola, orejas.

Olores y marcaje: su forma de identificar a otros y dejar mensajes.

Sonidos: ladridos, gruñidos, aullidos.

Los estudios de comportamiento demuestran que los perros pueden aprender muchas palabras humanas, pero asocian sonidos a acciones. Si dices “sentado” o “zanahoria” siempre en el mismo contexto, el perro aprenderá a sentarse con esa orden.

Martinelli subraya que usar términos cariñosos como “hijo” o “bebé” no daña al perro, siempre que no se lo prive de sus necesidades esenciales.

Las consecuencias de la sobreprotección

Uno de los errores más frecuentes es impedir que el perro tenga contacto con otros de su especie. Esto provoca que el animal no aprenda a socializar, tema a los extraños y pueda reaccionar con agresividad.

Otros problemas comunes de la humanización excesiva:

Ansiedad y estrés por falta de estimulación mental y física.

Conductas territoriales extremas, como no dejar entrar visitas en casa.

Dependencia emocional que genera problemas cuando el dueño se ausenta.

Fobias y miedos por no haber tenido exposición gradual al mundo exterior.

“Hay perros que nunca caminan en la calle porque están todo el día en brazos. Eso es como quitarles la infancia a los niños y no dejarlos jugar. Necesitan ensuciarse, oler, explorar”, advierte Martinelli.

Claves para criar un perro equilibrado

La especialista recomienda aplicar un enfoque mixto de psicología canina y humana:

1. Socialización temprana

Llevar al perro a espacios donde pueda interactuar con otros canes. Esto reduce problemas de conducta y mejora su confianza.

2. Paseos de calidad

No solo se trata de que haga sus necesidades: debe olfatear, seguir rastros y explorar. “Cuando un perro olfatea en la calle está leyendo el diario del barrio”, ejemplifica Martinelli.

3. Alimentación segura

El momento de la comida es sagrado para el perro. Debe sentir que nadie lo atacará mientras come. Por eso es ideal respetar su espacio y acompañarlo hasta que termine.

4. Límites claros

El perro necesita saber qué puede y qué no puede hacer. Esto le da seguridad. Tener reglas no significa no quererlo, significa ayudarlo a vivir en armonía.

 

Impacto en la familia y en los niños

El cambio en la forma de criar a los perros también afecta a los hogares. Martinelli ha visto casos donde:

El perro duerme en la cama y la pareja debe mudarse a otra habitación.

Las familias dejan de invitar amigos por miedo a que el perro se descontrole.

Los niños dejan de jugar con el perro porque prefieren el celular, generando falta de vínculo.

Para evitarlo, la especialista sugiere volver a integrar al perro en las rutinas familiares, animar a los chicos a acariciarlo y jugar, y mantener un equilibrio entre amor y límites.

 

Tratar a un perro como hijo no es el problema. El desafío es no olvidar que es un perro y que necesita vivir como tal. Cumplir sus necesidades de socialización, ejercicio y comunicación es la mejor forma de demostrar amor.

“Cuando el perro tiene cubiertas sus necesidades básicas, puede acompañarnos en el sillón, sacarse miles de fotos y hacer ‘firuletes’. Eso es disfrutar de la vida juntos”, resume Martinelli.