EN PRIMERA PERSONA

"¿Qué es más importante, las horas de Huerta o recuperar las horas de Matemática perdidas?”

na madre de una alumna de sexto grado de la Escuela N.º 104 de Villa La Angostura expresa su preocupación por la continuidad pedagógica, la falta de docentes, los contenidos pendientes y las herramientas de aprendizaje. En una carta pública, plantea interrogantes sobre las prioridades educativas y reclama respuestas.

Escribo desde la frustración y la angustia que siento como madre de una alumna de sexto grado de la Escuela N.º 104 de Villa La Angostura. Es una escuela con una larga y valiosa historia en Villa La Angostura, a la que le tengo muchísimo cariño: mi hijo mayor egresó de allí. Justamente porque la quiero y conozco lo que representa para nuestra comunidad, me preocupa que se pierdan años decisivos para aprender, alimentar la curiosidad y descubrir las propias capacidades.

Sé que existen dificultades. Este año hubo numerosos cambios de docentes y, especialmente en Matemática, siento que cada reemplazo obliga a volver a empezar. Mientras tanto, los contenidos previstos para sexto grado no se completan y persisten dificultades de años anteriores. ¿Cómo puede sostenerse una trayectoria educativa si la enseñanza se interrumpe una y otra vez?

Se habla de los problemas, pero ¿qué se hace para resolverlos?

Escucho una y otra vez que niños y adolescentes tienen dificultades con lo más básico: comprender lo que leen, escribir con claridad y resolver operaciones matemáticas. Y, sin embargo, desde comienzos de año pedí manuales de estudio, nuevos o usados, sin conseguirlos. El libro de Matemática casi no lo utilizaron, en lo que va del año trabajaron con un único libro de lectura que todavía no terminaron, y no cuentan con un manual de Lengua, Ciencias Naturales ni Ciencias Sociales. No pido materiales sofisticados, pido herramientas concretas para estudiar.

Un buen manual de Naturales o Sociales permite aprender a consultar el índice, ubicar información, leerla, contrastarla y comprenderla. Lo mismo ocurre con un diccionario. En cambio, cuando la consigna es simplemente «busquen información», ¿dónde deben hacerlo? Escribir el tema en un buscador y tomar la primera respuesta no reemplaza el esfuerzo de aprender a investigar. Tampoco se explican sistemáticamente las reglas ortográficas ni se enseñó a redactar una composición complete, con inicio, desarrollo y cierre, capacidades, que deberían fortalecerse en sexto grado.

Evaluar no es frustrar: es saber qué falta aprender

No veo exámenes de nivel que permitan comprobar si se alcanzaron los objetivos de cada año. Me han dicho que evaluar puede frustrar a los chicos y que el DUCO no permite reflejar claramente los objetivos no logrados. Pero ¿cómo se ayuda a tiempo si no se registra lo que falta aprender y se avanza de grado de todos modos?

Un examen no es solamente una nota: al docente le permite saber qué contenidos debe reforzar; al alumno, reconocer sus avances y dificultades; y a las familias, conocer cómo acompañarlo. Siempre con sensibilidad, respetando los tiempos y necesidades de cada estudiante, sin comparaciones ni etiquetas. En mi experiencia personal, una calificación con número, «bien» o «a mejorar», según el criterio docente, se valora porque significa que alguien prestó atención al trabajo realizado. Evaluar sirve para orientar el aprendizaje, no para señalar un fracaso.

Tampoco me parece adecuado que docentes cuya formación corresponde al nivel inicial estén a cargo de sexto grado. Tengo docentes en mi familia y valoro profundamente su trabajo y su preparación. No desmerezco el nivel inicial, que requiere tanta vocación, paciencia y conocimientos como los demás niveles. Pero cada etapa escolar exige una formación específica: la de jardín no debería sustituir, sin la habilitación correspondiente, la necesaria para enseñar los contenidos de sexto grado.

Talleres frente a materias que quedaron pendientes

La alumna a la que me refiero se aburre en la escuela. Para complementar su aprendizaje utiliza una modalidad Impulsada por  una academia de Estados Unidos,  que enterada de las dificultades que atravesaba la escuela No 104 de Villa la Angostura, por la falta de docentes; puso a disposicion de las familias de la escuela No.104, el acceso gratuito  a su Plataforma educativa  digital, de la que me enteré por los diarios locales, no por la escuela, ademas asiste a una maestra particular. Aun así, todavía hay contenidos por reforzar. En ese contexto, la propuesta escolar incluye horas semanales de Huerta.

Reclamé por ese taller y me respondieron que estaba avalado por la Dirección y por el Consejo Provincial de Educación. Pero sigo preguntándome: ¿qué es más importante, las horas de Huerta o recuperar las horas de Matemática perdidas? Tengo la impresión de que, frente a la falta de docentes, se intenta completar el horario con talleres. Es mi percepción, no una afirmación sobre la intención de la escuela; pero llenar horas con actividades distintas de las materias pendientes no resuelve el problema. Huerta podría ser una propuesta para hacer en casa o un taller complementario, sin desplazar los aprendizajes fundamentales.

Lenguas, cultura regional y continuidad pedagógica

También me llama la atención que en Música no se enseñen canciones patrias tradicionales como «Aurora», «Mi Bandera» o «Marcha de San Lorenzo». Al mismo tiempo, leí en La Angostura Digital que se aprobaron cargos específicos de Maestros de Enseñanza de Lengua y Cultura Mapuche para determinadas escuelas, entre ellas la N.º 104. No se anunció su incorporación a todas las primarias de Neuquén.

Quisiera entender cómo funcionará. ¿El docente que dicte Lengua Mapuche será también quien enseñe Lengua castellana, letra cursiva, caligrafía, ortografía y redacción, o su tarea estará dedicada exclusivamente a la lengua y cultura mapuches? Si se trata de un cargo especial, ¿cómo se garantizará que los contenidos de Lengua del grado reciban el tiempo y la enseñanza que necesitan?

Respeto a los pueblos originarios y su derecho a preservar sus lenguas. Pero la historia de Neuquén y de la región es mucho más amplia: además del pueblo mapuche, existen actualmente comunidades günün a küna , tehuelches septentrionales, y las fuentes históricas mencionan pehuenches, puelches, picunches, huilliches, huarpes y poyas del Nahuel Huapi, entre otras denominaciones de diferentes épocas que a veces se superponen. La realidad histórica y cultural neuquina es riquísima; ¿por qué no estudiarla en toda su diversidad?

Y hay otra pregunta: en secundaria se estudia Inglés, mientras que en esta primaria no se ofrece como materia curricular y se prioriza incorporar Lengua Mapuche. ¿Dónde está la continuidad pedagógica? Diría exactamente lo mismo si se propusiera Portugués: no cuestiono una lengua por ser mapuche, portuguesa o cualquier otra, sino la falta de articulación con el secundario y con las trayectorias educativas de otras escuelas de la provincia y del país. Si se suman lenguas, ¿por qué no ofrecer Inglés como alternativa, sin quitar tiempo a las materias básicas?

Primaria y secundaria: sentarse a conversar

Escucho a docentes de secundaria señalar que muchos estudiantes llegan a primer año con dificultades en aprendizajes elementales. Me parecería mucho más útil que los docentes de primaria y secundaria se sentaran juntos, revisaran qué conocimientos faltan y acordaran cómo recuperarlos. En Villa La Angostura las instituciones están incluso una frente a la otra. Todavía falta séptimo grado antes del secundario: hay tiempo para intervenir, pero no para seguir postergándolo.

Educar en el interior ya implica desafíos mayores que en las grandes capitales: distancias, menos alternativas y menos posibilidades de apoyo académico. Sin embargo, al llegar a una nueva escuela, rendir un examen o buscar una oportunidad, se exigirán los mismos conocimientos. No quisiera que crecer lejos de una gran ciudad signifique recibir una formación con menos herramientas.

Pamela Bastida

Madre de una alumna de la Escuela Primaria N.º 104

Villa La Angostura, Neuquén

«El arte más importante del maestro es despertar la alegría de crear y conocer».

Albert Einstein · Palabras pronunciadas en Pasadena, 26 de febrero de 1931 (traducción al español).

Referencia histórica: Pasadena Star-News, 26/02/1931; The World as I See It (1934).

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