Caso Linares: “Solo nos cabe pedir, exigir una condena que refleje la gravedad del hecho”

Tras la pérdida de Exequiel, Lisandro, Taiel y Martina Linares, la familia insiste en que no fue un accidente: el fallo judicial determinó negligencia profesional. Apelan a los jueces para que se garantice una pena proporcional al daño causado.
26/05/2025
Caso Linares: “Solo nos cabe pedir, exigir una condena que refleje la gravedad del hecho”
Caso Linares: “Solo nos cabe pedir, exigir una condena que refleje la gravedad del hecho”

Como es de público conocimiento, el accidente que sufriera el pasado sábado 1° de junio de 2024, cerca del cruce entre la Ruta Nacional 237 y la Ruta 40, en el km 2064, terminó con la vida de cuatro integrantes de la familia Linares.

Los hermanos Exequiel Linares (29) y Lisandro Linares (31), junto a sus hijos, Taiel (11) y Martina (6), murieron al ser embestidos de frente por un camión Mercedes Benz con semirremolque que trasgredió la señalización de línea de doble amarilla.

El hecho fue declarado como homicidio culposo agravado por el número de víctimas. Hoy llega a su veredicto final.

Hablar de la familia Linares es evocar a esas personas que dejan una huella para siempre en la memoria colectiva de un pueblo, por la impronta con la cual han vivido y sabido comunicar en sus acciones: su capacidad de servicio y de entrega al prójimo.

Eduardo Alfredo Linares, más conocido como “el Payasito Alfredo”, era bisnieto del primer intendente del Neuquén, Pedro Manuel Linares. Un nombre desconocido para muchos neuquinos, pero que formó parte de un importante capítulo de la historia de la capital de la provincia. Ganó las elecciones el 11 de marzo de 1906.

Es importante destacar la figura del primer intendente, teniendo en cuenta todas las dificultades que atravesó y los problemas que tuvo que solucionar en un pueblo donde no había absolutamente nada. Con tal motivo, hay una calle en la ciudad de Neuquén que lleva su nombre: Pedro Manuel Linares.

Alfredo llegó a Villa La Angostura como encargado de la mutual policial y de las cabañas en el año 2004, junto a su esposa Viviana y sus hijos: Raquel (Kelly), Exequiel, Lisandro y Joaquín (Caco). El más pequeño, Agustín, nacería a finales de ese mismo año.

Era una familia que desde un primer momento se destacó por la solidaridad. Alfredo y sus hijos eran muy colaboradores con todo evento que se realizara en Angostura. Ayudaban con sonido y animación para recaudar fondos para la localidad.

Siempre estaban presentes en las celebraciones del Día del Niño, Navidad, Fiesta de los Jardines, con su tradicional carrito de pochoclos, que los vecinos recuerdan con cariño, siempre con alguna atención para que los niños se fueran contentos.

Los hijos fueron internalizando esos valores de compromiso con el prójimo y respeto. Iban creciendo y trabajando a la par de su papá. Eran niños y jóvenes felices, que venían de una familia constituida desde el amor y desde la humanidad hacia el otro.

Siempre se manejaron con los valores que les habían enseñado padres y abuelos. Nunca perdieron su esencia, ni aun cuando les tocó la terrible desgracia del incendio del 20 de noviembre de 2015, donde perdieron la vida Agustín (10 años), Caco (14) y, a los días, Alfredo.

Siempre resilientes, pusieron en relieve la educación que habían recibido en las áreas donde se desempeñaban. Ambos hermanos, Licha y Exe, trabajaban en la compañía eléctrica del canal AVC, donde se destacaban por su compañerismo y sentido del humor, así lo recuerdan sus compañeros.

También se destacaban en su anterior trabajo, que realizaban por la madrugada antes de la partida de su papá, repartiendo los diarios por todo el corredor andino.

Cuenta su mamá que durante años, en horarios nocturnos y con condiciones adversas, recorrían kilómetros en dos camionetas para juntarse con su papá a las cuatro de la mañana en Collón Curá. Uno repartía en Bariloche y Esquel, y el otro realizaba el trayecto de San Martín, Junín de los Andes, Villa La Angostura, y a su vez recogían encomiendas, para volver a reunirse con su padre a la tarde.

Este trabajo, que realizaban extremadamente expuestos en la ruta, nunca les trajo inconvenientes. Eran grandes conocedores del trayecto, conocían esos kilómetros como la palma de su mano.

Buscando la superación permanente, fieles a sus ideales, desarrollaron su capacidad musical. Participaron en canto e instrumentos en diferentes bandas, como La Gozadera, Tu Mambo, Los Elegidos del Sur, La Nueva Onda. Compartieron escenarios con artistas como Rodrigo Tapari, Sele Vera, entre otros.

Asimismo, con un amor por el deporte, lograron practicar y, en especial Licha, destacarse como goleador en la localidad, tanto en Las Piedritas como en el Club Angostura. Jugó cuatro años en River Plate, y luego en Estrella del Sur y Estudiantes de Bariloche.

Ambos fueron excelentes padres, presentes y muy apegados a sus hijos. Pensaban y programaban siempre planes de a cuatro. Lisandro fue papá de Martina, y Exequiel de Taiel.

La familia Linares siempre será recordada por su bondad y generosidad. Eran incondicionales. Su lucha fue incansable. Por más obstáculos que la vida les presentaba, ellos lograban salir adelante.

Los amigos definen a los hermanos Linares como personas realmente increíbles. Ellos siempre estaban. Para ellos, sus hijos eran todo, y cuando hablaban de Taiel y de Marti, les brillaban los ojos.

Fueron personas que dejaron huellas en los corazones de quienes tuvimos el placer de conocerlos. Se notaba el amor de hermanos que se tenían. Esa complicidad… ¡siempre juntos!

En cuanto a sus hijos, Martina Aldana Linares Legarreta soñaba con ser bailarina. Practicaba gimnasia rítmica en el CEF N° 8 de Bariloche. Era libre, independiente y viajera.

Su mamá, Yamila, la define como una princesa indomable. Le gustaban los brillos y los colores, esos que llevaba puestos en su último viaje. Amaba los rodetes y las trenzas. Muy celosa de las personas que amaba. Estaba cursando primer grado en la escuela María Auxiliadora.

Su abuela Moni nos cuenta: “Estamos vacíos, nos quedó un silencio enorme en la casa y en nuestro corazón”.

Taiel era un sol. Siempre llegaba con una sonrisa a la escuela. Todo el grupo lo adoraba, siempre tarareando alguna canción. Tenía mucha luz y calidez como persona.

Era el alma de las fiestas. Le gustaba bailar y cantar. Llevaba la música en la sangre. Participaba de los shows con su papá, tocando el güiro, al igual que su tío. Concurría a la Escuela N° 341.

Fue el primer nieto varón de la familia Linares, y primer nieto y bisnieto de la familia Lavadie. Manifiesta la familia de Yanina: “Desde que no está, no somos los mismos… nos hace mucha falta nuestro Kikito, como lo llamaban. Tenía un brillo interior gigante”.

Frente a esta realidad, estas historias de vida que fueron arrebatadas y apagadas en un instante, solo nos cabe pedir y exigir una condena que refleje la gravedad del hecho. No fueron muertes accidentales.

Recordemos que el fallo fue negligencia profesional en condiciones extremas. El número de víctimas debe ser tomado como agravante, tal como lo establece el propio Tribunal de Faltas de Neuquén.

Conducta arriesgada de un conductor profesional e internacional, contratado para un vehículo de gran porte, con más de 25 años manejando camiones. Con conocimiento teórico superior y específico.

Ya que hace de su profesión su medio de vida, debería haber actuado con más premura. Debería prever, anticipar y evitar todo riesgo. La calidad de conductor profesional agrava la causa, aún teniendo en cuenta, según el testimonio del personal de migraciones, que fue la primera vez que transitó por el Paso Cardenal Samoré.

Remitiéndonos a la poca iluminación y condiciones adversas, según consta en registros fílmicos, la imprudencia se arrastra desde el inicio. Proseguir en esa situación riesgosa es asumir el riesgo. Su condición de conductor experto es agravante. La conducta es causal del resultado.

El gran porte del vehículo, camión con semirremolques de más de 20 metros, con una inercia superior, como la que tuvo ese día.

Es inconmensurable el dolor de la pérdida de un hijo para una madre. El Estado no da una respuesta al dolor, pero sí debe dar una extensión al daño proporcional al desastre que generó.

Señores jueces, en sus manos está la responsabilidad de ofrecer una Justicia ejemplar y el efectivo cumplimiento de la misma. Para que estas familias encuentren un poco de consuelo, y los seres amados que perdieron y ya nunca más podrán abrazar, sentir, escuchar, puedan descansar en paz.

Las familias esperan al menos 6 años de prisión, más dos por cantidad de víctimas agravadas en territorio argentino, para garantizar que se cumpla la condena.

JUSTICIA PARA LA FAMILIA LINARES
Exequiel Linares
Lisandro Linares
Taiel Linares
Martina Linares
PRESENTES AHORA Y SIEMPRE

Por Lic. Elizabeth Astorino

Comunicadora

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