EN PRIMERA PERSONA

«Que ningún otro alumno tenga que atravesar lo que sufrimos»: una familia llevó a la Justicia su reclamo contra el CPEM 68

Una madre denuncia que durante cinco años el CPEM 68 no habría implementado las adecuaciones pedagógicas previstas por la Ley Nacional 27.306 para su hijo, diagnosticado con dislexia.

Me dirijo a usted como madre de un adolescente que cursa sus estudios secundarios en el CPEM N° 68, para denunciar públicamente la sistemática violación de la Ley Nacional 27.306 y la vulneración del derecho a una educación inclusiva para los estudiantes con Dificultades Específicas del Aprendizaje (DEA).

Durante media década nos hemos enfrentado a una pared constante de negativas, cartas jamás respondidas y una inobservancia sistemática de la Ley Nacional 27.306 vulnerando abiertamente su derecho a una educación inclusiva.

La Ley 27.306 declara de interés nacional el abordaje integral de las DEA y obliga a las instituciones educativas a aplicar adecuaciones metodológicas y de acceso necesarias en el aula. Es imprescindible aclarar algo que la escuela nunca quiso entender: adecuar no es simplificar ni reducir la exigencia. Adecuar significa brindar las herramientas pedagógicas y de evaluación necesarias (priorizar la oralidad, otorgar más tiempo, adaptar formatos y usar tecnología) para que el estudiante acceda al conocimiento en igualdad de condiciones. La dislexia no es una discapacidad; por lo tanto, no corresponde exigir el Certificado Único de Discapacidad (CUD) ni derivar a educación especial.

Quiero dejarlo expresado con total claridad y firmeza: DURANTE ESTOS CINCO AÑOS, LA ESCUELA NO HIZO NADA. Absolutamente nada. Presentamos diagnósticos desde el primer día, solicitamos formalmente las adecuaciones pedagógicas e ingresamos innumerables cartas y notas al Consejo Provincial de Educación (CPE), a la supervisión escolar, a la dirección del establecimiento, asesoría pedagógica y a los profesores. La respuesta institucional fue siempre la misma: el silencio, la negativa o la indiferencia

Asesoría Pedagógica jamás realizó el seguimiento ni la supervisión requerida con los docentes para garantizar que esos acuerdos se cumplieran en el aula.

A esta inacción se sumó una constante situación de discriminación y mala praxis docente. En varias oportunidades pretendieron exigirnos el CUD para otorgarle acompañamiento (MAI), maestra auxiliar integradora, e intentaron derivarlo a educación especial, exponiéndolo y estigmatizándolo ante sus compañeros, atentando directamente contra su salud mental y emocional.

Esta falta de acompañamiento generó graves episodios de estrés, frustración y el riesgo latente de abandono escolar. Mientras otros jóvenes disfrutaban de su adolescencia, mi hijo debió tomar clases particulares 24/7 para sacar adelante sus materias sin los apoyos que la ley le garantizaba.

 

Si mi hijo hoy sigue en pie, es gracias al sostén incondicional de nuestra familia. Como padres sufrimos un enorme daño psicológico, pero jamás bajamos los brazos.

Quiero remarcar con profundo orgullo: mi hijo nunca fue rematriculado en el mismo año, pero ese logro jamás le perteneció a la institución, fue mérito estricto y exclusivo de él y de nuestra familia, que lo apuntaló y le enseño a no rendirse jamás. Cada examen rendido y cada trabajo practico aprobado sin adecuaciones fue una victoria propia, a pesar de que algunos educadores pretendieran creer o justificar engañosamente que “estaban haciendo las cosas bien”.

Vivenciamos demasiadas injusticias, pero no nos quebraron. Hoy la situación se encuentra en la Justicia mediante un recurso de amparo. Hacemos pública esta denuncia para que nuestra historia marque un precedente firme, para que la Ley 27.306 se cumpla de verdad y para que ningún otro alumno del CPEM 68 tenga que atravesar la discriminación y el abandono institucional que sufrimos como familia.

 

Nota de Redacción: Para preservar la identidad del adolescente y evitar su exposición o revictimización dentro de la comunidad educativa, DiarioAndino decidió no publicar el nombre ni el apellido de la madre, dado que su identificación permitiría reconocer al estudiante. No obstante, este medio corroboró la identidad de la autora y que fue ella quien redactó y envió la carta para su publicación.

Una madre que no se rinde.