"La emoción me desgarra el pecho, pero el orgullo que haya sido mi viejo, me lo infla"

Alfonso Aguilar, hijo de Héctor Aguilar, fallecido la semana pasada,  comparte emotivas palabras sobre quién fue su padre.
28/10/2015
"La emoción me desgarra el pecho, pero el orgullo que haya sido mi viejo, me lo infla"
"La emoción me desgarra el pecho, pero el orgullo que haya sido mi viejo, me lo infla"

Los que me conocen saben lo orgulloso que estuve (y estoy) de mi viejo. Hoy se fue y la emoción me desgarra el pecho, pero el orgullo de que haya sido mi viejo, me lo infla. Sin dudas espero en algún momento ser algo de lo que él fue en esta vida. Más allá de estas cuestiones sentimentales, lo que me surgió a escribir esto tiene que ver, en parte sí (y no), sobre mi viejo y sobre la enfermedad… las cosas que fui aprendiendo, transitando y las que él mismo me fue enseñando hasta su último día… quizás como una especie de terapia… quizás como una forma de mostrar lo bien que me siento por la familia que tengo y que supieron construir junto a una amiga y compañera de fierro como es mi vieja… Perdón vieja, pero esta vez voy a hablar del gordo! Aunque todo esto no hubiera sido posible sin alguien tan especial como vos al lado… quizás un poco de cada cosa, hacen que tenga ganas de compartir estas líneas con quien las quiera leer…

Lo primero que tengo para decir es gracias… gracias a todos los que nos acompañaron durante todo este tiempo:

A sus amigos más íntimos y sus familias, que estuvieron (y están) siempre al pie del cañón… acompañando, haciéndonos reir, sosteniéndonos, sufriendo juntos, emocionándonos… Que las reuniones sigan adelante… que el re-truco siga retumbando… que la vida los siga uniendo como grupo…

A Pablo Javes, por ser tan profesional, pero por sobre todas las cosas por ser una persona especialmente humana.. pocas charlas me sirvieron para notar que es buena madera… seguramente eso mismo vio mi viejo para confiarle su enfermedad y su último transitar…

Me surge agradecerle también a Adrián Mendoza y Zenon Beguelin, quienes permitieron darle la mejor calidad de vida posible en todo este último tiempo.. son quienes tomaron las decisiones más profesionales y humanas en los peores momentos y acompañaron siempre más allá de su rol como doctores… a ellos también el agradecimiento.

A todos los empleados del ISSN quienes nos han acompañado un montón... ayudando mucho más de lo que su rol laboral indicaba... acompañando desde el corazón....

A los médicos y enfermeros tanto del Hospital Zonal de la Villa, como de la Fundación en Cipolletti… han hecho sentir a mi viejo cómodo en cada lugar que estuvo y ayudarlo hasta cuando no lo pedía…

Seguramente me olvido de un montón de personas que lo (y nos) han ayudado mucho… estoy convencido que su partida no podría haber sido tan en tranquilidad y paz si cada uno de ustedes no hubiera aportado tanto en todo esto… siempre les estaré agradecido a todos!.

Cáncer se escuchó tan de cerca, tan seco, tan punzante, que el estómago se me estrujó, las patas se me aflojaron y un frío me invadió… y es ahí donde la cabeza empieza a jugar… a pensar… a ir y venir… de repente algo que tanto se escuchaba, te toca vivirlo muy de cerca y asusta. Al principio asusta bastante, pero eso no dura más que unos días. Luego no queda otra que aceptarlo y afrontarlo. Se dice que es una enfermedad de toda la familia, pero que el cuerpo lo pone uno solo… y vaya si así es…

Cuando nos comunicaron que la enfermedad ya estaba muy avanzada, que era irreversible, sin dudas me enojé. Pensaba que irse con una enfermedad así era “irse por la puerta de atrás” de esta vida… y al tiempo comprendí que no era así. Irse sabiendo que te estas por ir, teniendo tiempo para pensar en lo que hiciste en tu vida, poder hablar con quien querés hablar, reuniendo a tu familia (por lo que tanto luchaste), tus amigos, decidiendo dónde y con quien irte, es sin dudas irse por la puerta grande. Silvio Rodriguez dice en una canción “yo me muero como viví” y cuánta razón tiene… al menos en este caso. Se fue peleándola como un toro, uniendo familia y amigos, en paz, tranquilo, soportando parte del dolor que debía sentir con tal de no preocuparnos… se fue con la grandeza y pureza que lo caracterizó. Creo que tuvo la sabiduría de entender cuándo esto ya no tenía vuelta atrás y supo aprovechar cada instante que le quedaba… primero esperó a que llegue mi hermana de Australia, después supo hablar y tranquilizar a mi vieja, por último espero a que yo volviera de Bariloche y ahí si… cuando supo que ya todo estaba en orden, se fue…

La esperanza es un arma de doble filo… bien usada ayuda, pero abusar de ella nubla y no permite vivir el presente. Cuando entendí esto, por suerte no era tarde… y pude decirle todo aquello que seguramente él sabía, pero que nunca me había animado a decirle. Tuve un tiempo para charlar con él, decirnos cosas, preparar juntos el final. Sin dudas fue emocionante... Y no voy a pregonar esas frases del tipo “vos que todavía lo tenés andá y decile lo mucho que lo querés”… uno no anda por la vida diciendo las cosas por miedo a que sea la última vez que los ve… es natural que así sea. Pero creo que es importante siempre llegar a ver las cosas buenas, en los momentos difíciles… una muerte súbita, un acostarse y no despertarse más, un accidente, una muerte repentina, no permite darte cuenta de esta instancia, no permite decir, no permite acomodar… el dolor, la bronca, los imprevistos, los desordenes, el tener que definir todo en pocas horas, todo todo se !

mezcla y pasa en simultáneo… estas enfermedades que te van apagando de a poco son dolorosas, se transitan con angustia, pero permiten que todo sea más ordenado… te da la posibilidad de ir ordenando (tanto para el que se va, como para los que nos quedamos)… y eso hay que saberlo aprovechar.

También aprendí que uno tiene que estar tranquilo… que el “quedarse al lado de uno” no siempre suma… y que uno tiene que ser respetuoso del ser querido (y amado) y mostrarle que está tranquilo… que no se desespera… que lo inevitable no angustia… eso ayuda a tranquilizar a la otra persona y a hacerle su camino más llevadero… con mucha más paz y tranquilidad. Nadie se quiere ir viendo que a su alrededor todo es angustia y desesperación.

Una vez más me doy cuenta que la gente a veces es maravillosa… y acá van algunos concejos para los que le toca escuchar y acompañar de afuera… “ah… tiene cancer, y cuantos años tiene??? Uhhh! Es muy joven!” si… gracias! Ya lo sabía desde antes que me lo dijeras… que me lo recuerdes no suma para nada… otra: “che… y vos como estas?”.. que respuesta esperan?? Si uno no acompaña distinto en función de cómo está el otro… acompaña y punto, hace falta preguntar??… tampoco faltan los que aparecen con sus problemas y en medio de todo esto, te cuentan lo mal que la esta pasando jose, pedro o juan… perdón, pero poco me importa justo ahora, en el velatorio, lo mal que la pasan los demas… y una más! Si ves que la persona que supuestamente debería estar sufriendo, esta bien y te recibe con buena cara y tranquilo, sé un poco consecuente y cambiá la tuya!!! Entre todos tenemos que hacer que las cosas sean amenas!!

Volviendo a las cosas que siento y aprendí en este tiempo…. Aprendí que alguien no es pobre porque le toca transitar una enfermedad… y menos cuando está rodeado de tanto amor… Aprendí lo importante que es la familia y lo bueno que está sentirte orgulloso de ella…

Me hubiera gustado tenerlo más tiempo??? Que me viera casarme, formar una familia, seguir creciendo juntos??? Sin dudas… pero tampoco despotrico por esto, porque siento que lo que viví fue muy lindo… y también está bien así… todo lo que pudimos y estuvo a nuestro alcance lo hicimos y me quedan un sinfín de recuerdos y momentos… éstos me llenan por dentro y me hacen sentir que así también estuvo bien…

Tipo de pocas palabras… de mirada penetrante… persona que la vida se había encargado de marcarlo a fuego por diversos frentes… simple, noble… un poco cabrón, pero inmensamente generoso y bondadoso… franco, transparente… respetuoso, caballero… quizás, de las cosas que más le rescato es su palabra y su laburo… mi viejo me enseñó el valor de la palabra, de tener una conducta acorde a tus ideales y tus principios y no salir de allí, de saber acompañar, de saber hablar y saber escuchar… de saber que el respeto no se merece, sino se gana… y es un trabajo de toda la vida… que la dignidad no tiene un precio y que nunca el fin justifica los medios… que son tus principios los que te tienen que guiar en la vida, muy a pesar de lo que puedan pensar los otros… los amigos y enemigos que puedas ganar. Me enseñó el valor del trabajo… de levantarse cada día y salir a laburar, sano, enfermo, con dolores o sin ellos… que la vida se gana laburando… que las convicciones no se negocian…

Tuve la suerte de compartir un montón de cosas fuertes y tuve la suerte de verlo irse, de ser un hombre de bien hasta su último minuto… Si me preguntan, siento que fue un final lindo, porque más allá de la enfermedad, supimos y tuvimos la valentía de asumir las cosas como eran y disfrutar como se podía, lo poco que quedaba…

Por eso empecé estas líneas diciendo que hoy la emoción me desgarra el pecho… es emocionante, pero no angustiante… la angustia hace mucho que paso y lo que queda, naturalmente es fuerte, pero no duele… emociona…

Siento que me hizo crecer y madurar hasta su último día… enseñándome y educándome hasta con la mirada, cuando ya las fuerzas no lo dejaban hablar.

“Es un buen tipo mi viejo…” dice la canción… vaya si lo era…

Cuando era chiquito me cantabas una de Spinetta que siempre me emociona al escucharla… y cuando te vi en la cama descansando con una expresión de paz y tranquilidad y con una sonrisa en tu cara, me acordé de esta parte… “Se ríe el niño dormido, quizás se sienta gorrión esta vez… jugueteando inquieto en los jardines de un lugar, que jamás despierto encontrará…Que nadie, nadie, despierte al niño... déjenlo que siga soñando felicidad…”.

Que nadie te despierte viejo… ya es hora de descansar… ya es hora de mirar desde arriba todo lo que generaste junto a mami.

Nobleza obliga viejo querido… descansá tranquilo que acá quedarán todos bien cuidados y en orden… buen viaje y hasta pronto!

Alfonso Aguilar

DNI: 31659167