La comunidad católica local despide a la Hermana Lidia

La religiosa perteneció a la comunidad de las Hermanas de la Virgen Niña hasta febrero de este año. Días atrás falleció en Buenos Aires a los 92 años.
24/08/2020
La comunidad católica local despide a la Hermana Lidia
La comunidad católica local despide a la Hermana Lidia

Adios Hna. Lidia
Ella formó parte de la comunidad de las Hermanas de la Virgen Niña en Villa La Angostura hasta febrero de este año.

“Pasó haciendo el bien” es un epitafio que va con la personalidad de la Hna. Lidia, caminadora entusiasta y siempre lista para atender las necesidades de las familias de la localidad.

Estaba ya jubilada de su labor docente cuando regresó a este pueblo en su última estadía. Ejerció su profesión como maestra de artes plásticas en las escuelas de la Asociación Cultural Virgen Niña en otros lugares del país.



Su vocación religiosa nació en su adolescencia, como alumna del colegio de las Hermanas en Florencia, provincia de Santa Fe. Pertenecía a una familia humilde con muchos hermanos y hermanas. Era lindo escuchar sus cuentos sobre su vida en el campo, cuando ayudaba a su mamá a mantener tibio el amasijo o iba con su hermano pequeño a cuidar los animales. Sus recuerdos iban siempre acompañados de una sonrisa y un dejo de ternura.

Se dejó cautivar por el carisma de Santa Bartolomea Capitanio y Vicenta Gerosa, dos mujeres italianas que concibieron un instituto religioso “todo fundado en la caridad”, invitando a las jóvenes a consagrarse a amar desinteresadamente desde la propia vivencia de ser amadas por Jesús, practicando las obras de misericordia en unión con Él.

Su naturaleza bondadosa y su carácter alegre se enriquecieron al abrazar la vida religiosa. Quienes la conocimos en sus últimos años, aquí en este pueblo, recordaremos siempre esos ojos celestes límpidos por donde se asomaba la mirada amorosa de Dios. Acompañarla a visitar a un enfermo era un privilegio. Su llegada era siempre bienvenida, con su sencillez habitual iba saludando y congregando a la familia, animándoles a compartir la vida con preguntas simples y valientes. En algún momento especial ella invitaba a rezar en comunidad y ponía en el centro a Jesús Eucaristía. Siempre tenía la palabra justa y el gesto necesario cuando se acercaba a dar la comunión al enfermo, acto en el cual, de alguna manera, toda la familia se había involucrado. Y qué decir cuando le tocaba oficiar un responso porque el sacerdote no llegaba; sus oraciones eran un consuelo afectuoso y un bálsamo para la familia.

En febrero de este año se trasladó a Buenos Aires, a la casa que las hermanas tienen para las más ancianas. Tenía 92 años y a veces se perdía un poco. La comunidad parroquial le hizo una sentida despedida. Hoy la despedimos nuevamente con la tristeza de no volver a verla y con la alegría de que se ha cumplido para ella el sueño de toda su vida: encontrarse con Dios en un eterno abrazo de amor.